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Autor Patricia Redondo, Luciano Roussy, Alejandra Bianciotti, Walter Carrera, Daniela Sposato, Mercedes Montes
Entrevista. Jorge Crowe. Un diálogo pedagógico entre las infancias, el arte y las tecnologías

Entrevista. Jorge Crowe. Un diálogo pedagógico entre las infancias, el arte y las tecnologías

Patricia Redondo, Luciano Roussy, Alejandra Bianciotti, Walter Carrera, Daniela Sposato y Mercedes Montes Consejo de redacción de Argentina La cultura digital ha transformado profundamente nuestras sociedades y afecta de manera directa a las infancias, especialmente en regiones como América Latina donde persisten profundas desigualdades. Jorge Crowe, artista y educador argentino, ha trabajado con tecnología lúdica, electrónica creativa y educación popular en diversos territorios de nuestra región. En esta entrevista buscamos reflexionar junto con él sobre los sentidos, riesgos y potencialidades del vínculo entre las niñas y niños y las tecnologías desde una mirada crítica, situada y esperanzadora. Jorge, nos podrás contar a modo de presentación para quienes la lean ¿cómo comenzaste y cuáles fueron y son tus búsquedas y recorridos? ¿Cómo empezaste a relacionarte con el arte, la tecnología y la educación? ¿Cuáles fueron tus primeros pasos? Soy de Mendoza de la localidad de Tunuyán, nacido en dictadura en el año 1976, infancia de pueblo, no había internet, ni cable. En un momento llegó una videocasetera a mi vida, y entre el cine de esa época atravesado por una idea hogareña del desarrollo tecnológico, Spielberg y sus acólitos, los goonies, traigo la idea de la videocasetera como dispositivo tecnológico que habilita mundos, el humor y el género fantástico, me dan sentido. Tengo familia docente, madre directora de escuela, papá docente. Estudié artes visuales en la Universidad Nacional de Cuyo y sume el trayecto pedagógico. Mi primer paso en la docencia fue el taller de educación no formal en arte para infancias con chicos muy chiquitos, era un gran aguantadero artístico. También trabajé en la Escuelita del Río en la provincia de Santa Cruz como profesor de arte en un centro integrado con niños y niñas con discapacidad. Compensé la formación específica siguiendo la intuición, no en detrimento de la educación formal sino ponderando que existe mucha formación y conocimiento en la práctica, lo empírico. La formación del hacer, los oficios, el uso de herramientas, entender la tecnología como término bien amplio. Es necesario distinguir entre tecnología y medios electrónicos. Por ejemplo, la cerámica, cocer barro para hacer utensilios ha sido un salto técnico inmenso. Todo arte es tecnológico, el óleo frente al temple, la práctica artística integra los desarrollos tecnológicos de cada época. La experimentación de medios electrónicos, limpiar la videocasetera, limpiar cabezales, era una práctica posible, no estaba todo tan cajanegrarizados en los dispositivos técnicos hogareños, empecé por el afán de entender cómo funcionaban esas cosas. ¿Cómo piensas las experiencias en torno al juego, la construcción de los dispositivos? ¿Qué lugar ocupa el cuerpo? Hago foco en el juguete más que en el juego como vehículo simbólico, para el ensayo de procedimientos, la creación de un territorio, normas, dinámicas, que va formando psíquicamente y da válvulas de presión ante situaciones complejas o extremas, entendiendo el jugar y el juguete como refugio. También es un espacio de ensayo, escenográfico teatral, narrativo, los modos de contar cambian, pero hay algo primitivo en el hecho de contar historias que se configura y se transforma, seguimos queriendo que nos cuenten un cuento, eso me convoca como así también el juguete construido. Para entender la idea del sentido y narrativa comparto un ejemplo: Toy Story, tiene como personajes un niño bueno Andy que juega con juguetes de franquicia que tienen una historia, un destino y sentido concluido y el niño malo, que juega con muñecos inventados y construidos por él. Allí, aparece la monstruosidad en un proceso creativo, lo que da risa y lo que da miedo, el monstruo y su desmesura. El niño malo colisiona con materialidades que disparan sentido. La muñeca con cuerpo de araña, o la caña de pescar con piernas de muñeca, la narrativa se la imprime el niño, es una narrativa monstruosa desbordada mitad máquina, mitad animales, mitad vegetales, no se le puede atribuir un género específico, aparece el juguete como un objeto poderoso. Para dar lugar a algo no normado aún, podemos jugar más adentro de eso. ¿Qué mirada te atraviesa sobre los márgenes y tiempos en la escuela? Tengo que decir que actualmente no estoy en la escuela, trabajo en un Proyecto Flexible de Laboratorio, de educación no formal para las infancias que cuenta con un aval parental para el uso de herramientas y dispositivos. La dinámica de la escuela es