Historia de la educación. ¿Qué lugar ocupan los bebés y los niños y niñas en la sociedad brasileña?

Maria Luiza Rodrigues Flores
Marta Lúcia Silva

La añorada Fúlvia Rosemberg es parte integrante de la historia brasileña de la educación de los niños de 0-6 años en el ámbito público. Dejó un legado inmenso para la infancia de Brasil, además de para sus familias, investigadores/as y el profesorado. En sus investigaciones e intervenciones, en las políticas públicas, la docencia y en sus artículos, vinculó siempre feminismo e infancia.

Antes de que se hablara de relaciones de género, Fúlvia ya estaba atenta a la cuestión de la mujer, participando en el periódico Mulherio. En el combate contra el machismo y otras formas de autoritarismo estaba Fúlvia denunciando el adultocentrismo, investigando el racismo en relación a los negros y negras. Algunos años antes de morir estaba investigando a los indígenas (que ya había estudiado e investigado la también añorada Regina Pahim). Aún antes de que se hablara de la intersección de género, raza y clase, Fúlvia ya trabajaba en investigaciones y en revistas científicas feministas realizando estudios de infancia, género, raza y clase. En 1996 escribió el pionero artículo “Educación Infantil, clase, raza y género”. Su última conferencia en México (publicada en el libro Creche e Feminismo-desafios atuais para uma educação descolonizadora [Escuela maternal y feminismo: desafíos actuales para una educación descolonizadora]) insiste en la ciudadanía de los bebés contra el consumismo y el uso que se hace de los bebés en provecho de los adultos y del capital financiero, un campo al que ella se dedicaba y que denominaba “Estudios sobre la ciudadanía de los bebés”.

Malu Flores y Marta Lúcia Silva nos ofrecen aquí un artículo que muestra el pensamiento de Fúlvia Rosemberg y sus “Estudios sobre la ciudadanía de los bebés”.

“La ciudadanía de los bebés contra el consumismo y el uso que se hace de los bebés en provecho de los adultos y del capital financiero.”

¿Qué lugar ocupan los bebés y los niños en la sociedad brasileña?

Después de 30 años de la aprobación de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño en la Resolución 44/25 de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, y pasados más de 30 años de la promulgación de la Constitución Federal de la República Federal del Brasil, en 1988, cabe preguntarse: después de todo, ¿cuál es el lugar que ocupan los bebés y los niños en nuestra sociedad y, en especial, en la política educativa? ¿Hasta qué punto los niños brasileños muy pequeñitos, de hasta tres años, vivencian sus derechos como ciudadanos y ciudadanas a la educación pública, gratuita y de calidad?

En este texto invitamos a los lectores y lectoras, a la sociedad en general, familias, representantes del Estado, así como a los profesionales de la educación en general, a dirigir su atención a los bebés, a los niños y a la infancia, desde la perspectiva analítica construida por la investigadora, profesora y activista Fúlvia Maria Mott Rosemberg. El enfoque propuesto por Fúlvia, en el campo por ella denominado “Estudios sobre la ciudadanía de los bebés”, busca romper con concepciones adultocéntricas sobre la infancia y el niño, una visión que limita sus saberes, sus actuaciones en la sociedad y en el mundo.

En la visión adultocéntrica, el ser adulto se coloca como sujeto de la supremacía de la vida productiva en la sociedad y los bebés, los niños bien pequeñitos, son presentados como sujetos limitados, pasivos, incapaces, de reducida socialización, la infancia se considera como un período limitado de la vida, subordinado totalmente a las perspectivas, expectativas y demandas de los adultos.

El término adultocéntrico, que expresa una visión de mundo en la que el adulto se encuentra en el centro de las demandas, fue mencionado por Fúlvia Rosemberg en 1976, en su texto ¿Educación para quién?, en el que la autora cuestiona los métodos adultocéntricos de la educación y de las investigaciones sobre los bebés y los niños, destacando que éstos deberían ser investigados más allá de la Pedagogía, en una perspectiva interdisciplinaria, incluyendo la Antropología, con el fin de comprender mejor estos sujetos de derechos, sus especificidades, complejidades y las características de sus modos de vida.

