Una experiencia en centros de educación infantil de Haití

Aurélie Ira

La escuela infantil Les Tout Petits d’Alsace de Estrasburgo, de la que he sido directora durante los últimos ocho años, acoge a ochenta niños entre los 2 y los 6 años de familias provenientes de todo el mundo. El centro pone mucho énfasis en el multilingüismo y las clases se dividen en cuatro grupos: francés, francés-inglés y dos grupos francoalemanes. El modelo educativo se inspira en varias pedagogías, adaptadas al desarrollo natural del niño, a las familias y a los aspectos multiculturales del centro. El descubrimiento de distintas culturas y lenguas, la apertura al mundo, la coeducación de los niños, el respeto por el ritmo y la individualidad de cada uno, aprender a respetar a quienes nos rodean, son la base de las enseñanzas cotidianas… Solemos referirnos a la escuela como un espacio donde “cultivamos” niños, los ayudamos a desarrollar raíces fuertes para que puedan convertirse en árboles grandes y bellos donde sea que se planten en el futuro.

Y en este marco de trabajo de una escuela infantil abierta y multicultural he participado durante los últimos años en una colaboración entre la ciudad de Estrasburgo, la autoridad regional francesa (GESCOD [i]) y la ciudad de Jacmel (Haití). Desde 2004, una de las principales áreas de esta colaboración se ha centrado específicamente en la primera infancia, con la ayuda de una organización haitiana privada que gestiona más de treinta centros de educación infantil en Jacmel, el SGCPJ. [ii]

 


Esta colaboración ha ido en aumento en las últimas décadas, desde la ayuda financiera para la construcción, la financiación de comidas, la oferta de intercambios entre educadores y directores de Haití y Estrasburgo, hasta la financiación de programas de voluntariado y formación. Dentro del marco de la continuidad de estas acciones, se me pidió que llevara a cabo una misión en Jacmel en octubre de 2017. El objetivo de la misión era compartir buenas prácticas con los equipos gestores y pedagógicos en Haití, y fortalecer las prácticas educativas centradas en la toma en consideración de las necesidades de los niños y niñas según su edad, adaptadas a su contexto local.

Con el fin de ofrecer una visión informada, con vistas a compartir, aprender y mejorar conjuntamente en beneficio del niño, confié en el propio conocimiento pedagógico del SGCPJ. Mi intención era trabajar con las prácticas y los materiales ya existentes en los centros para desarrollarlos y fortalecerlos.

Durante el tiempo que pasé en un total de ocho centros infantiles y escuelas, me sorprendió la complejidad de las condiciones de trabajo y de vida en Haití en general. Los centros acogen cuarenta y ocho niños de 2 y 5 años en cada estancia, supervisados por uno o dos profesionales, con muy poco material (pocas mesas, lápices, papel, juegos, etc.). Y todavía me sorprendió más el hecho de que, a pesar de un entorno exterior a menudo vasto y rico en vegetación, los profesionales no utilizaban materiales de la naturaleza ni salían al exterior en su día a día con los niños y niñas.

En Francia, por razones económicas y ecológicas, y gracias al desarrollo de la pedagogía de la naturaleza, muchos centros, incluyendo Les Tout Petits d’Alsace, intenta preparar proyectos y actividades relacionadas con la naturaleza.

Por ejemplo, en nuestra escuela, comemos alimentos de temporada orgánicos y locales. Trabajamos con los niños y niñas el reciclaje de los residuos, el cultivo de flores, hortalizas y plantas aromáticas, y la consciencia sobre el entorno. Utilizamos piezas de madera, piedras bonitas, ramas, hojas, etc. para jugar o como material para inspirarnos en las creaciones artísticas. Los niños practican la escritura en la arena con palos o con los dedos.

 

En Jacmel, a pesar de que la naturaleza rodea gratuitamente todos los centros escolares, no forma parte de la cotidianidad de los niños. A continuación comparto mis observaciones:

  • Las fiambreras de la comida de los niños están llenas de patatas fritas, pastas y zumos no naturales, mientras que alrededor crecen mangos, cocos y bananas por todas partes y pueden cogerse libremente.
  • El recreo se desarrolla dentro de la clase y, caso de que sea en el exterior, entonces suele ser dirigido. Los niños tienen pocas oportunidades de jugar libremente fuera ni de explorar solos las maravillas de las ramitas, los diminutos insectos y las conchas.
  • A pesar de la falta de materiales y suministros en general, el uso de objetos naturales (madera, semillas, arena) está ausente en las actividades educativas o artísticas.

