Infancia y salud. El exceso de peso en niños. Un problema de salud con estrategias y responsabilidades compartidas

La obesidad es un problema de salud pública, tanto por el volumen de población afectada como por su relación con la aparición o agravación de otros problemas de salud crónicos. El exceso de peso infantil tiene repercusiones médicas y psicológicas durante la misma niñez.

La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial, que puede iniciarse durante la infancia o la adolescencia, y que tiene como origen una interacción genética y ambiental. A escala poblacional, el aumento de la prevalencia es el resultado de cambios en la alimentación y la actividad física que afectan el balance entre ingesta y gasto energético, que, a su vez, están influidos por los determinantes sociales; por eso las zonas más desfavorecidas socialmente y económicamente tienen índices más elevados (la prevalencia de obesidad infantil presenta un fuerte gradiente social, pasando del 5,1 % en la clase social alta al 15,5 % en la clase social más baja).

Así pues, los determinantes que influyen en la aparición de la obesidad no solo se encuentran en el ámbito individual –estilos de vida–, sino también en el ámbito familiar, escolar o de trabajo, en el entorno comunitario o municipal, y tienen una gran influencia los factores políticos y sociales, que afectan a escala local, nacional e internacional. Así, hay que resaltar el impacto global de los mercados y la globalización, la exposición de los niños a alimentos no saludables, la presión de la publicidad, la influencia de los precios en la elección de alimentos, los entretenimientos digitales y el efecto que puede tener la legislación en todos estos aspectos.

Desde 1975 la prevalencia del exceso de peso se ha triplicado. Se estima que en el año 2016 había más de 41 millones de menores de cinco años con obesidad o sobrepeso en el mundo. En España, en concreto, los datos más recientes (Estudio Aladino, 2015) indican que el 41,3 % de la población de 6 a 9 años tiene exceso de peso, repartidos entre un 23,2 % de sobrepeso y un 18,1 % de obesidad.

¿El exceso de peso infantil es un problema de salud?
La obesidad es un problema de salud pública, tanto por el volumen de población afectada como por su relación con la aparición o agravación de otros problemas de salud crónicos: incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, de diabetes tipo 2, de determinados tipos de cáncer, de hipertensión arterial, de artrosis, etc., y ocasiona una disminución tanto de la calidad como de la esperanza vida de las personas afectadas. A pesar de que se da mucha importancia a la obesidad infantil por su relación con la obesidad del adulto (la obesidad infantil es un importante predictor de la obesidad en la vida adulta), hay que remarcar que el exceso de peso infantil tiene repercusiones médicas y psicológicas durante la misma niñez, que inciden en los procesos madurativos en el ámbito físico, psicológico y social.

Por eso, el consejo de alimentación adecuado desde la atención primaria –equipos de pediatría–, como también la promoción de unos estilos de vida saludables –alimentación, actividad física, etc.– en el ámbito comunitario, son herramientas promotoras de salud que hay que iniciar en los primeros estadios de la vida, e incluso antes. El estado nutricional de la madre antes y durante el embarazo es uno de los factores más directamente relacionados con la salud de la futura gestante y sus hijos. La alimentación durante los primeros años de vida del niño es, sin duda, un momento crucial, porque además de facilitar un buen estado nutricional, un crecimiento óptimo y prevenir determinadas enfermedades y trastornos, el proceso de aprendizaje de hábitos alimentarios saludables puede ayudar a consolidar un estilo de vida y de relación con la comida saludable, que se mantenga más allá de la infancia y la adolescencia.

Así, pues, por un lado la lactancia materna, por ejemplo, se ha demostrado como una herramienta eficaz para la prevención del exceso de peso, así como la limitación de la ingesta de proteína –carnes, sobre todo rojas y procesadas, postres lácteos, etc.– y de azúcares –bebidas azucaradas y zumos, galletas, cereales del desayuno, postres lácteos, etc.– durante el proceso de alimentación complementaria –y durante toda la infancia y adolescencia–, y el hecho de permitir la regulación de las cantidades de comida a los niños de acuerdo con su sensación de hambre y saciedad. Por otra parte, hay que recordar que la alimentación facilita espacios privilegiados para la comunicación y el intercambio, y las comidas tienen que ser, además de una fuente adecuada de alimentos, momentos de contacto, de relación y de afecto, y deberían potenciarse para convertirlos en oportunidades en las que estrechar los vínculos entre niños y adultos.

La prevención y el tratamiento del exceso de peso en niños no se basa en la restricción de ningún grupo de alimentos concreto, ni mucho menos en dietas hipocalóricas –con bajo contenido de energía– o en programas especiales e intensivos de deporte. El pilar de la prevención y también del tratamiento es el abordaje conductual para modificar los hábitos alimentarios y los patrones de actividad física, a fin de lograr un estilo de vida saludable y satisfactorio.

