Experiencias. Mirando el jardín infantil con ojos de infancia

Debido a la pandemia covid-19 hemos sentido la incertidumbre, el miedo, la desconfianza, la inseguridad, la angustia de separación, la sensación de desapego, así mismo, el cariño, las miradas reafirmantes, el cobijo de una sonrisa, el aliento de una voz protectora…

No ha sido fácil, indudablemente esta ola de circunstancias desafortunadas no ha hecho más que llevarnos a sentir de la forma más visceral, más pura, casi prístina.

A mediados de octubre de 2019 vivenciamos una convulsión social sin precedentes para quienes, por nuestra edad y experiencias nos desarrollamos en una unidad educativa chilena. Al convocar a cabildos y mesas de consulta ciudadana, nos fue posible como comunidad educativa, visibilizar emociones tales como vértigo, adrenalina, esperanza, temor, alegría, empoderamiento…

 

Experiencias de actividad física
Actividades relacionadas con el fomento lector

 

Experimentando

Experiencias educativas en un centro educativo público de Santiago de Chile


Juego centralizador

Experiencias educativas en un centro educativo público de Santiago de Chile

Al volver a actividades aquel 1 de marzo de 2020 había en el ambiente una sensación de inestabilidad inespecífica, sabíamos que algo estaba pasando, tal vez, algo pasaría, quizás tendríamos ciertas tensiones y normativas engorrosas respecto de una enfermedad rara, ¿sería probable que pasásemos algún susto por ese virus que afortunadamente estaba en el sector oriente del mundo?, las familias han confiado tanto en nosotras que no dudarían ni un segundo en enviar a sus hijos e hijas al jardín, el equipo educativo daría lo mejor de sí. Ciertamente esta confianza nos hizo sentir muy valoradas, no obstante, el peso de esta nos llevó a sentirla como un yugo.

Pasaron los días con una tensión ambigua, a nivel político y comunicacional la información fue amplia, sin embargo, incierta. Se decía que el futuro cercano sería catastrófico pero que debíamos seguir las instrucciones y estaríamos a salvo.

En mi rol como directora y líder validada de una comunidad educativa que aprende y crece sinérgicamente, sentí literalmente dolor de muelas, vibraciones en las sienes, inflamación ganglionar, del mismo modo, una energía casi pueril, mis articulaciones se volvieron firmes, mi mirada y oído se agudizaron, mis manos las sentía cálidas y fuertes, sentía que mi torso haría las veces de escudo.


Experiencias educativas en un centro educativo público de Santiago de Chile

 


Taller de yoga

Decidí generar una carta de navegación emocional, desde lo poco que se conocía, me planteé la capacidad empática de comprender qué estaba sintiendo cada miembro del equipo educativo, las autoridades institucionales y las familias que tanta confianza evidenciaban. En este contexto, lo primero fue dilucidar qué estaba sintiendo yo, a qué le temía, mis fortalezas intelectuales, familiares, económicas. Debía ser consciente de mis posibilidades para saber cómo liderar certeramente este desafío. La conclusión fue tener fuerza para afrontar el virus y ofrecer a los niños y niñas la maxima calidad posible en esta situación.

Al reunirme con el equipo educativo, transparenté que la incerteza propia de la vaga información sería nuestra mayor certeza, por lo tanto, debíamos situarnos en ese paradigma y desde ahí plantear el proceso educativo. Cada miembro de esta comunidad educativa expresó sus aprensiones, sus dificultades, sus enojos, también con mayor vigor su compromiso y promesa de estar responsablemente.

El 16 de marzo de 2020 llegó aquella información que esperábamos pero que temíamos escuchar, receso, cuarentena…

A mediados de abril llegó información institucional que daba ciertas luces respecto a que se debía hacer algo, niñas y niños no podían perder su derecho a educación.

Nuestro centro educativo, ya había comenzado con su proceso educativo equilibrado y potenciador a través de medios remotos, las familias reafirmaron su confianza, manifestando con sus respuestas que el compromiso se mantenía que niñas, niños, madres, padres, educadoras, técnicos, auxiliares seguirían relevando el derecho y deber que la educación ostenta.

Haciendo un análisis, considero que nuestro principal bastión fue el trabajo de los profesionales de la eduación al adaptarse a las necesidades del momento, a cambiar sus programaciones para afrontar los nuevos retos, las nuevas formas de comunicación con los niños y niñas y con las familias.

Recuerdo haber sentido que mi rol era el de la “caja de herramientas”, no todas sirven para el mismo momento, pero de seguro, cada una servirá estratégicamente combinada para darle solución a un problema.

Conforme transcurrieron los primeros meses de pandemia, esta unidad educativa demostró sistemáticamente que su misión y visión relevada a inicios de 2018, no sólo era una declaración, cada miembro: familias, niños, niñas, auxiliar, manipuladoras, técnicos en educación, educadoras de párvulos y directoras hizo verbo el sustento valórico – teórico declarado.