Una sociedad adultocéntrica, está diseñada para responder a los intereses y expectativas de los propios adultos, ya sean económicos, políticos, de partido, relativos a costumbres, visión de mundo, etc., imponiendo sus reglas establecidas a los bebés, niños, adolescentes, no permitiendo o limitando la voz de otros, y los cuestionamientos sobre sus modos de vida, sus percepciones del mundo, sus valores, sus costumbres, aunque éstos sean inadecuados o conflictivos, tendiendo a creer que los niños pueden convertirse en meras “copias”, haciendo efectiva la reproducción de las ideologías de los adultos.

 

Fulvia Rosemberg

 

“El niño y la niña como un actor social, activo, que participa en la sociedad, sujeto de derechos
y productor de cultura”

 

Los estudios de Rosemberg, amparados en estudios contemporáneos, como los de la Sociología de la Infancia, también llamados por Fúlvia “Estudios Sociales de la Infancia”, consideran que, en las perspectivas estructural, interpretativa y crítica, la concepción de la infancia es una categoría permanente, útil a la sociedad y también una construcción social. Así, entiende la concepción de niño como un actor social, activo, que participa en la sociedad, sujeto de derechos y productor de cultura. En este sentido, la Sociología de la Infancia valoriza y empodera a los bebés, a los niños y a la etapa de la vida conocida como infancia, tratando a los sujetos de ese grupo de edad como personas potentes, competentes, agentes, ciudadanos que poseen voz y son protagonistas de sus propias historias.

“Afirmamos que los niños tienen voz, poseen pensamiento propio, sentimientos, emociones….”

El campo de los Estudios Sociales de la Infancia propone una perspectiva sobre los niños en la que éstos tienen una visión e interpretación del mundo propia, a partir de todo lo que ven, oyen y sienten. En consonancia con las investigaciones llevadas a cabo por Rosemberg, en sus más de 30 años de trabajo en las temáticas de los estudios de género, raza y edad (infancia) y también en el NEGRI PUC-SP1 , afirmamos que los niños tienen voz, poseen pensamiento propio, sentimientos, emociones, deseos, intereses, son capaces de elegir, negocian, reivindican, cuestionan, argumentan, crean, recrean, innovan, proponen soluciones, entre otras acciones que los hacen participantes activos del mundo.

Para entender mejor este enfoque, podemos decir que cuando un bebé nace, él demanda una serie de cuidados y atención, involucrando una diversidad de profesionales de diversas áreas, conocimientos diversos y multidisciplinarios, así como distintos artilugios para dar cuenta de sus demandas en términos de salud, educación, vestido, alimentación, productos y servicios de diversos ámbitos. En la misma dirección, a lo largo de esta etapa de la vida, se requiere la acción de otros profesionales, resultando que los bebés contribuyen activamente al desarrollo económico, comercial, social y político, generando impuestos, insumos y capital financiero en la sociedad.

Por eso, no es difícil percibir que existe un provecho en la inversión comercial de los bebés y los niños, donde esos actores sociales se utilizan para atraer más beneficios a otros intereses que no son propiamente los de ese grupo de edad, convirtiéndose, en ciertos casos, en instrumentos del capital, utilizados para dar respuesta a intereses de grupos empresariales de todo tipo. Siendo así, para Rosemberg, desde la perspectiva de la visión estructural de los Estudios Sociales de la Infancia, podemos decir que se está produciendo un uso instrumental de los bebés y de los niños, basado en intereses adultocéntricos, políticos y económicos, mientras que ellos gozan sólo el usufructo de las “migajas de inversiones” en relación al incremento de las ganancias de las marcas que se desarrollan comercialmente para responder a intereses diversos en la sociedad.

