Vida al aire libre
¿Qué impacto tiene el entorno en el niño, cómo afecta a su bienestar y a la manera de relacionarse?
Cuando estamos al aire libre, la percepción del tiempo cambia. Un espacio abierto y estructurado en varios ambientes invita a las relaciones, la creatividad, el juego libre, autónomo y espontáneo, presentando retos a los niños y niñas que les proporcionarán un mejor desarrollo neurofisiológico. El uso de elementos naturales para el juego, así como la sustitución de juguetes por materiales reciclados, ayudan a fomentar una concepción respetuosa con el medio ambiente. Al mismo tiempo y en cuanto al espacio, una distribución intencionada de las plantas, troncos y ambientes, proporciona un material vivo que invita a crear espacios propios, “alejados” del adulto, a ser más flexibles y capaces de gestionar las sorpresas y las emociones. Nuestro paisaje vital fluye con los cambios del entorno. Tenemos a nuestro alcance una riqueza de materiales como la arena, las plantas, las hojas y los frutos que caen de los árboles. Tenemos la luz, las sombras y los animales. La atención se agudiza y los niños lo perciben. Todo ello nos ofrece también la oportunidad de trabajar valores como la autoestima, la colaboración, la autorregulación, etc. De esta manera sencilla pero constante, vamos creando una mayor sensibilidad hacia la Tierra y transformando los pequeños hábitos cotidianos para ser más respetuosos con el medio ambiente. La riqueza del espacio exterior, entre otras cosas, nos posibilita vivir el paso del tiempo. Los cambios meteorológicos en las distintas estaciones forman parte de los ciclos naturales ligados a nuestro jardín y nuestro huerto. Cuando hablamos de tomar las comidas al aire libre, estamos pensando que, al margen de la intimidad y el diálogo que suelen proporcionar estos momentos, tenemos la posibilidad de comentar la relación entre la comida y su origen: las lechugas del huerto, qué comen los pájaros…, o simplemente la sensación de calma que nos proporciona compartir un buen rato bajo los árboles.Cada grupo de edad sigue su propio proceso para comer en el jardín. Explicamos a las familias la importancia del bienestar que aporta comer fuera y las condiciones adecuadas para hacerlo. Para llevar a cabo este proyecto hace falta su colaboración y la escuela les facilita que puedan ver y participar de la experiencia para comprenderla mejor.
El cuidado de las plantas y de los animales que conviven con nosotros
Al aire libre, podemos disfrutar del fresco de buena mañana o del sol de mediodía. Escuchar el silencio del viento o el canto de los pájaros. Vemos como los árboles cambian de color, les caen las hojas o salen los primeros brotes primaverales. Las oportunidades de juego y experimentación son múltiples y variadas. En otoño empiezan las tareas del huerto: mezclar el abono con la tierra, retirar las plantas muertas y empezar otra vez el ciclo de compostaje con los residuos de la fruta que comemos y de las hojas secas. Con las frutas y las verduras que recogemos del huerto y del jardín, podemos elaborar ensaladas y mermeladas, hacer pequeños obsequios de aniversario con las flores, infusiones, construir materiales de juego y decoración… Descubrimos a las hormigas, los mirlos, las abejas, las mariposas, las tórtolas…, día a día vamos conociendo nuestro entorno más natural. Cultivar, cuidar y observar el nacimiento de las plantas, el crecimiento de las verduras y de los frutos, nos hace conocedores de este proceso natural. Esta experiencia nos conecta con los ciclos de la vida.Bienestar y salud
El bienestar que nos proporciona la proximidad con el entorno natural afecta directamente a nuestra salud. El impacto de la naturaleza –el viento, el frío o el calor, el agua, las hojas, los troncos– genera unas sensaciones fisiológicas que los niños y niñas van reconociendo. Ello les aporta autoconocimiento sobre lo que necesitan y les proporciona autonomía en la satisfacción de estas necesidades. Aprenden a autoregularse: ¿Hace calor, hace frío? ¿Me pongo o me quito la chaqueta, los zapatos? ¿Quiero andar descalzo? ¿Entro un rato a la clase o sigo jugando en el patio?, etc. Hacer vida al aire libre fomenta la salud tanto física como psíquica de los niños y niñas. La naturaleza facilita un crecimiento personal y emocional más armónico; la emoción motiva la acción de experimentar, de descubrir y de relacionarse. Este espacio amplio, rico, verde y menos ruidoso, proporciona sensación de calma, belleza y, por lo tanto, bienestar.
Per terminar…
Vivir y convivir con la naturaleza es esencial para un crecimiento integral. Los beneficios que aporta nos conectan con nuestro pasado ancestral, mejoran nuestra salud psíquica y física, aprendemos a ser más autónomos y al mismo tiempo más cooperativos. La escuela tiene que ser impulsora y polinizadora de este cambio de paradigma. La comunidad educativa tiene la responsabilidad de crear nuevos valores y una cultura ecosocial para la mejora de la vida y de nuestro entorno. Amar y tener recuerdos de este contacto con el entorno natural, el placer del juego, los descubrimientos y observaciones y las experiencias del día a día, nos plantea un reto enorme: debemos cambiar nuestra manera de funcionar y de vivir en nuestro planeta. Ante la crisis ecológica que nos lleva hacia un mundo que cambia tan rápidamente, resulta imprescindible ser respetuosos con el que hemos heredado y con lo que vamos a dejar. La semilla ha sido sembrada… A menudo, al cabo de los años, algunos niños vuelven a visitarnos y a jugar en el jardín. El recuerdo de este jardín especial forma ya parte de su historia.Bibliografía
The World watch Institute. Educación ecosocial. Cómo educar frente a la crisis ecològica. Fuchemeco social i Icaria editorial. Cyril Dion, Mélanie Laurent. Demain (Documental). França. Heike Freire. Educar en verd. Graó.
EQUIPO BRESSOL VALLDAURA
Maria Arribas, Maria Jesús Echeverria, Laura Fernàndez-Cavada, Neus Garcia, Teresa Gené, Jeanne Hansen, Lourdes Pujalte, Ona Vargas.