Tornar Revista
Autor Soledad López, Eva Sargatal
La relación se dará siempre que haya contacto con el otro. A partir del descubrimiento de las personas de nuestro entorno podremos interesarnos por ellas e ir estableciendo contactos.

Aran tiene 5 meses y se interesa mucho por los otros. Pasa largos ratos observándolos y ya no necesita ningún otro juego si se siente acompañada. Disfruta con la mirada: atenta, se queda inmóvil para no perderse ningún detalle de lo que pueda percibir. En la escuela infantil ponemos a los niños y las niñas en relación con los otros, ya sea en el espacio propio o, en momentos puntuales, con niños de otras edades.

Grau e Isona tienen 10 meses y se desplazan por la estancia disfrutando del movimiento. Son gemelos, cosa que implica, creemos, que ya están muy acostumbrados al otro y desarrollan, cada día más, juegos conjuntos de manera espontánea.

Como adultos que observamos, nos cuesta a veces poner palabras a lo que vemos, puesto que nunca podremos saber si es realmente lo que hacía o no el niño. Pero nuestra observación nunca puede ser objetiva. Disfrutamos viendo cada detalle, cada movimiento que hacen y cómo interaccionan unos con otros. Nuestra interpretación parte de la emoción y lleva implícitos los sentimientos que nos genera cada situación concreta de relación.

Mientras Aran está estirada en el colchón, Isona se le acerca con mucho cuidado, le sonríe y me mira, como explicándome que la quiere saludar. Percibo que sus movimientos son lentos, como si me dijera «ya tengo cuidado, sé que es pequeña». La toca suavemente y Aran le contesta con una risa sonora. Notamos un contacto de complicidad y nosotras –las dos maestras que en ese momento estamos en la estancia– no podemos evitar mirarnos silenciosamente y sonreír.

Isona se desplaza hacia un lateral, donde la espera su hermano subido a la rampa del cambiador. Isona le empieza a hablar mientras le toca las manos por entre las barandillas. Grau contesta con una sonrisa e Isona continúa un juego con él diciéndole: «¡Cucú!». Grau suelta una carcajada. Repiten este juego del cucú varias veces mientras se van agachando apoyados a la barandilla.

Disfrutan –y disfrutamos– de este juego de relación, de intercambio, de hacer y de esperar, de sonrisas, miradas, caricias..., y todo bajo la mirada atenta de Aran, inmóvil al máximo. Isona va más allá e implica a Aran en su juego con Grau: se esconde en el cambiador y espía a Aran mientras le grita: «¡Cucú!». Nosotras nos emocionamos, no podemos evitar hacer interpretaciones.

Isona quiere hacer un juego a tres bandas. No lo sabemos con seguridad, pero sí que podemos decir que sus miradas, sus palabras, el tono de su cuerpo y las sonrisas nos denotan momentos de relación y sobre todo momentos de placer. ¡Un placer que nosotras también necesitamos explicar, a pesar de que nunca sabremos si lo que explicamos es cierto!  

Soledad López y Eva Sargatal son maestras de la escuela infantil Petits Pescallunes de Sant Feliu de Pallerols (Girona)

 

   

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