Políticas públicas para la primera infancia y su potencial impacto positivo sobre el desarrollo sostenible: el caso del think tank de la Academia de la Primera Infancia de Estrasburgo, Francia

Gillian Cante, presidente de Le Furet i responsable del proyecto de la Academia de la Primera Infancia, octubre 2018.


Pocos cuestionan hoy la importancia del cambio climático y el impacto que tendrá en las futuras generaciones. El último informe de 2018 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (GIECC) de las Naciones Unidas sobre el cambio climático destaca la necesidad urgente de modificar radicalmente nuestra percepción del medio ambiente y el uso que hacemos de los recursos. Sin embargo, a pesar de estos avisos, el tema de la sostenibilidad es nebuloso y difícil de abordar, porque requiere cambios profundos de nuestras conductas y nuestra manera de entender la relación que tenemos con el medio ambiente e, inevitablemente, con nosotros mismos. Situar la sostenibilidad como una prioridad en la educación infantil podría ser un factor importante para realizar los cambios necesarios para garantizar la salud y el bienestar de las generaciones futuras. En este debate, la naturaleza y los niños y niñas resultan elementos clave.

Todos los niños tienen derecho a un entorno limpio, un derecho que defienden la Organización Mundial de la Salud (1946), que declara que “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” y que “El desarrollo saludable del niño es de importancia fundamental; la capacidad de vivir en armonía en un mundo que cambia constantemente es indispensable para este desarrollo”; la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas (1989), que reconoce el derecho del niño “al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud”; la Estrategia del Consejo de Europa en la Convención de Sofía (2016-2021) y el Preámbulo del Acuerdo de París COP21 (2015), que reconocen que el cambio climático es una preocupación común de la humanidad y que hay que tomar acciones a todos los niveles para abordar el cambio climático, el respeto por los derechos humanos, el derecho a la salud y a la igualdad. En Francia y en otros países europeos están surgiendo iniciativas para defender los derechos de los niños a disfrutar de un entorno seguro y saludable. Más que nunca, los argumentos actuales se centran en los impactos negativos para la salud de criar niños “desconectados” de la naturaleza y del mundo natural. El aumento de enfermedades endocrinas como el asma o la diabetes, el incremento de trastornos de salud mental y de malformaciones físicas entre los niños y niñas pequeños más vulnerables son motivo de alarma.

Pero incluso a pesar de esta preocupación creciente, los esfuerzos por cambiar conceptos fuertemente arraigados sobre la salud infantil, la seguridad y la higiene, topan a menudo con obstáculos. En las últimas décadas las políticas sobre la atención a la primera infancia se han centrado básicamente en la higiene con el fin de crear entornos limpios, seguros e incluso estériles para el desarrollo de los niños. Tendemos así a obviar hablar de la naturaleza, de los ciclos naturales, del entorno exterior cuando formamos a profesionales de la atención infantil o implementamos políticas. Hemos expulsado el mundo exterior muy lejos de donde permitimos que los niños exploren por miedo a la suciedad y los riesgos de insalubridad que se encuentran en la naturaleza. Como resultado, no solo hemos ignorado los beneficios de las imperfecciones de la naturaleza y sus efectos positivos en la salud y en el desarrollo del niño, sino que también hemos alejado a los niños y niñas del mundo natural haciendo que les resulte más difícil entender cómo pueden vivir en él de un modo sostenible.

Afrontar estos retos y reunir a los distintos actores para influir y provocar cambios es parte de la misión de una pequeña organización francesa, la Academia de la Primera Infancia.

La Academia de la Primera Infancia

En la Academia de la Primera Infancia de Estrasburgo un grupo de ciudadanos, educadores y ONG que trabajan con la infancia se han reunido para situar la cuestión de la primera infancia en el debate público a todos los niveles, vinculando la calidad del medio ambiente directamente al bienestar de los niños. Como dice un viejo adagio africano, “es necesaria una tribu para educar a un niño”. La Academia crea oportunidades de encuentro para profesionales y ciudadanos diversos y activos: educadores, investigadores, profesionales de la salud y paramédicos, así como responsables políticos tanto del ámbito local como regional. La sostenibilidad solo se puede abordar de manera efectiva si todos los agentes implicados en la primera infancia trabajan juntos.

La asociación inicia grupos colaborativos para que se encuentre e identifiquen los temas principales que están en juego en relación con la primera infancia.

El objetivo es conseguir reunir a tantos responsables de la toma de decisiones como sea posible para compartir sus experiencias, preocupaciones y buenas prácticas, y también sus deseos sobre qué tipo de futuro quieren para los niños y niñas.

Inspirados en las obras de Jean Frederic Oberlin, un pastor francés de finales del siglo XVIII y principios del XIX, la Academia cree que el contacto directo con la naturaleza, la implicación de los adultos y la exposición regular de los niños al mundo exterior tienen un impacto potente y profundo en la generación más joven y el modo como percibe su lugar en el medio ambiente. ¿Cómo se puede enseñar a un niño a amar y cuidar lo que no conoce?

