Escuela 0-3. Construyendo identidades. De la identidad personal a la identidad colectiva

Como muy bien dicen Arnaiz y Anglada, «Para ser quien somos tenemos que ser conscientes de nuestro relato hecho de muchos relatos, pero ligados entre sí en una gran novela, la nuestra, con la cual nos identificamos». Y como muy bien sabemos, los primeros años de vida son los cimientos de la construcción de la propia identidad.

En la definición de la propia identidad es esencial cuidar el sentido del propio «ser», la continuidad dentro del espacio-tiempo y el reconocimiento de los otros y a los otros. De esta manera hay que tener en cuenta la parte más personal, la cultura y los contextos donde habitamos y las relaciones en el ámbito comunitario. Muy conscientes de todas estas premisas, en nuestra escoleta observamos, valoramos e ideamos posibilidades que ayuden al acompañamiento de cada uno de los niños en sus relatos teniendo en cuenta que estos relatos han de ser escritos en clave comunitaria. Esto quiere decir que las personas adultas, los profesionales del centro junto con las familias, formamos parte de este relato y devenimos piezas claves en la construcción de esta narrativa: por nuestra presencia activa, nuestro vínculo de seguridad afectiva y nuestro compromiso de acompañar a los niños en la educación durante los tres primeros años de vida.

La escoleta también construye su identidad. A la vez, hace falta que el lugar que nos acoge y que habitamos tenga también una identidad propia marcada por un espacio, un tiempo y unas relaciones que nos han influido y que nos han brindado oportunidades de estar ahora donde estamos. Precedidas de muchas realidades y circunstancias que se han abierto especialmente a una mirada sensible hacia las diversidades sociales y las vulnerabilidades, y a una apuesta decidida y valiente hacia la búsqueda de un bienestar común, llegamos a lo que ahora somos. Un buen punto de partida ha sido dar relevancia al nombre de nuestro centro: la figura de Francesc de Borja Moll nos liga a la tierra y a la cultura, y nos identifica como parte de un pueblo. A la vez, nos ha permitido buscar otros vínculos más cercanos con los espacios que habitamos, y hemos relacionado lugares emblemáticos de nuestra ciudad con cada espacio de la escoleta, a los cuales hemos puesto nombre: las playas de Son Saura y la Vall, el puerto de Baixamar y el Passeig des Castell, la plaza de Ses Palmeres, la calle de Ses Voltes, el campo de Es Pinaret y de Sant Joan de Missa y el lugar de encuentro del Mercat de sa Plaça. Pero los espacios son vivos por la gente que los ha habitado y los habitamos, y es por eso que hemos vinculado cada uno de estos espacios a las personas que han formado parte fundamental de ellos y que hemos elaborado unos muñequitos de tela que representan a estas personas: los niños y sus juegos en la playa, representados por na Gibet y en Pericu; el pescador, en Felitus; el marinero, en Jaume; la policía, na Maria; la heladera, na Coloma; en Bep des Pinaret, y la oveja de Sant Joan de Missa. A la vez, hemos dejado este espacio grande de Plaça como espacio de vida en común donde compartimos pequeños juegos cotidianos: construcciones, juego sim­bó­lico, experimentación…; donde encontramos el tesoro de una biblioteca abierta, accesible y compartida; donde nos reunimos para los grandes acontecimientos, celebraciones, conciertos… A la vez, reivindicamos el Ágora, la plaza de la escoleta, como espacio de encuentro y crecimiento. Las escoletes son, en estos momentos, pequeñas ágoras donde los niños y niñas se hacen visibles como personas. Y la Plaça es el núcleo, como centro de vivencias, de formación, y sobre todo de participación en la vida pública.

Estos contextos de vida con nombre propio no existirían sin un alma. El alma de la escoleta es su espíritu de crecer, de ser comunidad, de dar cabida, de ser flexible y abierta, que queda representado en la entrada de la escuela con una gran espiral hecha de piedras decoradas, pulidas y con los nombres de los miembros de la familia de cada niño. Es el símbolo de lo que la hace ser viva y crecer: las personas que la habitamos y que nos relacionamos de manera abierta y flexible. Esta espiral nos identifica a todo el mundo y se ha convertido en el símbolo, el logotipo de nuestra escoleta.