más compleja, poder contar con un espacio físico de materiales diversos, que juegue luego con la colisión de materiales para la creación de cero de algo. Por ejemplo, nosotros utilizamos vasos plásticos, recortes de madera que se pueden pre-producir para que el uso de herramientas complejas no sea limitante, realizar perforaciones o avanzar algunos recursos y ensamblar con precintos o limpia pipas que permite ensamblar e hibridar mezclar plástico con madera, cosas intervenidas pintadas. ¿Por qué decidís trabajar con materialidades y acopio versus otras posibilidades? El hecho artístico y la educación, están imbricadas y las quiero así. En mi caso soy acopiador, tiene que ver con mi propia práctica, me da sentido como artista, no creo en la materia como vehículo de mis ideas. Las cosas tienen un montón para decir, en las infancias existe un desprejuicio a mezclar materiales, la idea de descarte y no, basura y no, está más abierta. Lo ordinario y el juego con lo extraordinario es un borde interesante. El enfoque es recuperar tecnología descartada, hago una operación que la hago desde que tengo 9/10 años, rescatar motores de cosas rotas y poner algo a andar. Apenas descubrí ese procedimiento cuando era niño, lo fui complejizando, lo conceptualizo y sistematizo. En los talleres realizamos máquinas de dibujar, con lector de DVD o CD, y una batería vieja de celular, recortamos papel y sobre un CD viejo y hacemos dibujos concéntricos, una máquina de dibujar increíble. Algunas de estas propuestas fueron parte de contenidos de programas del canal de televisión infantil argentino PAKA PAKA. Cuando desarmamos aparecen mapas, engranajes, micro mundos, pequeñas ciudades para nuevas narrativas, más allá de que se encienda o de la fabricación específica de un juguete. Insisto en la materialidad y su transformación para un aprendizaje infinito, la incorporación de herramientas, la responsabilidad en el uso y su motricidad y la historia de los objetos, de los materiales y los objetos no como entidades inanimadas o pasivas. ¿Qué voces te quedan latiendo respecto a las infancias, experiencias con niñas y niños pequeños desde su voz propia? Bueno, estos juguetes Frankenstein es una práctica que hago mucho, esto de armar juguetes, por ejemplo, ponerles un motor con un peso excéntrico, o sea, un motor con un peso desviado del eje, que hace vibrar el objeto y lo hace desplazarse. En un taller en Rosario, trabajado con Chiqui González, un pibe me dice respecto a ese juguete con el eje excéntrico: “Es hermoso, no, es raro, pero es hermoso” y se queda callado. Yo tengo el tacto de quedarme callado, cosa que no siempre hago, y el pibe dice: “Es raro y es hermoso”. Él mismo resolvió internamente que el raro pero hermoso podía ser raro y hermoso. Y primero, para mí fue la confirmación pedagógica de crear un territorio para que acontezcan cosas, ¿no? Cómo seguir tirando de la rienda conductista para atrás, tanto como me sea posible, confiar en los materiales y en las herramientas. Y en la guía y dejar que pasen cosas. Y fue entender como un proceso constructivo puede llevar a reflexiones complejas como decidir que raro no es antiestético, que pueden ser categorías que se complementan. Entonces, me queda esa confianza de crear un territorio, proponer unas reglas, una serie de materiales, un conjunto de herramientas y ver un poco a dónde vamos. Sin un lugar específico donde llegar. ¿Qué es la belleza para vos en el trabajo que haces en relación a los dispositivos que construyen, dónde está la belleza o cómo consideras qué es la belleza? A mí me lleva a pensar que la belleza es un concepto en desarrollo permanente, ¿no? No tengo una definición estancada, pero creo que tiene que ver con lo ordinario y lo extraordinario, y tiene que ver con algo en lo ordinario que destella y que te captura sensiblemente, ya sea a través de la percepción, que rompe con un devenir cotidiano y mundano, y que me genera una pregunta, una sensación, me interpela de alguna manera. Yo diría que la belleza está ahí. Y que está en este binomio ordinario-extraordinario, donde en lo cotidiano hay una gema que está esperando que la desenterremos ¿dónde está? Un poco ahí. Puede ser algo pequeño también, ¿no? No tiene que ser necesariamente algo muy transformador ni disruptivo. Si la belleza está en la pregunta, en la pregunta también está el conocimiento y el pensamiento. Y también desde allí nos interpela.   