Los bebés y los niños no poseen siquiera la contrapartida de que sus derechos sean atendidos satisfactoriamente como personas, quedando al margen del disfrute de la educación, la salud, la cultura y el entretenimiento, por ejemplo. Especialmente, la desigualdad en el acceso a los derechos sociales alcanza sobre todo a los bebés de menor edad, así como a los niños socialmente menos favorecidos, negros o de otras etnias con menor reconocimiento social. Rosemberg problematizó la posición ocupada por estos agentes en una sociedad de consumo: ¿Cuál es la posición que ocupa el bebé y los niños en general como grupo de personas que participan activamente en el desarrollo de una sociedad y de un país? ¿Cuál es la contribución de estos actores sociales? ¿Cómo pensar en los bebés y niños como actores sociales, protagonistas y ciudadanos de derechos, si la vida en sociedad está orientada más a los intereses y necesidades de los adultos? ¿Cómo están siendo vivenciados los derechos educativos de la primera infancia en nuestra sociedad?

“Los bebés y los niños no poseen siquiera la contrapartida de que sus derechos sean atendidos satisfactoriamente como personas”

“¿Cómo están siendo vivenciados los derechos educativos de la primera infancia en nuestra sociedad?”

Atendidos inadecuadamente por el Estado, sin vivir efectivamente sus derechos reconocidos en el plano legal, parte de los bebés y de sus familias se encuentran privados del acceso a la educación pública, de calidad, laica y gratuita. De acuerdo con los datos del Censo Educativo de 2016 (INEP, 2018), sólo el 31,9 % de los niños de hasta tres años están matriculados en la escuela de educación infantil, resultando que el quintil de ingreso superior de la renta presenta una cobertura del 48,2 % y el quintil de ingreso inferior alcanzó sólo el 22,3 % de esa población. Ampliando los indicadores de la desigualdad en ese acceso a la escuela, los datos apuntan que, de 2004 a 2016, se duplicó la desigualdad entre blancos y negros en el acceso a una plaza vacante. En realidad, éste que es un derecho educativo reconocido en la Constitución Federal de 1988, aunque no sea de obligado cumplimiento, está siendo naturalizado como un negocio a partir de alianzas entre el sector público y el privado, implicando la transferencia de recursos públicos hacia la iniciativa privada, con muy poco control social sobre la efectiva calidad de las plazas vacantes que se ofrecen.

La Educación Infantil de calidad, primera etapa de la educación básica dirigida a este período de la vida entre cero y seis años, aún no ocupa el lugar de bandera política de absoluta prioridad por parte de los gobernantes, responsables de la efectividad del derecho educativo de los bebés y los niños. La expansión a partir de diferentes modelos de atención corrobora un trato desigual dispensado a los niños, ya sea por la falta de oferta de plazas vacantes públicas, o por los perjuicios en términos de calidad. Las investigaciones desarrolladas en el país apuntan a la diferencia de atención en términos de educación y cuidado entre las instituciones de las redes directa (escuelas municipales), indirecta (escuelas en edificios del ayuntamiento, pero gestionadas por instituciones particulares con el mismo esquema de las concertadas) o concertada (escuelas particulares concertadas con el ayuntamiento que pasan a formar parte de la red pública), y de otros modelos y pactos institucionales resultantes de alianzas políticas públicas e iniciativas en el ámbito privado.

En el caso de la atención en la escuela maternal, a medida que la opción política es la de ampliar la oferta a partir de propuestas “más económicas” o de bajo costo, acaba ofreciéndose un servicio de calidad inferior para los bebés y niños pequeños, aunque financiado con recursos públicos. Tanto los bebés y los niños, como sus familias, que contribuyen con sus impuestos como ciudadanos y mueven la economía del país, acaban, sin embargo, como rehenes dependientes de modelos de atención no siempre ofrecidos con calidad. Basándonos en las reflexiones de los estudios de Fúlvia Rosemberg, la opción política por la externalización de la oferta y de la gestión de la educación infantil, a partir de diferentes modelos de convenios y servicios no adecuadamente fiscalizados, que se hacen efectivos a través de relaciones público-privadas basadas en un per cápita de bajo costo alumno-calidad, acaban por materializar una “escuela pobre para niños pobres”, perpetuando un ciclo transgeneracional de negación y violación de varios derechos.

A pesar de los marcos legales que pautan la oferta de Educación Infantil en Brasil (0-3 y 3-6 años), fruto de luchas y conquistas de derechos en las últimas décadas, la responsabilidad educativa hacia ese grupo de edad aún no responde, en términos de cantidad y calidad, a las demandas de las familias en relación a la socialización de sus hijos/as en espacios educativos públicos y gratuitos.

