Editorial. La guerra hunde la infancia y la vida

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Cientos de miles de menores de edad están atrapados en conflictos armados como soldados, sufren a causa de la violencia sexual, los malos tratos y la explotación, son víctimas de restos explosivos de la guerra y de las minas antipersona o se ven forzados a desplazarse. Ahora la historia se sigue repitiendo más cerca, en Ucrania, pero en el mundo entero las guerras hunden a la infancia y siguen destrozando vidas.

Hace veinticinco años, Naciones Unidas dio a conocer el informe de la experta señora Graça Machel sobre El impacto de la guerra en los niños, pero vergonzosa y lamentablemente la situación sigue siendo horrible. En el documento, Machel instaba a la comunidad internacional a tomar medidas concretas para proteger a los niños y las niñas. Desde entonces, la onu ha verificado 266.000 casos de violaciones graves contra niños en más de treinta situaciones de conflicto en África, Asia, Oriente Medio y América Latina en los últimos dieciséis años. Esto incluye más de 104.100 muertos y mutilados, 93.000 reclutados, 25.700 secuestrados y otros 14.200 niños y niñas víctimas de violencia sexual. Estos son solo los casos que pueden verificarse a través del Mecanismo de Supervisión y Presentación de Informes de Naciones Unidas, establecido en 2005 para documentar sistemáticamente las violaciones de derechos más atroces contra los niños y las niñas en las zonas de conflicto. Las cifras reales seguro que son mucho más altas, sin lugar a dudas.

En 2020, la onu verificó que alrededor del 10 % de los casi 20.000 niños afectados fueron víctimas de, al menos, dos o más violaciones graves de sus derechos.

Es urgente protegerlos del impacto de la guerra, evitar que se produzcan violaciones de sus derechos; los reclutan para hacerlos soldados, se producen violaciones sexuales, tráfico de niños. ¡Todo esto es inaceptable!, por no hablar de las secuelas psicológicas que les quedarán de por vida.

Se hace urgente la protección de las personas más vulnerables. Y, por supuesto, es fundamental que los responsables de estas masacres rindan cuentas ante el mundo. La responsabilidad política no puede quedar impune.

Es intolerable que, aun con todos los acuerdos, pactos, convenciones y demás normas internacionales que se han firmado y ratificado, las personas más vulnerables queden expuestas a estas acciones inhumanas.

Mientras estas injusticias no se resuelven, nuestra función en estos momentos es continuar profundizando con los niños y las niñas en los valores propios de la solidaridad y la cooperación entre las personas, huyendo de los principios competitivos que hoy también están demasiado presentes en la educación, para intentar convertirla desde nuestra cotidianeidad en un arma de construcción masiva de humanidad.

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