Escuela 0-3. La huella de la coeducación

Por desgracia las conductas sexistas todavía siguen muy presentes. Su prevención debe incluir la coeducación desde el regazo. Nuestra gran responsabilidad es permitir que niñas y niños sean quienes quieran ser, respetando y apreciando esas diferencias individuales, sin desigualdades que condicionen su identidad.

El valor de la comunicación no verbal en el acompañamiento
Quienes trabajamos en la primera etapa de infantil hemos aprendido el valor de una mirada. Ante la ausencia de lenguaje en estos primeros años, la comunicación fluye a través de un sinfín de intercambios basados en códigos no verbales que van dando paso a un conocimiento mutuo y del entorno. Así, dentro del contexto que brinda la escuela, se encuentra por un lado nuestra mirada: un reflejo de ideas y creencias sobre la infancia que nos lleva a interpretar de un determinado modo sus necesidades, gustos, emociones, intentos, logros…, y actuar en consecuencia. De otro, la mirada de niñas y niños, quienes con sus grandes y curiosos ojos nos expresan su yo interior. Surge una situación en la que la persona observadora es a su vez observada.

En nuestra cotidianidad, olvidamos la importancia de este sistema de comunicación y el potencial que ofrece, puesto que es la base de la educación en esta etapa; no es solo lo que se dice, es lo que se hace y se siente. Desde que entramos en la escuela, comienza a funcionar el aprendizaje vicario del que tanto nos habla Albert Bandura. Nos convertimos en referentes gracias a los vínculos que se van construyendo, lo que implica que todo lo que hacemos educa. Puede que las múltiples actividades programadas tengan un peso relativo frente a las pequeñas situaciones que surgen en el proceso de convivencia. Las verdaderas huellas no se plasman en un mural, sino en la mente. Y es de esta convivencia que surge la educación en valores. Queremos contribuir a formar personas respetuosas, tolerantes, solidarias, cooperativas… pero para ello necesitamos una intervención consciente, y es aquí donde la coeducación nos ofrece los pilares en los que sustentar nuestras acciones.

La coeducación en los primeros años
Pero, ¿qué es la coeducación?, ¿tenemos que coeducar en 0-3? La última pregunta tiene una respuesta simple y concisa: debemos. Si buscamos un entorno de no discriminación, de igualdad de oportunidades y derechos, respeto y aceptación, debemos coeducar. La coeducación es más que una práctica educativa, es el reflejo de la historia de lucha feminista en los diferentes ámbitos sociales, es una forma de ver la sociedad y sus relaciones. Mediante las intervenciones coeducativas se persigue la igualdad real de las personas, sin que el sexo sea un condicionante, para que cada persona pueda construir su identidad sin los límites que imponen los papeles tradicionalmente asignados a mujeres y hombres.

La sociedad sigue rigiéndose por principios jerárquicos que fomentan la desigualdad, y el sexismo es un ejemplo de ello. La escuela infantil como entorno social, inmersa y relacionada con otros sistemas, no está exenta de prejuicios, estereotipos y conductas sexistas. Desde los primeros años, incluso antes de nacer, se aprecia una socialización diferencial que otorga unos roles, valores y comportamientos en función del sexo, y que se va filtrando en la mente de niños y niñas como una gota de agua en la tierra. De forma automática, esos mensajes diferenciados se van reproduciendo en la escuela y, si sabes qué y cómo observar (que no es tarea fácil), apreciarás cómo los niños y las niñas van mostrando comportamientos que recrean esta estructura social, actuando conforme a cómo la sociedad espera que se comporten efecto Pigmalión.

Veamos un simple ejemplo que puede ocurrir un día cualquiera en una escuela infantil. La madre de Miriam la trae a la escuela. Con prisas la deja en la entrada ya que, a pesar de su reducción de jornada, no tiene tiempo para despedirse con calma de su hija. Sara, la tutora, comienza la asamblea mientras Roberto, el educador de apoyo, organiza la sala de psicomotricidad. Vemos que Jorge está muy inquieto, es posible que se aburra y necesite «desfogarse». Julia también está inquieta, quizá necesite un abrazo y descansar. En psicomotricidad los niños gritan más, ocupan el centro de la sala y muestran gran expresividad motriz. Las niñas prefieren los laterales, y realizan juegos más simbólicos en un tono más bajo. Parece que Alba está enferma y llamamos a su madre para transmitirle esta información. En clase disfrutamos de los rincones: las niñas juegan en la cocinita, recreando situaciones domésticas y de cuidado hacia los muñecos; los niños, mientras, usan los carricoches para hacer carreras o se van al rincón de construcciones. En el patio Aroa y Silvia se dan un abrazo: «¡Qué bien, cuánto os queréis!». Alberto y Diego también se abrazan: «¡Vale, suficiente, que os podéis hacer daño si os caéis!» Es la hora de comer, la cocinera nos trae la comida, mientras algunos hombres entran para arreglar una ventana estropeada. Nos preparamos para la salida: elogiamos y reparamos más en el aspecto y belleza de las niñas («Qué uñas te ha pintado mamá», «Qué bonitos tus zapatos de corazones», «Qué guapa estás así peinada»…). Hoy ha venido papá a buscar a Pedro, le contamos cuánto ha jugado; a la mamá de Lucas le comentamos lo que ha comido y descansado…

Como vemos, realmente son muchas las situaciones en las que los mensajes que transmitimos llegan directa o indirectamente a los niños y niñas, y a medida que crecen van reproduciendo esos mismos mensajes. Este trato diferencial va generando una desigualdad que consolida la discriminación sexista hacia las mujeres.