Independientemente de la gestión partidista y de propuestas de diferentes gobiernos, los informes sobre escuelas maternales concertadas presentados por el Tribunal de Cuentas del Municipio de São Paulo, en febrero de 20172 , presentan indicios de incongruencias en la prestación de servicios con calidad para los bebés y los niños pequeños, evidenciando las diferencias en los servicios y en las plazas vacantes en la educación infantil ofrecidas a los bebés, a los niños y sus familias, sobre todo, a las más pobres. Hay modelos inadecuados que pueden ser calificados como confinamientos de bebés, con poco espacio libre y falta de naturaleza para gozar y jugar, con lugares húmedos y sin la presencia del sol, sin zona verde, sin parques infantiles o ludotecas, en fin, sin los materiales necesarios para la realización de un buen trabajo para estos grupos de edad.

“Hay modelos inadecuados que pueden ser calificados como confinamientos de bebés”

En algunos casos, algunas instituciones tampoco contratan profesionales con la formación adecuada y no logran garantizar una formación continuada de profesores y profesoras, ni las condiciones para el desarrollo de prácticas cotidianas que atiendan a las especificidades y necesidades de desarrollo en el grupo de edad de hasta tres años, restringiendo la oferta a actividades tradicionales y poco diversificadas para los niños, en espacios, en ciertos casos, hasta insalubres.

“Discursos con intereses y perspectivas dirigidos a la educación infantil como inversión económica y ganancia”

Así, en el Municipio de São Paulo, cuya especificidad fue estudiada por Rosemberg con un estudio longitudinal, el todavía reducido acceso a la escuela maternal de calidad para todos los niños de hasta tres años de edad ha ocupado un lugar de intensa disputa en la arena de debates de las políticas públicas, por diversos actores sociales adultos (representantes del Estado, familias, responsables, especialistas de la educación, poder judicial). En ese escenario, hemos percibido actores sociales, cada vez más, que recurren a la judicialización como forma de requerir los derechos educativos constitucionales legítimos de los niños que no son atendidos por el Estado. No es raro encontrar instituciones gubernamentales o no gubernamentales, empresarios, entre otros, que mantienen un discurso estructural dirigido al niño y su educación como una inversión económica, o sea, enfocado a los intereses de lucro del capital. Tales discursos, con intereses y perspectivas dirigidos a la educación infantil como inversión económica y ganancia, no sitúan al bebé y a los niños pequeños como prioridad, sino a los intereses adultocéntricos que impregnan la sociedad. La cuestión fundamental es percibir cómo el Estado ve a los bebés y los niños, generalmente como un dispendio que hay que gastar para esa franja de edad y no como un derecho a ser atendido.

Así, como observó Fúlvia Rosemberg, hay casos en que “[…] los derechos sociales se piensan sólo en términos de cifras económicas. […] “¿Por qué un bebé cuesta menos a la sociedad brasileña? ¿Por qué se invierte menos en la escuela maternal? Hay una desvalorización de la función de educar y cuidar niños pequeños, por ser producción y reproducción de la vida. En consecuencia, la escuela maternal constituye una etapa educativa desvalorizada en el sistema educativo brasileño”.

“La escuela infantil constituye una etapa educativa desvalorizada en el sistema educativo brasileño”

Entendemos que hacer efectiva la ciudadanía y los derechos legales de los bebés y los niños como ciudadanos y ciudadanas es de fundamental importancia, pues son poco visibles o invisibles para la sociedad, especialmente cuando comparamos ese grupo con las demás etapas de la vida humana, sobre todo las franjas de edad consideradas en el grupo de “adultos”. Los bebés y los niños pequeños no tienen las mismas inversiones en términos de servicios públicos destinados a otros grupos de edad, sino que, en algunos contextos, quedan al margen de la sociedad en términos de educación, salud, entretenimiento, cultura, entre otros derechos sociales bajo la responsabilidad de los sectores de la gestión pública.

