¿A qué jugamos?. Juego cooperativo en la clase de 3 años

Afortunadamente, en la sociedad actual, los niños y las niñas de tres años pueden disfrutar de largos periodos de juego libre. Los adultos hemos entendido que, para los pequeños, jugar es su «trabajo», su actividad principal. Tanto en los centros escolares como por parte de las familias, se prioriza el juego como actividad motora en el desarrollo infantil, ofreciendo tiempos y materiales de calidad, adecuados para el desarrollo integral de los menores.

La industria del juguete se ha desarrollado enormemente, llegando a especializarse en diversos campos relacionados con las edades de los jugadores y las actividades que favorecer. Son innumerables los materiales que nos ofrecen y, aunque es difícil conocer el mercado en profundidad, la sociedad destina mucho tiempo y dinero a realizar una cuidada elección de juguetes y material didáctico que ofrecer a los pequeños.

Gran número de instituciones –como Unes­co– y expertos del ámbito educativo –Freud, Piaget, Vygotsky– han centrado su trabajo en analizar cómo juegan los niños y niñas, así como qué papel debe desempeñar el adulto para acompañarlos de la manera más adecuada. Los estudios derivados de estas observaciones indican que hay muchas maneras de desarrollar el juego, según la edad, los intereses y habilidades de los niños. Aun así existe una tendencia a priorizar, en la medida de lo posible, el juego libre en espacios exteriores y con materiales no estructurados. La defensa de esta idea está basada en los beneficios que estas decisiones pueden reportar a los jugadores. Elegir qué quieren hacer los hace más autónomos e independientes (Bruch­ner, 2017), e incentiva su creatividad innata. El adulto se encargará de facilitar el juego, ofreciendo espacios, materiales y tiempos adecuados.

Pero hoy nos gustaría centrarnos en otros tipos de juego: los primeros juegos cooperativos.

Teniendo en cuenta el momento evolutivo, eminentemente egocéntrico, de los niños y las niñas de 3 años, podemos entender que el juego de ayuda y cooperación no sea su primera elección. Contamos con ello. Nuestro objetivo no es monopolizar la actividad infantil, centrándonos únicamente en este tipo de dinámicas, sino que los niños y niñas conozcan también el juego en equipo y que tengan oportunidad de participar esporádicamente de la sensación de formar parte de un grupo y conseguir objetivos comunes.

Pero ¿por qué juego cooperativo?

Según el Instituto Nacional de Estadística (ine, 2014), los núcleos familiares son cada vez más numerosos pero más pequeños. El número medio de miembros del hogar ha disminuido considerablemente durante los últimos cuarenta años, y sigue creciendo el número de hogares de una o dos personas y decreciendo los de tres y cuatro personas. De este modo, el 16,4 % del total de hogares en el Estado son del tipo de pareja con un hijo; el 15,3 %, con dos hijos, y el 3,2 %, de pareja con tres o más hijos.

Estos datos nos ayudan a comprender que una gran mayoría de niños y niñas de nuestros centros escolares son hijos únicos o a lo sumo comparten el hogar con un hermano o hermana. Teniendo en cuenta este contexto, la escuela lleva a cabo una labor fundamental de socialización y desarrollo social. Pero estimular la socialización no es la única razón para integrar el juego de ayuda y colaboración entre nuestras dinámicas. La mayoría de juegos cooperativos ayudan a desarrollar la capacidad de comunicación y una escucha activa, así como entender e interpretar la realidad. Nos ayudan a autorregular las emociones, la actitud y el pensamiento.

Por otro lado, nos divertimos, aprendemos a jugar y ganar o perder todos juntos. La clave es incidir en la importancia del grupo y en lo bueno que cada uno puede aportar al mismo. Todos somos esenciales para conseguir el objetivo. Esta experiencia nos ayuda a entender que lo importante no es competir sino colaborar. Participar del tiempo de juego común y compartir un mismo objetivo uniendo nuestras habilidades nos ayuda en la cohesión del grupo.

En términos generales, las dinámicas de los juegos de ayuda y cooperación tienen efectos positivos en distintas variables del desarrollo, como pueden ser el desarrollo de una conducta prosocial adecuada y de una conciencia social. Durante el juego, tenemos oportunidad de tomar decisiones, establecer normas, solucionar conflictos, llegar a acuerdos…

¿Cómo jugamos y qué juegos elegimos?

A continuación vamos a presentar tres opciones de juego a partir de 3 años. Aunque la mayoría de los juegos pueden plantearse para un uso individual, realizando algunos cambios también podemos usarlos de manera cooperativa en grupo grande o pequeño. El objetivo de todos ellos será conseguir entre todos los participantes el mejor resultado posible.

Little cooperation (Djeco) 3-5 años: Cua­tro animales polares están aislados en una isla de hielo. Dispo­ne­mos de un puente para cruzar hasta un lugar seguro, pero el puente va rompiéndose poco a poco. Con la ayuda de todos debemos acercarlos al iglú antes de que el puente se rompa.

Mi primer frutal (Haba) 3-5 años: Ate­so­ramos cuatro árboles llenos de frutos. El cuervo se acerca y quiere comerse la fruta. Trabajando en equipo debemos recolectar la fruta de los árboles antes de que el cuervo se la coma.

Castle logix (Smartgames) 3-8 años: El fin de este juego de agudeza visual y lógica espacial es construir el castillo con piezas de madera, decoradas con vistosos colores. Todos aportamos para superar los 48 retos diferentes que proponen.

Estas son algunas de las opciones que podemos elegir, pero no son las únicas. Tiendas especializadas, grupos educativos y el intercambio de experiencias con otros compañeros nos pueden ayudar a confeccionar un listado de recursos, que podemos ir rotando según las necesidades del momento. A la hora de elegir, debemos priorizar siempre los materiales de calidad, atractivos y con retos diferentes, para que los niños y las niñas conozcan nuevas maneras de jugar, cooperar y superar retos de manera conjunta. En definitiva, seguir disfrutando del juego, pero en compañía y con un objetivo común.

Mónica Calvo, Consejo de redacción
de
Infancia en Euskadi

Bibliografía
Bruchner, Philip (2017). Bosqueescuela. Guía para la educación infantil al aire libre. Cullera, Ediciones Rodeno, 2017.
INE (2014).
España en cifras. Recuperado de http://www.ine.es/prodyser/espa_cifras/2014/files/assets/basic-html/index.html#1.
Wertsch, James V.
Vygotsky y la formación social de la mente. Barcelona, Paidós, 1988.

 

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