Los muñequitos dan continuidad al dentro y fuera de la escuela. Al mismo tiempo, todos estos personajes que hemos descrito, cada uno con su nombre y su historia real, toman esta forma de muñequito de tela que de manera amorosa son motivo de juego y comunicación en casa y en la escuela. Porque queremos:

1. Hacer relato de comunidad, ya que las personas nos construimos inmersas en las relaciones con el otro. No se puede crecer sin la relación, sin los otros. De aquí que se tenga muy presentes a las personas, personas con personas, como base para el crecimiento.
2. Ofrecer estos personajes como sacados de los relatos de comunidad, de pueblo. ¿Cómo lo hacemos? Rindiendo homenaje al pueblo de Ciutadella y a las personas que han vivido y vivimos aquí. Y a la vez comprometiéndonos con las realidades que aquí se viven. Intentamos estar muy ligadas al pueblo y a su vida comunitaria: participando con la Cruz Roja en la recogida de materiales para los niños y niñas en situaciones de vulnerabilidad, en acontecimientos del Ayunta­miento que compartimos con las otras escoletes y con todo el pueblo, en el compromiso para la compra de productos de proximidad, celebrando fechas especiales como Sant Jordi o la Navidad con la gente mayor…
3. Hacer relato personal: los muñequitos que compartimos cada grupo y que periódicamente se llevan los niños a casa permiten construir el propio relato. El relato vivido al lado de un objeto vinculante acompaña y permite vivir muy de cerca las situaciones cotidianas en la escoleta: los buenos días, los juegos, las canciones, la comida, el dormir…, como identificación del personaje, que ayuda al niño a entender el propio yo y que le ayuda a la vez a crearlo y enriquecerlo. Acumu­lamos ejemplos preciosos de vivencias en casa que las familias describen dejándolo por escrito en la libreta que acompaña al personaje: «Maria se lo llevó de viaje a Palma», «lo cuidó todo el tiempo», «paseamos con él», «nos acompañó al restaurante», «Pere le mostraba las calles».
4. Hacer relato de convivencia: el relato que une la escoleta con la familia. Es llevarse una parte de la escuela a casa y devolverla a la escuela con una historia vivida fuera que puede ser contada con las propias palabras del niño, con lo que escribe la familia en un cuaderno que acompaña la mochila del muñequito, con algún objeto que ayuda a visualizar la narración y a compartirla con el resto del grupo y con los adultos de la escoleta.
5. Hacer relato comunitario: proponiendo historias que el personaje aporta a la escuela, con objetos que pertenecen al mundo del mar del pescador; con canciones y guitarra, o campo, huerto y plantas del maestro de Es Pinaret; con enseres, utensilios y recetas de la heladería; con vida de calle, de vehículos, que nos aporta la policía.
El proyecto justo acaba de empezar. Somos muy conscientes de que tenemos delante un proyecto que nos abre a múltiples oportunidades:

• Integrar las características y las funciones de los trabajos de cada personaje para conocer a través de ellos los oficios –pescador, marinero, policía…– con valores y calidades humanas destacables.
• Poner en valor el niño y la cultura de la infancia a través de los personajes representados por na Gibet y en Pericu.
• Crear narraciones comunitarias que redacten las familias y cualquier miembro de la comunidad educativa.
• Que cada muñequito represente alguna habilidad característica: canciones, instrumentos, cuentos, danzas…
• Elaborar documentación en forma de pósters que explique muchas de las vivencias de los muñequitos a lo largo del curso y hacerlo visible a toda la comunidad y también a los familiares de las personas a las cuales hacen referencia los personajes.
• Explicarlo a través de revistas y prensa local.

Son mil historias que no se acaban nunca y que siempre podemos estirar para que crezcan y enriquezcan nuestra vida, la vida en los primeros años en la escuela, y para que pongan la semilla para educar para un futuro de Paz.

Equipo educativo de la EI Francesc
de Borja Moll, Ciutadella, Menorca.

 

 

 

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