Para la mayoría de las familias los niños son sus bienes más preciados, en el ámbito del cuidado privado son tratados con celo e incluso con “mimos”, pero aún falta el compromiso de las propias familias en la lucha por la justicia social, las políticas públicas de educación de calidad y los derechos más efectivos con este fin.

Para entender la importancia de los bebés, de los niños y de las diversas infancias esparcidas por la inmensidad de Brasil y del mundo es necesario también comprender cuáles son las desigualdades sociales que estos viven, sus causas, sus particularidades, sus resultados y manifestaciones. ¿Los bebés y los niños son tratados por el poder público con seriedad y respeto en el sentido de concederles lo mejor? ¿Cuáles son las discriminaciones existentes en relación a las otras edades en las diferentes maneras de vivir las infancias?

¿Cómo ven los medios de comunicación en general y las instituciones a los bebés y a los niños? ¿Cuál es la visibilidad que les dan? ¿Los niños son vistos solamente como un filón, una oportunidad de ganancias y lucros por medio de productos y negocios desarrollados para determinados públicos? Basta imaginar la cantidad de productos y servicios elaborados para atender a esos actores sociales y esa demanda. En realidad, los bebés y los niños son grandes generadores de negocios comerciales y económicos, en términos de alimentación, vestimenta, juguetes, entretenimiento, educación y productos diversos. Al reflexionar sobre estas cuestiones, nos planteamos la gran reflexión: ¿cómo están siendo respetados legalmente los derechos de los bebés y los niños siendo estos actores sociales, activos, sujetos de derechos y productores de cultura? ¿Qué tipo de sociedad existe para los bebés y los niños?

“¿Cómo están siendo respetados legalmente los derechos de los bebés y los niños y niñas siendo estos actores sociales activos, sujetos de derechos y productores de cultura?”

¿Cómo ve la educación brasileña a los bebés y los niños? ¿Qué clase de educación se está ofreciendo a estos seres competentes y productores de cultura? ¿Somos las voces que resuenan por sus derechos, por un mundo con más educación de calidad y cuidados dignos de los bebés y niños, o actuamos en connivencia con los diversos intereses adultocéntricos, en los usos y abusos instrumentales de esos sujetos?

“Los niños y niñas pobres y los de menor edad son las mayores víctimas de las discriminaciones de derechos educativos”

En tiempos de elecciones de representantes de la sociedad, uno de los grandes problemas sociales en Brasil, la discriminación de edad y las violaciones de derechos básicos en la educación (falta de acceso y calidad de escuelas maternales) sigue en alza. Los niños pobres y los de menor edad son las mayores víctimas de las discriminaciones de derechos educativos. Los políticos y la sociedad adulta discriminan a los niños en sus necesidades básicas. “En tiempos de elecciones, toman a los niños en el regazo” (ROSEMBERG, 2015) utilizan la artimaña para conmover a la opinión pública a fin de aumentar el número de votantes, pero no tienen a los bebés y los niños pequeños en sus agendas públicas como prioridad de atención y compromiso efectivo con la causa. Estos actores sociales (bebés y niños pequeños) no son vistos como personas o ciudadanos de derechos. El uso instrumental del niño por el adulto se plantea con la finalidad de responder a sus propios intereses adultocéntricos, políticos, económicos, de partido, etc.

El resultado de ello es desfavorable para los bebés y los niños, pues comportan perjuicios en todos los ámbitos: físicos, sociales, intelectuales, emocionales, psicológicos, de salud, etc. ¡Despertad adultos! ¿Hasta cuándo? ¿Dónde está la ciudadanía efectiva de los bebés y de los niños en la sociedad?

Para los gobernantes, los niños no votan, a menudo se los ponen en el regazo, o en sus tribunas de cuño partidista para “servir” a sus intereses y a sus propuestas ideológicas. Los niños y sus familias a menudo se utilizan como herramientas de apoyo, incluso sin saberlo, para alcanzar estos objetivos.