Por tanto, tenemos la obligación ética y pedagógica de poner nuestro empeño para contribuir a una transformación social en la que la igualdad deje de parecer una utopía. Necesitamos pasar a la acción para corregir las desigualdades del medio. Entonces, ¿cómo trabajar la coeducación en 0-3? Lo primero que debemos tener en cuenta, como siempre, es la etapa del desarrollo en la que nos encontramos. Debemos adoptar un enfoque positivo basado en una socialización preventiva en la que reflexionemos sobre el peso que ejercen los modelos de feminidad y masculinidad trasmitidos, desarrollando actuaciones igualitarias. Los proyectos basados en la reflexión y la crítica no son adecuados para este periodo, dado el momento evolutivo de niños y niñas, sus intereses y necesidades. Ha de ser el modelaje, lo que prime por encima de todo, reparando no solo en lo que decimos, sino en lo que trasmitimos como personas, como equipo, como centro, como sociedad…

Dentro de esa socialización preventiva que tratamos de fomentar, son muchos los componentes que deben ser analizados; por ejemplo:

  • La educación afectivo-sexual de esta primera etapa.
  • Las relaciones que surgen dentro de la escuela y con otras personas que participan directa o indirectamente.
  • La gestión de emociones y conflictos.
  • El uso de un lenguaje inclusivo que visibilice a todas las personas por igual.
  • Los materiales empleados, incluyendo los cuentos y juguetes.
  • Los tipos de juego en los que van participando.
  • El uso de los espacios interiores y exteriores, especialmente el patio.

Familias y escuela con metas en común

Mención especial merece la relación con las familias, que son el principal microsistema de aprendizaje y socialización para niñas y niños, y por ello es necesaria la corresponsabilidad en materia de coeducación. La escuela infantil puede brindarse como recurso desde el cual gestionar una toma de conciencia de valores igualitarios y respetuosos, haciendo uso de las múltiples formas de participación. Para ello es necesario establecer previamente una relación de confianza, donde podamos hablar sin miedo y atender a las necesidades de cada familia. Esta corresponsabilidad ha de ser continuada en el tiempo: podemos organizar charlas-debate o talleres sobre el sexismo y la coeducación a lo largo del curso; fomentar su participación en celebraciones y proyectos relacionados que motiven su interés; compartir material, como guías o similares, para ampliar conocimiento; dar a conocer su implicación a través de actividades compartidas con otros recursos de la zona, etc. Aunque lo más trascendental, al igual que ocurre con los niños y las niñas, es de nuevo el ejemplo que demos como escuela. No hay pautas generales, pues cada equipo, en función de su contexto, debe analizar qué tipo de mensajes llegan a las familias y si estos tienen un enfoque de igualdad o, por el contrario, perpetúan una visión machista de la realidad de niños y niñas.

La persona que coeduca
Todo lo mencionado es sin duda un trabajo necesario que ha de implicar al equipo escolar en conjunto, y que ha de ser, por supuesto, paulatino. Pequeñas acciones en esta dirección hoy serán grandes cambios mañana. Pero lo realmente importante nace de cada persona individual: es imprescindible creer en aquello que hacemos, educar nuestra mente en igualdad para coeducar en clase.

  1. Adquirir formación para tener una visión crítica y con conocimiento de aquello que vamos a observar.
  2. Reflexionar sobre nuestra práctica diaria, indagando sobre las situaciones en las que adoptamos una estrategia sexista.
  3. Deconstruir, a pesar de la incomodidad que esto genera, la desigualdad con la que actuamos.
  4. Y construir de nuevo, con una mirada igualitaria, viendo la potencialidad de cada persona, sin convertir el sexo en una situación de desventaja.

Porque la huella de la coeducación debe plasmarse primero en nuestra persona. Ofrecemos solo aquello que tenemos. Cualquier práctica metodológica ha de estar integrada con nuestro punto de vista personal: solo así disfrutaremos de nuestro trabajo y reflejaremos ese goce en las criaturas. Coeduquemos desde el corazón; no por imposición, por convicción.

«Qué maravilloso es que nadie tenga que esperar un solo momento para empezar a mejorar el mundo.»

Anne Frank

Joana Lenza Pérez, educadora infantil en 0-3, Asturias.

 

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