Aunque el público sea reducido, los debates y eventos abiertos son medios para difundir la importancia de las acciones de los adultos y de las políticas que implantan. Cuando un médico y un educador infantil se sientan a la misma mesa que un político y un director de formación de educadores de infantil, los debates se vuelven vivos y apasionados. Emergen ideas nuevas e interrogantes que incitan a una reflexión más profunda.

Siete áreas centrales para el desarrollo sostenible y la primera infancia

© Christophe Urban

Como en la mayoría de países de Europa, las instituciones de atención a la infancia están financiadas y reguladas o por el Ministerio de Sanidad o por el Ministerio de Educación. Están sujetas a las directrices que establecen los gobiernos para garantizar una atención de calidad, con igualdad de oportunidades en las distintas comunidades. El hecho de que la atención infantil sea una cuestión importante del ámbito público comporta que existan oportunidades reales para promover prácticas de desarrollo sostenible. Pero, ¿cómo vinculamos el desarrollo sostenible con la primera infancia? La respuesta es: poco a poco, de manera sistemática y bien meditada.

La cuestión del desarrollo sostenible es amplia y engloba temas importantes, desde la salud y el bienestar a la gestión, la higiene y la gestión de residuos. En los últimos tres años, la Academia de la Primera Infancia ha abordado la cuestión del desarrollo sostenible en siete áreas centrales:

Salud – Plantear cuestiones referentes al aumentos de sustancias que alteran el sistema endocrino en el entorno y su impacto negativo en la salud infantil; abordar la calidad del aire, la composición química de numerosos productos de higiene usados en los centros de atención infantil, así como la composición de juguetes y materiales. La salud en general de los niños ligada al entorno físico y la consciencia de la importancia de cómo se mueven los niños; cuestiones somáticas.

Nutrición – Iniciar el debate sobre cómo vemos la comida y cómo alimentamos a los niños, dándoles información sobre el origen de lo que comen; la calidad, valor nutricional de los alimentos. Cómo cocinar con los niños y darles el placer de comer alimentos locales de temporada. Los impactos económicos positivos para la gestión de las estructuras de atención cuando se prepara y se sirve la comida. Inspirar a las familias para cocinar en casa platos tradicionales. Apoyar iniciativas que muestran cómo los niños disfrutan participando en la preparación de las comidas, desde plantar y recoger a cocinar y degustar.

Pedagogías de la naturaleza – Destacar la importancia del juego al aire libre; cómo trabajar con las autoridades y los equipos para animar a salir con los niños y los bebés; cuestiones de seguridad y beneficios de permitir la exploración libre de los niños y niñas. El impacto del movimiento y la salud general; estudios sobre actividades físicas adaptadas y capacidades cognitivas y motrices. La naturaleza como una importante maestra de empatía y compasión.


© Christophe Urban
 

Sobreexposición a las pantallas – Cuestionar los peligros relacionados con la exposición y la sobreexposición a las pantallas entre los niños pequeños; desarrollo neurológico del cerebro infantil y la importancia de ofrecer actividades sensoriales variadas y regulares; valores sociales, falta de estudios y preocupación pública.

Arte – Compartir prácticas sobre la naturaleza como fuente de emoción, inspiración, despertar y maravilla para el niño pequeño; la importancia del arte en el desarrollo del niño y la niña; ¿cómo acompañar al niño en su creatividad artística y su percepción artística? Materiales naturales fuente de inspiración: tierra, madera, hojas, agua; observar las expresiones artísticas de la infancia.

 


© Christophe Urban


© Christophe Urban

 

Urbanización – Debatir qué lugar damos a la infancia en la ciudad; su papel potencial como agentes en la creación de espacios públicos; armonía entre la necesidad de responder a una población urbana creciente y dejar espacio para la naturaleza; la importancia del exterior para crear vínculos sociales (en el niño); las necesidades sociales, urbanas y medioambientales específicas de la infancia; el lugar que otorgamos a la infancia en la ciudad y por qué es un factor clave en el debate del desarrollo sostenible.

Igualdad – Deconstruir desigualdades desde el nacimiento y el efecto negativo que producen; aumento de las desigualdades entre familias y su consciencia del bienestar del niño (salud, alimentación, zonas de juego…); costes relacionados con criar a los niños en entornos saludables. ¿Cómo situar a las familias y a los niños en el centro de las políticas públicas, especialmente en cuestiones relacionadas con la pobreza, la salud y el medio ambiente?

Con mesas redondas, trabajos colaborativos con responsables de políticas públicas, festivales en la calle y el primer festival de Europa de cine sobre Infancia y Naturaleza, la Academia continúa trabajando para concienciar y compartir buenas prácticas, convirtiendo el desarrollo sostenible y la primera infancia en un tema importante en cada mesa, grande o pequeña.


Gillian Cante es la fundadora del centro Giving Tree de Estrasburgo, Francia, un centro gestionado por padres y madres, y la responsable de Desarrollo Sostenible a la Academia de la Primera Infancia. Ha vivido en Canadá, Estados Unidos, Suiza y Francia, tiene dos hijos y ha trabajado en el campo de la primera infancia a lo largo de diez años por toda Europa. Es voluntaria y apoya acciones investigación que promueven la diversidad, la naturaleza y la primera infancia. Actualmente es la presidenta de la asociación Le Furet Petite Enfance.

 

Para más información: www.academiedelapetiteenfance.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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