En cuanto a los bebés y los niños, lo que debería ser un derecho natural y efectivo, como estar protegidos, ser aventajados en el acceso a la salud y la educación de calidad, así como tener acceso a la cultura, al entretenimiento, etc., acaba por parecer una gran oportunidad de negocio para el campo empresarial y los políticos, junto con especialistas de la niñez, economistas, etc. ¿No comprenden que los bebés y los niños sólo por existir en la sociedad ya contribuyen a la economía y al desarrollo del país y del mundo?

Se percibe que muchas de esas acciones se presentan de manera contradictoria, evidenciando el uso instrumental (primordial) del niño como oportunidad de ganancias y lucros. Inspiradas en el pensamiento de Rosemberg, compartimos algunas preguntas que pueden orientar nuestra acción: ¿quizás la sociedad, los especialistas en infancia, las instituciones y los movimientos sociales no perciben estas cuestiones? O estas cuestiones y acciones, ¿son intencionalmente planteadas según cómo los adultos entienden la sociedad? ¿Hasta cuándo los intereses adultocéntricos estarán en las acciones de los que se dicen defensores de los derechos de la infancia?

Es necesario repensar en cómo luchar contra las desigualdades sociales, dado que en la pirámide social los niños y las mujeres son los más vulnerables. Si cada real invertido en la primera infancia se transforma en beneficio para la sociedad adultocéntrica, como afirman los economistas y empresarios, ¿cuál es el porcentaje que debería retornar para los bebés, los niños y para esa etapa de la vida?

“Es necesario pensar en cómo luchar contra las desigualdades sociales, dado que en la pirámide social los niños y las mujeres son los más vulnerables”

¿Cómo afrontar estos grandes desafíos sobre la manera en que la sociedad trata a los bebés y los niños en la sociedad? ¿Quiénes son los bebés? ¿Cómo viven? ¿En qué condiciones diarias se está organizando el trabajo en las escuelas maternales? ¿Tenemos una educación infantil de calidad y equidad para todos los bebés y los niños pequeños que optan por la red pública educativa? ¿Cuándo la escuela infantil quedará definitivamente incorporada a la agenda de políticas educativas? ¿Existe una justificación plausible para no dar lo que es debido por derecho a los bebés y los niños pequeños? ¿Cuáles son nuestras prioridades y lealtades? ¿Cómo generar equidad y oportunidades efectivas de derechos legales ya consolidados históricamente para esta etapa de la vida tan eficiente en términos de desarrollo económico para la sociedad, pero que aún no posee sus derechos garantizados efectivamente?

Todavía queda mucho por hacer para cambiar los paradigmas que orientan la forma en que los bebés y los niños son tratados en la sociedad. Tenemos que surcar otros caminos más justos y más dignos para ofrecer a esos actores sociales, a fin de ser coherentes, considerando en la práctica lo que merecen como sujetos de derechos en la salud, en la educación, en la socialización pública, en el derecho al juego, a la cultura y al entretenimiento de calidad, obedeciendo a los intereses y necesidades de los propios bebés y de los niños. Para ello, podemos considerar al servicio de quiénes están nuestras lealtades, como siempre alertó Rosemberg.

Notas
1. Núcleo de Estudios de Género, Raza y Edad (NEGRI-PUC-SP) hasta septiembre de 2014, vinculado al Programa de Estudios de Postgraduación en Psicología Social de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP).
2. Disponible en: <https://portal.tcm.sp.gov.br> Acceso en: 02 abr. 2019.

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Maria Luiza rodrigues Flores

Estudios de Postdoctorado en el Departamento de Psicología Social de la PUC-SP (2015) y en la Facultad de Educación de la USP (2018). Graduada en Letras, maestra y doctora en Educación por la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS). Profesora Adjunta del Área de Política y Gestión de la Educación de la Facultad de Educación de la UFRGS.
E-mail: malurflores@gmail.com

Marta Lúcia Silva
Máster en Psicología Social por la Pontificia Universidad Católica de São Paulo. Integrante del Núcleo de Estudios de Género, Raza y Edad (NEGRI), vinculado al Programa de Estudios de Postgraduación en Psicología Social de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP), donde fue asesorada por
Fúlvia Rosemberg. Pedagoga, Psicopedagogía y profesora en el Instituto Sumare de Educación Superior. E-mail: martalucia.coach@hotmail.com

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