Jorge nos interesaría saber ¿Cómo es tu relación con, o cómo entran en tu propuesta las familias, y también, ¿cómo podría o cómo juega con el Estado? Dos instituciones bastante crujientes, ¿no? últimamente. Sí. En relación a las familias, ahí, por ejemplo, mi experiencia en Flexible de Laboratorio es la de hacer actividades conjuntas. Para mí es importante eso, es difícil de regular, es muy común, especialmente con los papás, el tema de que quieran hacerse cargo ellos del uso de las herramientas, o que de repente el juguete ya es de ellos más que de las niñas y los niños. Hay mediaciones que hay que hacer, que son complejas, pero está bueno el espacio de vínculo, especialmente ahí en los territorios de educación no formal. Que la educación no formal no se transforme simplemente en un depósito de pibes frente a padres que... O están atareados o usan ese rato para descansar, para desconectar. Es desafiante porque, bueno, hay que interpelar a las familias o a los adultos responsables a involucrarse en un tiempo en el que, quizá, lo están contando para tener un tiempo libre propio. Y es importante no cuestionar esto tampoco, porque la verdad es que la vida está muy precarizada, Estamos pidiendo a familias con madre y padre, en el óptimo de los casos, con un trabajo cada uno, por ahí más, de un trabajo. Y entonces, hay que buscar los tópicos que las convoquen y hay que mediar. Son territorios donde hay que mediar más, pero es importante. Por ahí es más fácil ir a veces con los abuelos y las abuelas. Me parece que ahí hay extremos que se vinculan, personas que en el mejor de los casos cuentan con más tiempo libre, que tienen otro tipo de vínculo menos contaminado de cotidianeidad. Entonces, también hay oficios. Olvidados, viejas pasiones, nos pasó mucho ver aparecer adultos mayores con saberes respecto del tejido, del trabajo de la madera, del trabajo del hilo, de la tornería, de la mecánica. Ahí a veces es un poco más amigable. Y después, con relación a las familias, también proponerles un lugar donde se diviertan, o sea, tratar de invitarlas a conectar con un momento gratificante. Y después el Estado, bueno, el Estado tiene un rol importantísimo ahí. Para la escuela no me siento autorizado a hablar porque hace tiempo que no la transito, sigo por la experiencia de lo no formal. He participado mucho en espacios como Tecnópolis y espacios gubernamentales, en Ciudad, Provincia o Nación, para mi es vital que proponga ese encuentro con la familia, ese encuentro con otros espacios que no son los de la escuela, para la descompresión también para la escuela. Crear nuevas subjetividades, para que las personas puedan cuidar de lo público. Como la experiencia de Chiqui González en Rosario con el Tríptico de la infancia. Nos queda a nosotros pensar un montón de cosas en nuestra intervención, o nuestro estar en los territorios, en este estar con los chicos y las chicas ¿Cómo sería esto a futuro? ¿Cómo debería ser? ¿Cómo pensar a futuro? ¿Cómo pensar nuevas escenas? ¿Con qué sueñas? Yuc Hui, que es un pensador chino, publicó un libro que se llama Fragmentar el futuro: ensayos sobre tecnodiversidad. Fragmentar también es una palabra que a veces la tenemos cargada de connotaciones negativas. Cuando uno dice fragmentar está pensando en desarticular, algo que uno implícitamente lo ve negativo. Y él habla de fragmentar el futuro porque dice que hay que romper esta idea globalizante de la tecnología. Él habla de cosmo técnicas, de técnicas situadas y territoriales que tengan que ver con las necesidades y los desafíos concretos de la comunidad, desde comunidades a naciones. Y acá pienso en soberanía, en si es posible una soberanía tecnológica. O sea, dudo que fabriquemos semiconductores, pero me pregunto ¿Cuál es nuestro aporte tecnológico? ¿Qué necesita nuestro territorio tecnológicamente? ¿Y cómo acceder a eso? Para mí el futuro, estoy muy influenciado por este pensador, tiene que ver con fragmentar, con decir desde acá, desde aquí, desde ese lugar, para mí, los ensayos con medios electrónicos, con los medios electrónicos a los que podemos acceder. Los kits de robótica son cerrados, con experiencias ya prescritas, escritas, que solamente pueden pasar en el territorio de la escuela, porque las pibas y los pibes no tienen esos kits en las casas, porque se rompen y nadie en la escuela sabe cómo reparar. Después, por supuesto, hay gente que agarra el kit de robótica y hace cosas increíbles, siempre hay de todo, pero hablo generalizando. Desde ese lugar a mí me parece que hay que promover experiencias con las tecnologías que tenemos presentes, los cargadores de celular, los juguetes rotos, los motores, el movimiento y la narrativa siempre. Armar un mapa, contar, que aparezcan personajes, que haya una historia, que haya una tensión, que haya roles, buenos, malos, o qué? y cómo generar un territorio de objetos, materias y de herramientas para crear mundos y en esos mundos crear historias. Vinculando los medios electrónicos en la confianza de que pueda aparecer un enfoque de aproximación a la tecnología más situado, menos impuesto, menos importado. Patricia Redondo, Luciano Roussy, Alejandra Bianciotti, Walter Carrera, Daniela Sposato y Mercedes Montes Consejo de redacción de Argentina

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