 

Este hecho de no integrar la naturaleza en la vida cotidiana de la escuela puede analizarse de varias maneras:

  • La fascinación por el “American way-of-life”, la manera de vivir americana, y la aspiración de asemejarse a ella, que podría explicar la preferencia por los alimentos importados como las patatas fritas, los refrescos, las bebidas gaseosas…, pero también el desconocimiento general de las necesidades nutricionales de los niños y niñas.
  • La falta de condiciones de seguridad adecuadas alrededor de las escuelas y los centros, que aunque no requerirían gran cantidad de recursos, no han sido contempladas por los gestores locales, los equipos educativos o los responsables políticos.
  • La preferencia por cosas compradas, quizás como signo de estatus profesional, y ello en detrimento del uso de materiales del entorno natural. Así mismo, la falta de interés y de compromiso con el reciclaje.
  • La idea, también largamente arraigada en la mentalidad europea, que la educación y el aprendizaje se producen solo dentro de una clase, en bancos escolares, con lápices y folios, y que los estudiantes deben estar sentados y atentos para escuchar al maestro que enseña.

Del mismo modo que el uso de la naturaleza como tercer educador de los niños ha tardado en encontrar su lugar en las prácticas actuales en Francia, será también necesario que pase tiempo para que los educadores del SGCPJ tomen consciencia de los beneficios que la naturaleza maravillosa que les rodea puede aportar a su trabajo con los niños y niñas.

• Ello no obstante, en mi último viaje a Haití, en el centro Les Lapins pude observar que era posible integrar nuevas pedagogías e ideas: Frantces, directora del centro y una de las educadoras que vinieron a Estrasburgo en 205, había aprovechado su experiencia en Francia y había empezado a aplicar nuevas prácticas en la rutina diaria con su equipo, concretamente en temas de nutrición, animando a las familias a implicarse, y en el uso de la naturaleza en la clase. En el centro Les Lapins, los niños cocinan ahora todas las semanas y preparan platos con ingredientes locales naturales para ellos y para sus familias. Por otro lado, los educadores han empezado a utilizar granos naturales y otras semillas locales para que los niños viertan, decanten, midan y jueguen. El equipo utiliza paja, conchas u otros objetos del entorno en las creaciones artísticas con los niños y niñas, llevando así elementos del entorno a la clase. Ahora se producen más salidas a la playa, donde los niños juegan libremente y aprenden a escribir en la arena.

De hecho, hay varios proyectos en construcción, entre los cuales: hacer tomar consciencia a las partes implicadas (niños, familias, educadores) para luchar contra los malos hábitos alimentarios, principalmente a través de talleres de cocina, pero también con la creación de huertos pedagógicos. Aún más, algunos centros han empezado a familiarizar a los niños y las familias con el trabajo del huerto y a utilizar sus propias hortalizas y frutas en su dieta diaria.

Esta experiencia demuestra cómo la colaboración y la apertura al mundo puede ser enriquecedora y formadora para todos: intercambiamos ideas, experiencias, nos alimentamos de las prácticas de los demás y construimos nuevos modelos educativos para preparar a los niños tan bien como sea posible para el mañana.

 

Notas:

[i] GESCOD: Grand Est Solidarités et Coopérations pour le Développement (Grand Est Solidaridades y Cooperaciones para el Desarrollo), que acompaña proyectos y colaboraciones en una cooperación descentralizada dirigida por las autoridades públicas de la región oriental de Francia, Grand Est.

[ii]  SGCPJ: Service de Gestion des Centres Pré-Scolaires de Jacmel (Servicio de Gestión de Centros Infantiles de Jacmel). 

 

Aurélie Ira, mestra d’educació infantil, ha treballat a Estrasburg els darrers vint anys. Ha dirigit l’escola d’educació infantil multilingüe Les Tout Petits d’Alsace d’Estrasburg durant vuit anys.

La seva experiència professional i associativa, així com la seva vida personal, l’han dut a interessar-se per la primera infància del món i pel desenvolupament educatiu, cultural i ecològic dels infants.

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