Movimiento libre provocado por materiales. Fotografía cedida por@areadansa_barcelona[/caption] El juego y el arte apelan al pensamiento simbólico, personal, con distintas soluciones, y ofrecen la oportunidad de escoger, van en contra de la uniformidad, de la regla, de la norma establecida y de la única verdad. Pero aún encontramos propuestas uniformes en las que todos los niños y las niñas pintan con los colores escogidos por la maestra, en las hojas recortadas por la maestra, y que la maestra acabará colgando en el espacio que comparten. Vemos a continuación una propuesta abierta a la combinación y la construcción de cada uno a su manera.
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A partir de objetos encontrados en la estancia, cada uno hace su propio collageTaller El Triangle, Sant Cugat del Vallès [/caption] Educadoras, familiares, adultos de referencia Una criatura que ha tenido la oportunidad de enriquecer su quehacer con propuestas ricas, artísticas, por parte de los adultos que la rodean, va a tener más estrategias para sus juegos. Si tiene la suerte de tener a su alrededor un adulto que sea un buen narrador, estas narraciones van a despertar su imaginación; con una persona que baile, va a tener una pareja para coordinar sus movimientos; una maestra que cante va a enriquecer las melodías que luego esa criatura se invente… Las canciones, los cuentos, las narraciones, las poesías, los juegos de palabras van a acrecentar su vocabulario, su hablar expresivo, dando más oportunidades al goce y a la expresión. Pero para esto hay que recuperar la calma, el tiempo, la escucha, el silencio, el respeto. Nuestra sociedad cambia a un ritmo trepidante, pero las primeras infancias tienen el derecho a vivir sus primeros años como criaturas pequeñas, sensibles, con experiencias ricas para su goce y desarrollo, en espacios naturales, de calma, de interacción, donde cada uno encuentre sus tiempos, sus maneras. Las criaturas necesitan tener cerca un adulto que las escuche, que las sepa leer, que tenga herramientas de observación, que tenga la paciencia de dejar crecer a cada una a su ritmo, que les hable con una riqueza de vocabulario y una voz expresiva, que las invite al movimiento con propuestas adecuadas, que les cante mirándolas a los ojos, que pueda reír a su lado, que las acoja en el desasosiego, en la emoción, la alegría…
La educación debe ser sensible al mundo sonoro, visual, físico, natural, y prestar especial atención a las expresiones artísticas: la música, la poesía, la danza, el trazo, la plástica, el teatro…, se convierten en imprescindibles en unas edades en las que la sensibilidad y la expresividad configuraran las raíces de estas niñas y estos niños.
El impacto tecnológico
Además de este mundo cambiante social y políticamente, tenemos también el impacto de la tecnología desde el comienzo de la vida. Últimamente se habla del “chupete digital”: tabletas para dormir, comer, calmar un llanto, dibujar, jugar… Pero las tabletas y los teléfonos móviles desconectan a los niños de la realidad, los aíslan y los abocan a una experiencia solitaria que entorpece su libre desarrollo. ¿En la escuela podemos prescindir de las pantallas? Desde aquí levantamos un altavoz a favor de las experiencias naturales.
Con las tabletas y los teléfonos móviles los niños se aíslan, no interaccionan, son meros receptores, pierden la capacidad de expresarse que es el alma del arte.
La voz en vivo
Reivindicamos el uso de la voz y el cuerpo de los familiares, maestros o adultos que sean responsables. La voz en vivo, la voz que habla, que canta, que balbucea, que tararea, que interacciona, que se siente seducida por las intervenciones de los niños. La voz que responde.
Así, se provoca el movimiento natural y libre de cada niño, que se desplaza por espacios abiertos, invitado a superar obstáculos que le darán autonomía y seguridad en sus posibilidades. Unos movimientos que se convertirán en ritmo y sonoridad mediante el modelo de los adultos que también se mueven, bailan, proponen, y que saben aprovechar las manifestaciones de los niños para seguir proponiendo nuevos hallazgos.
Además, se promueve la vivencia en un entorno sin ruido, donde se puedan apreciar los sonidos que configuran los paisajes sonoros naturales en los que viven los niños. Desde entornos silenciosos se afina la escucha, existe espacio para sus intervenciones y se promueve un estado de bienestar.
Para perseguir estos propósitos, necesitamos maestras convencidas de que la etapa infantil se vive a ras del suelo, a la altura de los ojos de niño; en entornos naturales, al aire libre, en estancias no sobrecargadas; con propuestas adecuadas a sus necesidades, que les proporcionen un vocabulario rico y sugerente; y haciendo uso de mimos, poemas, juegos de regazo y juegos cantados. En definitiva, hay que permitir que los niños disfruten del juego, el movimiento y la canción.
Entender y prevenir el futuro es quizá una tarea imposible, vivamos, pues, el presente sin prisas.
Es necesario seguir con formaciones continuadas para que los equipos docentes puedan adquirir herramientas que se ajusten a cada centro, con sus particularidades, y a las necesidades surgidas de un futuro que va tan rápido, que ya es ahora.
Reina Capdevila, docente en el área de pedagogía musical de la URL (Barcelona) y miembro del Consejo de Redacción de España de la revista Infancia latinoamericana