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Autor Penny Ritscher
Los 100 lenguajes de la infancia. La importancia de un uso efectivamente y afectivamente integrado

Los 100 lenguajes de la infancia. La importancia de un uso efectivamente y afectivamente integrado

Penny Ritscher   Estamos casi a final de verano. Matteo (4 años) pasa unos días con sus abuelos. Un día, mientras revuelve en un cajón, encuentra un viejo paquete de semillas. – ¡Abuelo, mira que encontré, unas semillas! ¿De qué son? – El abuelo lee la etiqueta – Pone calabaza amarilla – ¿Las podemos plantar? – Quizás… A ver cuando caducan… Hace seis años. Aun no habías nacido. Creo que no crecerán – Por favor, abuelo… – De acuerdo, vamos a intentarlo Matteo y su abuelo llenan una maceta con tierra, plantan las semillas y siguen haciendo otras cosas. Se acaba el verano, Matteo vuelve a su casa. Pasan unas semanas. Una tarde, mientras el abuelo riega el jardín, descubre unas pequeñas hojas verdes en la maceta. ¡Las viejas semillas han germinado! Hace una foto y la manda a su hija (la madre de Matteo) con un mensaje: “Esta foto es para Matteo. ¡De las viejas semillas que plantamos ha nacido una plantita!” Más tarde llega una respuesta, un mensaje de voz desde el móvil de la madre. Es la voz de Matteo: “Abuelo, cuando llegue el frío, mete la planta en casa, sino la calabaza morirá” Niños “tranquilos” Los dispositivos digitales son un medio eficaz para mantener a los niños quietos, tal como, unas generaciones antes, lo hizo la televisión. Con la diferencia que el televisor está en un lugar fijo y a menudo los niños no se encuentran allí sino en cualquier otra parte. Las tabletas y, aun más, los móviles, en cambio, son ultra portátiles y nos acompañan a todas partes. Están excesivamente disponibles. Por esto se utilizan fácilmente como una especie de tranquilizante, para tener a los niños quietos (en el coche, en una sala de espera, en el restaurante…) Mientras tanto los adultos pueden ocuparse de otras cosas. A veces, el equilibrio de la vida familiar depende de estos momentos aparentemente tranquilos. Pero los “tranquilizantes” digitales deberían usarse con precaución, como se hace con una medicina. Hay que ser conscientes de sus efectos secundarios negativos. Un niño quieto, encantado con la pantalla, no se mueve, pero se excita. Se carga de energía nerviosa a punto para explotar tan pronto como el aparato se apague. Corremos el riesgo de crear un círculo vicioso: cuanto más comprimamos la energía vital de un niño, menos aprenderá a utilizarla de forma constructiva. En espacios urbanos reducidos, para tener quietos a los niños, existe la tentación de aumentar continuamente la dosis digital y comprimir continuamente su vitalidad física. Es un dilema y hace falta reflexionar sobre ello. Un móvil integrado Otra cuestión sería integrar los dispositivos digitales en un contexto de vida, como en el ejemplo de Matteo, su abuelo y las semillas. Revisémoslo. El episodio se desarrolla entorno a objetos tangibles, empieza cuando el niño encuentra un viejo paquete de semillas. Esto le da una idea. Sabe por experiencia que las semillas, si se plantan, pueden germinar. Quiere probarlo con estas. Están presentes otros objetos tangibles, una maceta, la tierra. Entre el niño y el abuelo hay un diálogo. ¿Qué tipo de semillas son? Mateo aún no sabe leer, pide ayuda al abuelo para leer la etiqueta. El abuelo descubre que las semillas caducaron hace años. Hablan de ello, juntos. El abuelo es realista, sabe que las semillas seguramente son demasiado viejas para germinar, pero prevalece el entusiasmo de Matteo. Intentaran sembrarlas. Luego Matteo debe irse, su proyecto queda interrumpido. A pesar de la distancia, el intercambio continúa: a través del móvil. El abuelo hace una foto de los sorprendentes brotes de calabaza. Manda la foto a Matteo a través del móvil de la madre del niño. Podemos imaginar la escena en casa de Matteo: “Mira”, dice la madre, el abuelo te ha mandado una foto. ¡Tus semillas de calabaza han germinado!” Durante este tiempo, desde que Matteo ha vuelto a su casa, el aire ha cambiado, ha refrescado. El niño teme que los brotes tiernos sufran con el frío. ¿Cómo puede compartir su preocupación con el abuelo? Fácil. Su madre le ayuda a enviar un mensaje de voz con el móvil. Volvamos a la pregunta inicial, ¿Cómo sería correcto exponer a los niños pequeños a los aparatos digitales? Intentaremos sacar alguna conclusión del episodio narrado. La situación es pluridimensional. Sobre todo, es afectivamente cálida, centrada en la relación entre Matteo y su abuelo. Hay objetos tangibles, las semillas, la maceta, la tierra. Es un proyecto compartido, plantar unas semillas. Hay diálogo: las semillas están caducadas, ¿germinaran? Hay puntos de vista diversos, el realista del abuelo y el optimista del niño. Gracias al móvil, Matteo y su abuelo pueden continuar compartiendo su proyecto en la distancia, y sin tener que esperar demasiado entre un contacto y otro. En conclusión, hemos considerado dos enfoques diferentes en el uso de los aparatos digitales con niños pequeños, Podríamos llamarlos “enfoque delegación” y “enfoque abrazo”. Entre el enfoque delegación y el enfoque abrazo es determinante la calidad de la presencia del adulto. En el enfoque delegación, es como si el adulto dijese al aparato: “Ocúpate tú de entretener a los niños, así acabo de preparar la cena”. En el enfoque abrazo, es como si el adulto dijese al aparato: “Ayúdame a vencer la distancia que me separa de mi nieto, tengo algo que decirle.” Quedaría aún por afrontar otro enfoque, el didáctico, pero queda fuera del alcance de este artículo. Pautas. Partamos del ejemplo narrado (las semillas germinadas), para formular algunas pautas para el uso integrado de lo digital con niños pequeños. Es necesario: – Un adulto de confianza, cerca, incluso muy cerca, que acompañe al niño o niños, física y afectivamente. – Proyectos abiertos, no predefinidos (una cosa lleva a la otra) – Un contexto de objetos tangibles – Palabras, ideas, intercambio, discusión. – Curiosidad, entusiasmo tanto por parte del niño como del adulto – Conciencia. Preguntarse, de vez en cuando, por qué se está proponiendo el uso de lo digital (¿Para mantener a los niños “buenos”? ¿Para enriquecer una relación? ¿Por otros motivos?) – Preguntarse: ¿Mi propuesta es adecuada para la edad del niño? ¿Se corresponde en realidad con sus intereses? ¿O es forzada? – Recordar que cuanto más pequeños son los niños, mayor es su necesidad de relacionarse con el mundo a través de su cuerpo. Además de ser potencialmente dañino para la salud, proponer artefactos digitales antes de los dos años tiene poco sentido. Penny Ritscher Penny Richter Publicado Infància a Europa avui. Infància digitalitzada. Número 6

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