Escuela 0-3. Pies descalzos

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Todos los seres humanos poseemos una parte arcaica, una parte que conecta con nuestra más pura esencia, que nos acerca a una conexión con el aquí y el ahora. Esta parte primitiva de nosotros y nosotras mismos nos hace vincularnos con las sensaciones, con todo lo que tiene que ver con la sensibilidad y lo sensitivo, con experimentar aquello que nos rodea. Los pies se convierten en un instrumento único, un elemento que posibilitará dicha conexión con los sentidos. Démosles por tanto la importancia que se merecen.

Imagina llegar a la playa o al campo: respiras profundamente, te sientas, te quitas los zapatos, después los calcetines, y apoyas los pies descalzos sobre la arena fina. El agua llega primero a la punta de los dedos de los pies y te hace consciente de que está un poco fría. O estás en el campo y apoyas tus pies sobre la hierba, que aún tiene gotitas de rocío… ¡qué de sensaciones! Desde la planta de los pies, un escalofrío recorre todo el cuerpo. Descálzate y piensa detenidamente, mientras caminas, qué sientes, qué percepciones, impresiones, emociones…, se transmiten desde tus pies hacia todo tu cuerpo.

Desde nuestra escuela, Molinos de Viento, estamos comprometidas con una mirada a la infancia desde la perspectiva del respeto, la escucha activa y el acompañamiento tanto a los niños y a las niñas como a las familias.

Por todo esto, es primordial que continuemos reflexionando y cuestionando temas que vivimos en las clases en el día a día.

Es importante que podamos seguir avanzando y aprendiendo mientras generamos debates dentro de nuestro equipo educativo, con argumentos y reflexiones enriquecedoras, que nos permitan evolucionar como profesionales y acercarnos, cada vez más, a las necesidades reales de los pequeños.

Así pues, en este artículo nos gustaría profundizar sobre el acompañamiento que hacemos en torno al tema de los pies descalzos.

Como educadoras y familias, ¿qué nos genera tanta tensión o incomodidad para que, a los niños y las niñas, en cierta manera, los impulsemos a ponerse los zapatos y no puedan andar descalzos? Hay múltiples respuestas a esta pregunta, pero una bastante generalizada es el frío. Los virus no se cogen por los pies. Por lo tanto, los catarros no se contraen del suelo. Numerosos estudios demuestran que los niños y las niñas no se constipan por caminar descalzos sin la intervención de otros factores. Las infecciones respiratorias como la gripe, los catarros y los resfriados comunes se transmiten de persona a persona por gotitas de saliva que se emiten al hablar o a través de nuestras manos.

Por el momento, cada vez son más los estudios neurológicos que avalan los beneficios de andar descalzos, no solo desde el punto de vista físico, sino también cognitivo y cerebral.

Basándonos en Arrizabalaga (2007), se pueden encontrar diversas ventajas:

• Favorece el desarrollo cerebral, ya que los pies cuentan con innumerables terminaciones nerviosas. Al favorecer que los niños y las niñas jueguen descalzos, se permitirá que su sistema nervioso comience a madurar.
• Estas terminaciones nerviosas se desarrollan tempranamente. Los pies del recién nacido tienen una sensibilidad táctil mucho más fina que las manos. De esta forma, en los primeros meses utiliza los pies para informarse del mundo exterior, los manipula con las manos y se los lleva a la boca, donde también se encuentran muchas terminaciones nerviosas sensitivas.
• Es preciso que la planta del pie del niño se ponga en contacto con diferentes tipos de superficies. Necesita estímulos táctiles, con presiones, texturas e irregularidades, para desarrollar la propiocepción, mejorar la posición y reforzar la musculatura.

Para ser aún un poquito más conscientes de todas las sensaciones que se pueden percibir a través de los pies, a continuación se va a relatar un día en la escuela de los pies de una niña llamada Valeria.

Antes de comenzar, se va a tener en cuenta que Valeria ha entrado en la escuela en septiembre aún sin andar. Sí tiene adquiridas posturas intermedias hasta llegar al gateo, sentarse… Después ha comenzado a ponerse de pie con puntos de apoyo; a continuación comenzó a andar arrastrando la silla o módulos que se encuentran en el aula y hoy en día está dando pasitos por sí misma.

Continuamos contando el día a través de sus pies. En una hipótesis donde Valeria llegara a la escuela y antes de entrar únicamente se cambiara los zapatos por otros de la escuela, sus percepciones a través de los pies sería el airecillo que le daría antes de volverse a calzar, luego sentiría los calcetines y la suela del zapato. Fin.

Pero, en este caso, la madre de Valeria ha comprendido el beneficio de estar descalza. Por tanto, cuando llega a la puerta de clase, la pequeña se sienta en la sillita, su madre le ayuda a quitarse los zapatos y los calcetines, y en ese momento sus pies se quedan totalmente libres. Pisan el suelo del pasillo –un poco frío–, pero nada más entrar en nuestro espacio sus pies sienten que está mucho más calentito. Hay diferentes temperaturas que puede apreciar a través de sus pies.

Cuando Valeria se desplaza hacia la zona de movimiento, siente que al estar encima de la colchoneta se encuentra más inestable y sus pies notan que, cuando se levanta, pasan de una zona dura a otra más blanda, al igual que cuando se sube encima de los módulos. En este ambiente de la clase, también tenemos unas placas con diferentes texturas –con cuerdas, puntitos que sobresalen, telas, etc.– donde el nivel sensorial igualmente se potencia, y observamos que tanto a Valeria como a la mayoría de los niños les gusta pasar por ahí, ya sea para tocarlo con las manos, por ejemplo, o para sentirlo según van andando con sus pies descalzos.

Ahora le apetece ir a jugar un ratito con los animales. Allí está puesta una parcelita de césped artificial: «¡Vaya! El césped hace un poquito de cosquillas en los pies al principio.»

Asimismo, las profesoras vamos prestando atención a muchos de sus desplazamientos, a cómo sus dedos y sus curvaturas se adaptan dependiendo del movimiento que la niña quiera realizar, o a cómo se concentra tanta energía en el dedo gordo para poder ponerse de puntillas, o ser capaz de subir a algún lugar, o incluso, cuando repta, la fuerza que puede llegar a hacer. Es fascinante reparar en todo ello, y aún más poder desarrollar todo el potencial, en este caso, de los pies de Valeria.

Más tarde, durante la siesta, los pies sienten una fina tela o mantita que los cubre para dar calor y descansan tranquilamente.

Cuando Valeria se levanta de la siesta, los pone de nuevo en marcha, ve como su madre llega a buscarla e intenta concentrar toda su energía en sus pies y en sus piernas para llegar más rápido a la puerta. Se vuelve a sentar en la sillita, siente sus calcetines, después los zapatos, y de vuelta a casa. Mañana descubrirá qué nuevas sensaciones le esperan y cuáles va conociendo del día a día.

Rocío Lobo y Patricia Moya, maestras de la
Escuela Infantil Molinos de Viento, Madrid.

Bibliografía
Arrizabalaga, N. F. «Reconquista de la práctica del interiorismo mediante la atención al diseño de sus elementos fundamentales». El espacio interior y el usuario. Ciudad Juárez, México: ucaj, 2007, pág. 23.

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