Escula 0-3. El lenguaje y la comunicación están entre nosotros. Una experiencia de reflexión en la Escuela Infantil Reggio de Madrid

La voz acaricia,

la mirada conecta,

la emoción modula

y el cuerpo dispone.

Conscientes de la impor­tancia de variables como relación y comunicación, en la Escuela Infantil Reg­gio de 0-3 en Madrid desarrollamos un trabajo de investigación en clase para valorar más detalladamente el papel de la comunicación y sus diferentes elementos en la relación que se construye con los niños y las niñas. En este sentido, analizamos el papel que tienen en la comunicación la palabra, la mirada, la emoción y el cuerpo, tomando conciencia del uso que realizamos de los mismos en el día a día del grupo y sus consecuencias en el desarrollo de los niños y las niñas.

Como algo fundamental en el camino hacia una educación de calidad, nuestro punto de partida fue la reflexión acerca de los diversos factores que promueven en la escuela entornos seguros física y emocionalmente. En este punto, decidimos que la comunicación es un aspecto clave y nos adentramos a profundizar sobre la misma, parándonos a reflexionar no solo sobre la palabra, sino sobre todos los elementos que entran en juego en la comunicación. Porque no es importante solo lo que decimos con la palabra, sino que, además, es importante saber si lo que se dice con la palabra es acompañado adecuadamente con la mirada, el cuerpo o la emoción. ¿Qué uso hacemos de estos elementos?

En las escuelas estamos acostumbrados a evaluar la comunicación y el lenguaje, siempre centrándonos en los niños y las niñas, viendo si se cumplen o no ciertos indicadores, pero, ¿qué pasa si cambiamos el foco? ¿Qué pasa si nos evaluamos los profesionales? En este sentido, es muy relevante analizar e investigar qué espacios de intercambio afectivo y comunicativo promovemos. A continuación, se exponen las reflexiones que nos ayudaron a analizar dichos aspectos en la Escuela Infantil Reggio.

La palabra

¿Qué uso hacemos de la palabra en clase? ¿Qué tono, qué vocabulario, qué volumen? ¿Llena­mos demasiado con las palabras? ¿Qué papel tiene el silencio?

Es importante reflexionar sobre el uso que se realiza de la palabra en las clases, y desmenuzar qué transmitimos con el lenguaje no solo en el contenido, sino en la forma. A veces ocurre que no hay concordancia entre lo que se dice y cómo se dice. El uso que hacemos del tono y del volumen son aspectos importantes a valorar.

También debemos pensar sobre el uso excesivo e invasivo que podemos llegar a hacer de la palabra. Muchas veces intentamos contar y llenar demasiado, y en muchas ocasiones cortamos la acción. Es importante anticipar, sí. Es importante poner palabras a las vivencias de los niños y las niñas, sí. Pero quizás de un modo más ajustado.

Es fundamental cuestionarse el sentido de las palabras que utilizamos en los diferentes contextos. No podemos olvidar que nuestro principal papel es el de acompañar a la infancia en sus procesos, y un lenguaje excesivo puede terminar por romper esos procesos. En este sentido, el silencio ocupa un lugar muy interesante en las clases, dando lugar y protagonismo a otros procesos que muchas veces se ocultan con la palabra. En ocasiones es importante estar en silencio para ejercitar la escucha, que es un elemento indispensable en la comunicación.

El cuerpo

¿Transmitimos con el cuerpo sostén, apoyo y disponibilidad? ¿Nos ponemos al nivel de niños y niñas? ¿Existe coherencia entre el cuerpo y la palabra?

La disposición de nuestro cuerpo ante los niños dice mucho no solo del valor que le damos a la comunicación de calidad, sino también sobre la relación que estamos construyendo con ellos. Aspectos como ponerse a la altura, de frente, sostener de un modo seguro mostrando disponibilidad, son elementos sobre los que es importante reflexionar. El contacto visual se convierte en un elemento clave de respeto y escucha hacia la infancia.

El niño tiene cien lenguajes, pero el educador también tiene cien maneras de comunicarse. ¿Qué no cuentan los niños y las niñas con su cuerpo? ¿Qué les contamos nosotros a ellos con el nuestro?

La emoción

¿Cómo influye nuestro estado de ánimo? ¿Somos conscientes de la influencia que tiene la emoción en la comunicación y en la relación?

Es importante también tomar conciencia sobre el papel de la emoción en la comunicación, la influencia que tiene el estado de ánimo del educador y de qué modo se debe transmitir a niños y niñas. No podemos transmitir tranquilidad cuando nosotros no estamos tranquilos. ¿Somos conscientes del papel que tiene nuestro estado de ánimo en clase?

A veces de forma inconsciente y dejándonos llevar por nuestra emoción, hacemos intervenciones que responden más a la necesidad del adulto, en vez de a la de los niños. Tomar conciencia de ello y cuidar el qué se traslada en esos momentos es un punto de reflexión de gran importancia.

La mirada

¿Utilizamos miradas conscientes? ¿Qué efecto tiene nuestra mirada en los niños y las niñas?

En último lugar, es fundamental el papel que tiene la mirada. La mirada también es una fuente increíble de sostén. Cómo miramos y si aportamos seguridad con esa mirada es un aspecto esencial a tener en cuenta.

Para tomar conciencia y reflexionar sobre el uso que hacemos de los anteriores elementos, nos ayudó guardar silencio en diferentes rutinas de clase: comida, descanso, cambio de pañal, juego libre… Así pudimos ver realmente todo lo que hay detrás de la comunicación de lo que habitualmente utilizamos de manera inconsciente.

Este fue un ejercicio que nos hizo comprender que muchas veces acompañamos desde la eficacia y la mecanización, y dejamos de tomar conciencia de la importancia de una mirada, de un buen sostén o del sentido de las palabras que utilizamos.

Por lo tanto, es importante comprender que a través del juego que hacemos entre palabra, cuerpo, mirada y emoción podemos construir relaciones de mayor calidad, que den valor al otro. Los niños se sentirán valorados y seguros en la medida que hagamos un uso consciente y ajustado de los anteriores elementos. Acompañemos con respeto, con escucha, con tiempo. Sin acelerar, sin apresurar, esperando que llegue su momento. No les invadamos. Aceptemos que a veces no están preparados para un ritmo tan rápido, parémonos con ellos y ellas, escuchémoslos. Así irán sintiendo seguridad. Qué alivio cuando descubrimos que podemos guiarlos sin invadirlos, que podemos acompañarlos sin imponerles. Esa es la verdadera manera de hacer que crezcan.

Beatriz Ituero de la Escuela Infantil Reggio de Madrid.

 

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