 

¿Cómo comen nuestros niños?
Según datos del estudio enalia (Encuesta Nacional de Alimentación en la Población Infan­til y Adolescente), desarrollado por la aecosan (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición) entre 2012 y 2015, el consumo de alimentos como por ejemplo las frutas y hortalizas, el pan, arroz o pasta (si son integrales), las legumbres y los frutos secos es inferior al recomendado. En la franja de 3 a 9 años, por ejemplo, el consumo medio diario de frutos secos es insignificante (no llega a los 0,5 g al día), la ingesta de legumbres –105 g a la semana– no llega al intervalo más bajo de las recomendaciones –2 raciones por semana–, y el de verduras es claramente deficiente y no llega a cubrir una de las dos raciones diarias recomendadas. La ingesta diaria de fruta se sitúa en una sola ración al día (la recomendación es de 2 a 3, como mínimo). En cambio, diariamente los niños españoles consumen 1 o 2 raciones de carne y derivados (la recomendación sería un máximo de 3-4 veces a la semana). Contra lo que se suele afirmar, el consumo de pescado es adecuado, y también el del grupo de los lácteos. Es elevado el consumo de bollería, cereales del desayuno, postres lácteos, chocolates, zumos y otras bebidas azucaradas.

A partir de este patrón de consumo se evidencian los puntos sobre los cuales hay que desarrollar el consejo alimentario en la población infantil y sus familias.

 

Alimentación y acompañamiento saludables
La mayoría de entidades y organismos dedicados a la promoción de la salud a través de la alimentación coinciden en las características globales que deberían tener las pautas alimentarias para fomentar la promoción y protección de la salud y prevenir trastornos causados por excesos, déficits y desequilibrios en la dieta: en general, los modelos alimentarios más saludables se caracterizan por un consumo mayoritario de alimentos de origen vegetal –en nuestro entorno, frutas, hortalizas, legumbres, pan, arroz y pasta integrales, patatas, frutos secos, aceite de oliva virgen–, que se acompaña de pequeñas porciones de pescado, carnes blancas, huevos y lácteos, frescos y mínimamente procesados, así como de agua como bebida principal.

En nuestro entorno, el patrón alimentario recomendado más habitual es el mediterráneo tradicional, y es considerado por la comunidad científica uno de los modelos alimentarios más saludables del mundo. Las características de la dieta mediterránea, a la cual se asocia un menor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, cáncer, obesidad, diabetes o enfermedades degenerativas, son las siguientes:

  • Abundancia de alimentos de origen vegetal –frutas, verduras, legumbres, pan, pasta, cuscús y arroz integrales, frutos secos…
  • Alimentos poco refinados y procesados, preferentemente frescos y estacionales.
  • Aceite de oliva –virgen– como principal fuente de grasa.
  • Fruta fresca como postres diarios.
  • Consumo moderado de pescado, aves, huevos y productos lácteos no azucarados (priorizando yogur y queso fresco y tierno).
  • Carne roja en muy pequeñas cantidades y con poca frecuencia.
  • De bebidas y alimentos azucarados y salados, cuantos menos mejor.

Pero el acto de comer, tal y como se indicaba al inicio de este artículo, además de ser un proceso nutritivo, tiene connotaciones importantes –satisfacción y placer, relaciones afectivas y espacio de comunicación familiar, identificación social, cultural y religiosa, etc.–, que, a la larga, configuran el comportamiento alimentario y que pueden repercutir en el estado de salud de la persona. La alimentación también es un proceso de adaptación y aprendizaje, y hay que tener en cuenta que los ritmos de los niños y las niñas no son los mismos que los de los adultos, ni tampoco son iguales entre los propios niños. Por eso, para que se genere una buena relación en torno a la comida, es imprescindible dedicarle paciencia y tiempo. Un ambiente relajado y cómodo, donde se eviten distracciones como la televisión y los teléfonos, facilita las buenas prácticas alimentarias, contribuye a la prevención de enfermedades y da la oportunidad de interacción social, aprendizaje y desarrollo cognitivo.

En este proceso de aprendizaje, los adultos tienen un papel crucial a la hora de determinar las preferencias y aversiones alimentarias, y en la prevención de futuros trastornos como el exceso de peso, puesto que las conductas alimentarias y la relación con la comida están fuertemente condicionadas por el contexto familiar. La clave es ofrecer una alimentación saludable a los niños y dar buen ejemplo, puesto que es mucho más fácil que los niños incorporen los hábitos alimentarios que observan y aceptan como naturales en sus familiares o en los referentes adultos en general.

