Qué vemos, cómo lo contamos. El afuera entra dentro

Hay un mirar que va hacia fuera, hay un escuchar que viene de fuera… En ese afuera que crea nuestra cotidianidad en la escuela, niños y niñas no dejan de estar abiertos y maravillados ante lo que en él acontece, ante lo que de él nos llega.

Ya sea mirando a través de la verja del patio, ya sea a través de los cristales de la ventana que muestran lo que al otro lado hay, o ya sea por los sonidos que entran a través de una ventana abierta…, niños y niñas están atentos, están despiertos a lo que con sus sentidos pueden percibir, sentir y disfrutar.

La máquina barredora que limpia las calles y el perrito que junto a su amo siempre nos saludan forman parte de lo cotidiano. Los ayudan a construir un mundo necesariamente predecible para poder sentir los espacios como propios, como seguros. Lo que ocurre fuera de las paredes de la escuela nos construye un ritmo en el día, un estribillo que cada día se espera.

También lo inesperado, lo que de repente ocurre. La lluvia que cae con fuerza, su sonido, ver tanta agua mojando los columpios, el viento que hace correr y danzar las secas hojas que ya se han soltado de los árboles, los gorriones que picotean en la ventana…, todo ello es algo extraordinario para unos ojos que todavía no tienen ni dos años de vida. El arcoíris que se asoma entre los árboles ya otoñales, las arañas de lluvia que frágilmente se desplazan por la pared del muro ante la atenta mirada de esos ojos que todo lo observan con asombro… El juego y el quehacer se abandonan. Ellos ya saben que para observar hay que «dejar de». Todas estas maravillas, y muchas más, conforman el afuera que entra dentro.

El sonido inesperado de un avión, de una máquina lejana, de unas sirenas que entran en el espacio de clase gritando con premura y prisa… Ante un suceso invisible, niños y niñas paran su movimiento, su hacer se detiene, durante apenas unos segundos permanecen quietos y concentrados para así escuchar mejor. Ya saben que su quietud es necesaria para una escucha atenta. En ese instante buscan la mirada del adulto, la mirada de los otros. Solo con la mirada y el gesto ya compartimos aquello que se está dando en ese preciso instante, aquello que ha captado nuestra atención a lo que fuera acontece. A veces es un instante, a veces ponemos palabras, otras no.

También hay un adentro que sale fuera, pero como se suele decir… esa es otra historia.

Lourdes Garijo, consejo de redacción de Infancia en Euskadi.

 

 

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