Escuela 3-6. Espacios

En general los espacios escolares nos ofrecen infinidad de posibilidades a realizar, desde las estrictamente espaciales hasta las relacionales. Hay que transformar los espacios para convertirlos en generadores de nuevas situaciones de relación, cooperación y participación, integrarlos en la vida cotidiana de la clase como parte de nuestra dinámica, para que dejen de ser meros espacios de paso. En definitiva, transformar el espacio para transformar la educación.


Cuando hablamos de espacios en el cole, casi siempre centramos nuestra atención en los habitualmente ya establecidos: las clases, cada una de ellas con su función o multifunción, y en los espacios existentes dentro de ellas. Pero existen una serie de espacios, generalmente de paso o no, a los que la escuela no ha asignado una función concreta, y que en la mayoría de los casos han pasado desapercibidos.

Hace algún tiempo, nos dimos cuenta de lo imprescindible que se había vuelto el Rincón de Cartón en nuestra clase, a la vez que irremediablemente gigantesco. Por ello tuvimos que buscarle un lugar más apropiado, en el que, como apuntaron niños y niñas, «tengamos más sitio para construir cosas grandes». Así pues, lo trasladamos al pasillo.

Encajando las cajas a los laterales y ocupando el espacio necesario, ¡nos dimos cuenta de cuán limitada había estado nuestra creatividad! ¡Cuántas posibilidades nos ofrecía el espacio!

Comenzó a ser un rincón más de clase, dinámico, vivo, en el que se generaban momentos de cooperación, interacción, autonomía…, un espacio que invitaba a participar a otros amigos de las clases vecinas y que rápidamente originó otro rincón, bajo la escalera que sube a primaria, donde también podían «construir más cosas».

Este espacio, el del pasillo, comenzó a ser habitado, transformado en lugar de encuentro, de relación, de sosiego, de experimentación… y el Rincón de Cartón dio paso a los cuentos, las construcciones, a una larguísima vía de tren y un gran puzle. Los juguetes y materiales poco a poco han ido encontrando un lugar, según los momentos que se han ido generando.

En este lugar, también, se organiza gran parte de la ambientación del proyecto que se esté llevando a cabo, e invita a la imaginación y a trasladarse a cualquier lugar, como puede ser el océano, el universo, el valle de los dinosaurios, etcétera.

Nuestra dinámica de trabajo conlleva la realización de un taller diario y, como nos pasó con el Rincón del Cartón, la calle se nos quedó pequeña… Ellos y ellas lo tuvieron muy claro: ¡al pasillo con los trastos!.

La rutina nos dio la organización, y así colocamos un armario para facilitarnos las cosas. Pero el habitarlo nos ha proporcionado algo mucho más importante, que es el cuidado y mantenimiento del mismo entre todos. Mantenemos las perchas de los abrigos bien ordenadas… «que si no no hay sitio, y tenemos que colgarlo todo antes de pintar». Así, puede verse a cualquier niño o niña recogiendo las cosas del suelo, sean o no de su percha, recolocando las cajas, hasta conseguir un encaje ordenado y simétrico a la vista.

Fuimos ocupando espacio, a la vez que descubriendo todo lo que nos aportaba esa ocupación: organización, relación, consenso… ¡vida!.

Así es como el pasillo ha pasado de ser una zona de paso a un espacio habitado y dinámico, en el que cada día surgen nuevas situaciones que favorecen la convivencia de los tres grupos clase.

Pero no solo el pasillo nos ofrece infinidad de posibilidades: la reforma del baño nos originó un gran espacio de paredes blancas en las que nuestras obras de arte han encontrado su lugar de exposición, propiciando conversaciones sobre la técnica, el color, la forma, la interpretación de esta…, como el interés y motivación por la producción del mismo.

Situándonos ya en el espacio exterior, tenemos que detenernos en otro lugar de paso, como es el camino que nos lleva a uno de nuestros espacios más preciados: ¡Zoma!

Es un camino delimitado por un enorme muro de valla de color azul, que hemos transformado en un gran panel de arte al aire libre. Decidimos no establecer un diseño fijo para permitirnos el placer de utilizarlo de forma habitual, cosa que nos permite transformar el camino en un paseo agradable, que invita a la necesidad de cambio una vez que nos hemos acostumbrado a ello, proponiendo nuevas sesiones de pintar, imaginando y planificando la próxima intervención.

Además, las sesiones se convierten en una invitación inmediata a cualquier persona, niño o adulto, que pasa en ese momento y no puede evitar participar. Por ejemplo, propiciando conversaciones en las que se habla de arte relacionado con el espacio y su cuidado, así como ver la «necesidad de participar para transformar».

Y como espacio por excelencia contamos con un pequeño bosque al que vamos cada día como lugar de recreo y demás eventos. Es un lugar donde tenemos el privilegio de convivir de forma directa con la naturaleza, que, como señala Heide Freire, «nos brinda la posibilidad de desarrollar de forma natural la psicomotricidad, las habilidades y la capacidad de resolver problemas, potenciando la imaginación, la creatividad y la capacidad de maravillarse, así como el fomento de la sociabilidad».

Respecto al «fomento de la sociabilidad», cabe destacar el gran beneficio que ha supuesto pasar de un espacio estructurado –arenero en Infantil y pistas de fútbol en Primaria–, en el que las «normas de género» predeterminaban las relaciones a establecer, a un espacio libre de roles a seguir, en el que las relaciones se establecen por intereses y curiosidades que tienen que ver con la naturaleza –insectos, trepar a los árboles, aventuras sin fin, excavaciones, etcétera– y no con estereotipos de género a seguir.

Espacios habitados y no habitantes en un espacio. Habitados para transmitir, para proponer, facilitar, invitar a participar, cooperar, aprender, convivir… En definitiva, ¡vivir!

Entonces… ¿podríamos hablar de transformar el espacio escolar para transformar la educación?

CEIP Núñez de Arenas, Madrid

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