Escuela 3-6. Bailar con trapecios e improvisar en el aire

«¿Qué es improvisar?», pregunto a mis alumnos. Trabajo en una escuela de teatro y danza en la que subo a los trapecios a niños y niñas de todas las edades para invitarlos a danzar en el aire. De forma espontánea responden cosas como «Hacer algo sin pensar», «Hacer lo que uno quiere», «Improvisar es algo así como tiempo libre».

Los chicos «improvisan» respuestas genuinas y muy válidas para el trabajo que vamos a emprender. Es curioso ver cómo las respuestas de los niños y de las niñas pueden ser mucho mejores que las que ofrece el propio diccionario, que define improvisar como hacer algo de pronto, sin estudio y sin preparación. Imaginemos una clase en la que sugiero a los niños que representen a través del movimiento sus ideas sobre lo que es improvisar. Nos daremos cuenta de que la gama de posibilidades es tan amplia que los chicos se bloquean y no saben qué hacer. Nues­tra labor como profesores es crear unas pautas y estructurar la sesión, a la vez que ofrecer herramientas para que las ideas se conviertan en hechos.

Los que se dedican al mundo de la danza contemporánea saben que la improvisación debe ser estudiada y preparada como cualquier otra técnica de movimiento. Por eso hasta las clases de los más pequeños necesitan unos parámetros para explorar. Se puede comparar con una situación en la que fuésemos a jugar y no tuviésemos ninguna propuesta o referencia del juego que queremos practicar.

Los ejemplos narrados en este artículo son de una clase que se llama «Bailando con trapecios», que es una de las opciones de clases de movimiento que ofrece el Marsh Youth Theater de San Francisco (California). En el estudio hay ocho trapecios giratorios y cada uno cuelga de un solo punto, lo cual permite el vuelo en todas direcciones. Están a la altura justa para poder tocar el suelo con los pies y así usarlo como punto de apoyo. A pesar de que los trapecios están bajos, este trabajo de danza aérea requiere habilidad, fuerza, resistencia y técnica para sostenerse en movimiento mientras uno está colgado. Los estudiantes rápidamente valoran el esfuerzo físico que requiere bailar con los trapecios. Desde el primer día de clase combino técnica de trapecio y de improvisación. Durante el calentamiento introduzco conceptos espaciales y técnicos como el deslice, la fluidez, el impulso, la caída, el ascenso, el descenso y el trazado o recorrido de los movimientos. La última sección de cada clase se dedica a la improvisación, creando la oportunidad de practicar de forma libre los elementos y conceptos previamente introducidos. A medida que los niños y niñas van progresando, los conceptos se acumulan y las improvisaciones se van volviendo más sofisticadas. Por lo general, observo que, en las primeras improvisaciones, los niños tienden a perfeccionar la técnica, usando la repetición e imponiendo ideas preconcebidas.

Cuando trabajamos con aparatos suspendidos en el aire debemos tener en cuenta los efectos físicos que conlleva bailar mientras uno está volando, columpiándose o girando. Trato de que los niños y las niñas no se resistan a esos efectos y que los acepten como fuente de impulso y fluidez. Todos disfrutan flotando y moviéndose suspendidos en el aire con un buen tono corporal.

Me encanta organizar la clase centrándola en un tema en concreto. Una de las últimas propuestas, inspirada por la reciente sequía que estamos viviendo en California, ha sido explorar la idea del agua, que nos dio un buen cauce para nuestro viaje creativo. Comenzamos con una idea muy simple: ¡Todos estamos de acuerdo que hay que cantar para que llueva! Y, por supuesto, así lo hicimos. En el calentamiento diario cantamos canciones de lluvia y agua, y exploramos sonidos vocales y de percusión corporal, y buscamos efectos que nos recordaran a las olas, la lluvia o la tormenta. Preparar a los niños con este paisaje sonoro los inspira y los ayuda a concentrarse. Pero, ¿cómo podemos convertirnos en agua cuando estamos colgados de los trapecios? Los chicos y las chicas tuvieron varias sugerencias: podemos bailar como el mar, un río, la tormenta, la lluvia, una nube, las gotas de agua o, ¿por qué no?, ¡como el agua de la ducha! Por separado y por grupos, con y sin trapecios, empezamos a improvisar las diferentes formas y estados del agua, e intercalamos las fases de exploración con los momentos en los que ayudo a los estudiantes a observarse entre ellos. Estos momentos reflexivos y estas discusiones ayudan a introducir el lenguaje de los elementos de la danza. Enseguida noto cómo los niños y las niñas empiezan a ver más allá de la virtuosidad del vuelo y de una posición de equilibrio en el trapecio. Además, se independizan de la repetición, están atentos a los matices y tonos corporales que surgen en la improvisación y dejan de usar clichés e ideas preconcebidas. A medida que los niños avanzan en la adquisición de la técnica de trapecio y la improvisación, se muestran más fieles a las ideas e impulsos propios. Muestran cuerpos que piensan. En este momento tomo nota de sus ideas, imágenes, historias y sueños para preparar la siguiente propuesta.

En mi clase, la improvisación no está limitada únicamente al trabajo con los trapecios. En la sala donde trabajamos hay un piano, y una niña de seis años me pidió si podía hacer una tormenta tocando el instrumento. Al preguntarle si sabía tocar, me dijo que no. Pero quería intentar hacer sonidos de tormenta. A pesar de no tocar exactamente como un pianista convencional, su música improvisada nos inspiró a todos a bailar en los trapecios con paraguas. Gran parte de este material lo utilizamos para crear nuestra performance de fin de curso.

A menudo pregunto a mis chicos y chicas qué sienten mientras improvisan. Lina, después de una improvisación basada en gotas de agua, me respondió que se había sentido como una gota de agua deslizándose en el aterciopelado pétalo de una rosa. Le pedí si podía mostrar esa imagen al grupo. Le puse una música suave y Lina nos obsequió con la delicadeza de sus movimientos. Unos decían que observando a Lina bailando en los trapecios vieron una medusa flotando por el mar o un hada volando por el agua.

Estas imágenes y expresiones de los niños demuestran que la inteligencia solo reside en la mente y es un efecto suyo, sino que también existe la inteligencia física y kinestésica. Los cuerpos de los niños y las niñas son capaces de pensar, solo hay que darles la oportunidad. ¡Invitémoslos a volar!

Maica Folch, profesora en MYT (Marsh Youth Theater) de danza y de teatro.

Imágenes de Brooke Auchincloss

 

 

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