El niño en el centro del proceso
En la adquisición de hábitos alimentarios saludables en general y en la prevención del exceso de peso infantil en particular es importante transmitir la trascendencia de participar en todo el proceso alimentario –la planificación, la adquisición, la conservación y la preparación–, animando a las familias a que entren en la cocina, pequeños y mayores, para preparar y cocinar lo que acaben consumiendo. Además de reducir la presencia de alimentos procesados, precocinados y menos frescos, cocinar otorga valor al acto alimentario y a la cultura gastronómica de nuestro entorno, a la vez que obliga a planificar la compra y los menús, de forma que se toma conciencia de la alimentación, y se acaba comiendo mejor y con un coste económico inferior. Pero compartir la comida con amigos, familiares, compañeros, etc., también contribuye, sin duda, a hacer de la alimentación un momento especialmente agradable.

Es habitual y normal que los niños rechacen algunos alimentos (en parte debido a la neofobia alimentaria, es decir, la resistencia a probar alimentos nuevos, desconocidos o poco familiares, característica de la especie e importante para su supervivencia). Una actitud receptiva y tolerante, con un acompañamiento respetuoso y sin confrontación, ayuda a que estos episodios sean transitorios. Así mismo, permitir y fomentar la participación en el proceso alimentario, comer todos juntos en la mesa y cuidar el momento de la comida –con tiempo suficiente, sin interrupciones, etc.– contribuye a que la ingesta sea adecuada y agradable.

La preocupación por las cantidades que comen o tienen que comer los niños comporta, a veces, que se lleven a cabo prácticas nada recomendables desde el punto de vista pedagógico –chantaje, coacción, presión…– ni nutricional –comer por encima de la sensación de hambre, fomentar el consumo de alimentos poco saludables, etc.–. Los adultos son los responsables de adquirir los alimentos que consumirá el niño y de decidir también cuándo, cómo y dónde se comerán, pero es el niño, en definitiva, quien decide si quiere o no quiere comer y qué cantidad, puesto que es capaz de autorregular la ingesta de acuerdo con sus necesidades (excepto en situaciones de enfermedad, donde serán convenientes las recomendaciones específicas del equipo de pediatría). Así, pues, partiendo de la base de que los alimentos que ofrecen los adultos son saludables, lo más aconsejable es permitir que el niño coma siguiendo su sensación de hambre y saciedad, para evitar, así, tener que insistir o forzar para que se termine el plato. Este es uno de los principales consejos que se tienen en consideración en las estrategias de prevención del sobrepeso y la obesidad desde la primera infancia.

 

Abordaje desde la salud pública
Los gobiernos tienen un papel esencial en la creación y promoción de entornos que faciliten que las personas sigan un estilo de vida saludable, actuando en los ámbitos político, comunitario, escolar y laboral, y también sensibilizando, informando y educando a la población sobre las elecciones saludables.

Para hacerlo, se requiere la actuación interdepartamental, intersectorial y la participación de profesionales de diferentes entornos que actúen coordinadamente. Para promover la salud a través de la actividad física y la alimentación saludable, el Ministerio de Sani­dad, Consumo y Bienestar Social puso en marcha la estrategia Naos (Nutrición, Acti­vi­dad Física y Prevención de la Obesidad), en consonancia con la estrategia sobre dieta, actividad física y salud de la oms. Esta estrategia, junto con otras lideradas por algunas comunidades autónomas, como el paas (Plan Inte­gral para la Promoción de la Salud a través de la Actividad Física y la Alimentación Salu­da­ble), de la Agencia de Salud Pública de Cata­luña (aspcat), quieren llegar a toda la población de acuerdo con sus necesidades, promueven la equidad y el aprovechamiento de los recursos ya existentes, y trabajan para capacitar a los profesionales y a las personas para generar entornos promotores de salud y para actuar sobre los determinantes de la salud.

He aquí la lista de recursos en el marco del paas para la promoción de la actividad física y la alimentación saludable en la etapa infantil:

  • Programa de revisión de menús escolares (preme)
  • Mejoramos los desayunos y meriendas de los niños
  • La alimentación saludable en la etapa escolar
  • Recomendaciones para mejorar la calidad de las programaciones de menús en la escuela
  • Comidas en familia: mucho más que alimentarse
  • Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia (de 0 a 3 años)
  • Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia de 0 a 3 años (tríptico)
  • Ejemplos de menús para la alimentación en la primera infancia (de 0 a 3 años)
  • Preguntas más frecuentes sobre la alimentación en la primera infancia (de 0 a 3 años)
  • Acompañar las comidas de los niños: consejos para come­dores escolares y para las familias
  • Comidas de fiambrera en los centros educativos. Reco­men­­dacio­nes para las familias
  • Recomendaciones para los menús de campus deportivos y actividades de verano
  • Fiestas divertidas y saludables. 10 consejos de alimentación para fiestas y celebraciones infantiles
  • Recomendaciones sobre máquinas expendedoras de alimentos y bebidas en los espacios para niños y jóvenes
  • Programa Comidas en Familia (Depar­ta­men­to de Trabajo, Asuntos Sociales y Familias)
  • Pirámide de la actividad física en la infancia y la adolescencia
  • 10 trucos para ser más activos para niños menores de 5 años
  • 10 trucos para ser más activos si tienes más de 5 años

