Qué vemos, cómo lo contamos. Los tubos de Noah Juego autónomo: aprendizajes con valor excepcional

«El niño pequeño necesita sobre todo ver que se le ofrecen posibilidades de actividad, de tal manera que tenga los medios de participar en ella o de quedarse al margen haciendo otra cosa; que en medio de las condiciones ofrecidas tenga la posibilidad de actuar (respetando las reglas «sociales»), haciendo lo que desea y mientras tenga ganas. […] Sin prescribir, sin proponer, sin ni tan solo sugerirle el objetivo o el fin de la actividad.»
Anna Tardos.

Ya desde que era un bebé, Noah se sintió especialmente atraído por unos tubos cilíndricos (bobinas de hilo de un taller textil) que una mamá nos había traído a la escuela. Siempre que ahí estaban él dirigía su mirada hacia ellos y todo su cuerpo se estiraba para que sus deditos llegaran a alcanzarlos. Los asía con sus manos, los chupaba, deslizaba las yemas de los dedos por la superficie estriada, los giraba una y otra vez.

Nada más que fue capaz de desplazarse reptando ofrecían para él una especial fascinación cuando, fruto de su acción sobre ellos (empujándolos, lanzándolos), se movían y seguía con la mirada las órbitas características que describían.

Ahora, con dos años cumplidos, siguen siendo uno de sus materiales de exploración y juego preferidos. Es él quien nos demanda el cestito donde se guardan cuando le apetece jugar con ellos y no se encuentran a su alcance. Su destreza para ensartarlos bien en sus deditos, bien entre ellos o combinándolos con otros objetos es prodigiosa. Su fantasía creadora no tiene límites. Y, sobremanera, su deleite mientras los hace suyos cual prolongación de su propio cuerpo es contagioso. Últimamente acompaña este juego con una cancioncilla en inglés que le canta su tía y que hace referencia a los dedos de la mano.

Entre nosotras comentamos: ¿qué haría Noah sin sus tubos? Obviamente para esta pregunta no tenemos respuesta, pero sí que nos ha dado para reflexionar acerca de nuestro papel en relación con la actividad autónoma de las criaturas, teniendo muy presente que cuando juegan solas en contacto con su entorno y sin nadie que interfiera aprenden algo con un valor excepcional.

Así, consideramos primordial darnos un tiempo para la observación que nos permite conocer a cada uno de los niños y de las niñas (nivel de desarrollo, gustos, preferencias, necesidades básicas…); preparar el espacio (diversidad de propuestas); respetar sus tiempos (limitando los tiempos de espera, favoreciendo que vivan «el aquí y el ahora»…); disponer de materiales adecuados y suficientes (colocando a su alcance aquellos que consideramos para jugar en cada momento); decidir la cantidad y la calidad de los objetos que les presentamos (el cuidado de observar con qué juegan y qué les gusta para tenerlo en cuenta a la hora de hacer la siguiente propuesta les indica que «soy tenido en cuenta»); colocar y recolocar, reorganizar y reordenar los objetos de manera que vuelvan a ser atractivos para volver a jugar con ellos ya que les gusta el orden.

Braulia del Coz y Altagracia Álvarez Alonso, Educadoras E. E. I. La Serena de Gijón. Principado de Asturias.

 

Bibliografía
Tardos, A. «Las actividades dirigidas», en Falk, J. Lóczy, educación infantil. Barcelona: Octaedro/Rosa Sensat, 2ª edición, 2010.

David, M., y G. Appel. Lóczy, una insólita atención personal. Barce­lo­na: Octaedro/Rosa Sensat, 2010.

Curso básico: El juego libre, la actividad autónoma. Del 3 al 7 de diciembre de 2018. Fundación Lóczy por los Niños. Budapest.

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