Para quienes hemos elegido libremente, con convicción y sabiduría el camino de la educación infantil es fundamental el bienestar integral de cada niño y niña. Sé de miles de profesionales de la eduación de todas las latitudes, la preocupación y ocupación que les significó asegurar que los niños y niñas estuvieran bien alimentados, contenidos, ejercitados, protegidos y potenciados. Hoy sonrío al recordar cómo analizábamos los videos que las familias nos enviaban a modo de reporte tras la ejecución de las orientaciones pedagógicas que cada miembro del equipo elaboraba. Nuestras reuniones, las comunidades de aprendizajes eran verdaderos laboratorios técnico-pedagógicos. Hubo lágrimas de esperanza y desazón, profesionalismo y dedicación, ese del que sólo la vocación conoce.

A nivel institucional, también hubo elementos que vale relevar, la implementación de sistemas remotos públicos de participación y visibilización de la educación parvularia chilena, el sistema de capacitación tanto para fortalecer emocionalmente al personal como las capacitaciones para orientar el refuerzo de la higiene, seguridad y salud de los establecimientos, la validación de las condiciones de familias constituidas por profesionales de la eduación sin redes de apoyo, la condición de salud desventajada de un alto número de eduadores y eduacadoras a nivel del país, la oportunidad de organizar la entrega de alimentación, sistema de vacunación, ejecución del programa de salud bucal para párvulos según las posibilidades de cada unidad educativa. Finalmente, la orientación amplia de lineamientos técnico- pedagógicos para la consecución de una educación pública, gratuita y de calidad.

Una enseñanza relevante, de la cual necesariamente se debe aprender, es que las decisiones se deben tomar en el tiempo y contexto preciso, las niñas y niños no pueden esperar, el discurso “los niños y niñas primero”, se debe ejecutar sin mayores miramientos. Si bien la pandemia evidenció lo mejor de cada equipo, también permitió sacar aquello que estaba bajo la alfombra: funcionarias con escasa o nula competencia pedagógica, equipos educativos improductivos viviendo un destiempo y un culto a su propio ombligo, directoras desprovistas de liderazgo, jefaturas con dificultades para equilibrar su capacidad empática y de toma de decisiones. Si se hubiesen aplicado medidas establecidas, de acuerdo a los informes a su tiempo, de seguro una gran cantidad de niñas y niños también hubiera accedido a la educación que se les prometió recibirían.

Experiencias educativas en un centro educativo público de Santiago de Chile

A mediados de octubre de 2020 ya se estaba allanando el camino para que niñas y niños volvieran a las aulas, el país necesitaba reactivar su economía, las familias requerían llevar a su mesa el pan digno que da el trabajo, para ello era crucial que las salas cunas y jardines infantiles funcionaran, que estos efectivamente fueran ambientes seguros, protegidos, saludables, emocionalmente favorables. Que los equipos tuvieran conciencia del rol social que debían cumplir, en este sentido, tener plena conciencia que se debía ser parte de la solución, no un problema más.

Para este efecto nuestra institución (la segunda institución pública más grande del país, la de mayor cantidad de profesionales de la eduación y cobertura de párvulos en Chile) convocó a reuniones en las que se exponía la normativa vigente, los lineamientos técnicos, el plan de contingencia (o plan B). Si bien no eran instancias dialógicas, sí se permitía que las participantes (directoras y encargadas de las unidades educativas) realizaran comentarios al respecto. A decir verdad, mi capacidad de empatía adulta se ve afectada cuando se pierde de vista el foco en la infancia.

En En Chile, el 52,3% de los 83.500 niños y niñas matriculados en el programa de administración directa (sin considerar que con esto no se cubre ni la mitad de los párvulos menores de 5 años matriculados en educación preescolar en todo el país) pertenecen a las causales de ingreso automático dadas las vulnerabilidades que vivencian. Esto si bien es un argumento que todo educador debe conocer al ingresar al servicio público, se me tatuó con vigor aquel día de octubre de 2020, caminaba por una céntrica avenida de Santiago, algo llamó mi atención: una pequeñita de tal vez 20 meses, probablemente haitiana, estaba jugando casi al borde de la vereda entre una multitud de gente, con una restricción -un cordel unía su pie descalzo a un carro metálico de supermercado- su madre se alejaba a ratos gritando “coca cola, fanta, agua mineral a $500”. Comenté esta experiencia y la conmoción que me causó, expresé ante el gran grupo de colegas y jefaturas que ningún ombligo adulto, desenvolviéndose en un ambiente de trabajo seguro, limpio y protegido, con respaldo institucional valía más que el bienestar de esa niña ni de cada niño que estuviera en riesgo.

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Volvimos a las aulas en julio de 2021, fue un proceso amoroso, profesional, respetuoso, colaborativo, también arduo. Sufrimos un brote de covid-delta, el que nos golpeó moral y anímicamente, sin embargo, hoy mi pecho no es un escudo, ahora entiendo, somos un gran escudo conformado por cada una de las personas que conformamos esta comunidad educativa.

Mi convicción es la de mi equipo, el equipo de nuestro jardín, de nuestros niños y niñas,de sus familias y de nuestra institución, así como juntos construimos el cambio, juntos contagiamos al mundo de esperanza y fuerza. Creemos en una educación parvularia en que cada niño y niña a sus 50 años sonría y diga “soy el adulto que soy porque de niño fui feliz”.

Nathalie Grado Escobar
Educadora de Párvulos; Magíster en Gestión y Liderazgo Educacional y Magíster en Gestión
y Dirección Pública.

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