 

En resumen, los 10 consejos básicos para prevenir el exceso de peso en niños son:

  1. La prevención empieza en el periodo prenatal, a través de un estilo de vida saludable y satisfactorio durante la gestación.
  2. La lactancia materna tiene un efecto preventivo. Es por esto que se recomienda el amamantamiento materno exclusivo durante los primeros seis meses y mantenerlo junto con la incorporación progresiva de nuevos alimentos hasta los 2 años o más, o bien hasta que entre la madre y el niño lo decidan.
  3. Es importante dar ejemplo. Los niños y las niñas aprenden de lo que hacen sus referentes, en el marco de la familia y del entorno más cercano. Hay que dar ejemplo siguiendo un estilo de vida saludable que garantice una adecuada disponibilidad alimentaria en casa, que incorpore la actividad física en la vida diaria (ir a pie o en bici, en transporte público, etc.) y que respete los horarios de sueño.
  4. Compartir las comidas con los niños, sin prisas y sin móviles ni otras pantallas, es una buena oportunidad para relacionarse y comunicarse con los hijos y, además, previene trastornos –entre ellos la obesidad– y conductas de riesgo. A medida que el niño adquiera más autonomía es bueno implicarlo en la compra, la elección y la preparación de la comida.
  5. Respetar la sensación de hambre expresada por el niño, a cualquier edad; conviene evitar forzar a comer si no se tiene hambre.
  6. La base de la alimentación saludable son los alimentos vegetales frescos y mínimamente procesados –frutas, verduras y hortalizas, legumbres, frutos secos, harinas integrales, aceite de oliva virgen–, y las carnes blancas, los pescados, los huevos y los lácteos se incluyen con menor frecuencia y cantidad.
  7. Cuanto menos, mejor: azúcar, miel, mermelada, chocolate y crema de cacao, flanes y postres lácteos azucarados, galletas, bollería, cereales de desayuno azucarados, zumos y bebidas azucaradas, embutidos y carnes procesadas, etc. Hay que evitar estos alimentos en la alimentación de cada día.
  8. Es imprescindible la promoción del juego y del ocio activo (60 minutos cada día, que se pueden acumular a partir de diferentes actividades y pueden hacerse en periodos cortos), y limitar al máximo la televisión, las consolas, las tabletas y los móviles. Los fines de semana son ideales para hacer actividad física familiar en la naturaleza.
  9. El pilar de la prevención y del tratamiento del exceso de peso infantil no es la restricción calórica –dietas–, sino que combina el cambio de hábitos alimentarios, el aumento de la actividad física, unas pautas de sueño adecuadas y la modificación de las conductas. Estas propuestas implican a toda la familia.
  10. Hay que evitar la estigmatización. Los niños tienen que saber y tienen que vivir que el exceso de peso –como cualquier otra característica de una persona– no tiene que ser nunca motivo de burlas o acoso. Todos somos diferentes y esto es una riqueza de la sociedad.

 

Maria Manera y Gemma Salvador, dietistas-nutricionistas de la Agencia
de Salud Pública de Cataluña.


Bibliografía
Agència de Salut Pública de Catalunya. Acom­pañar las comidas de los niños. Consejos para comedores escolares y para las familias.
Bar­celona: Agència de Salut Pública de Catalunya, 2016.

La alimentación saludable en la etapa escolar. Barcelona: Agència de Salut Pública de Catalunya, 2017.

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Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Encuesta Nacional de Alimentación en la Población Infantil y Adolescente (enalia), 2016. Disponible en: www.aecosan.msssi.gob.es/ aecosan/web/seguridad_alimentaria/subdetalle/enalia.htm

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www.who.int/en/news-room/fact-sheets/detail/ obesity-and-overweight

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http://salutpublica.gencat.cat/ca/ambits/promocio_salut/alimentacio_saludable/Publicacions/en-castella/

http://salutpublica.gencat.cat/web/.content/minisite/aspcat/promocio_salut/alimentacio_saludable/02Publicacions/pub_alim_inf/mantenir_pes_saluable_des_de_petits/gaudir_pes-saludable_des-de-petits.pdf

 

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