Experiencias. Nuestro Jardín: Los chicos y las chicas del Barrio

Dirán que pasó de moda la locura,
Dirán que la gente es mala y no merece,
Más yo seguiré soñando travesuras
(acaso multiplicar panes y peces)
S. Rodríguez

Cuando nos preguntaron sobre nuestro trabajo con las familias nos genero un gran desafío: pensar, sistematizar algo que muchas veces se va dando en las prácticas o como proyectos específicos. La concepción, la mirada –por cierto dinámica– que tenemos de las familias que concurren al Jardín tiene una historia en sí misma, un recorrido con aciertos y errores; de pasos y contrapasos. Pero siempre desde una certeza que atraviesa nuestra práctica de cada día y es la imposibilidad de entender las infancias por fuera de sus contextos familiares y barriales.

Cada niño, niña, niñe es parte de historias colectivas más amplias y ese es el entramado esencial que sostiene nuestras propuestas educativas. Conocerlas, saber quiénes son sus protagonistas, qué las moviliza?, cómo se organizan?, es una de las primeras inquietudes que nos traza un camino a recorrer. Nuestro desafío es realizar un esfuerzo intelectual de poder mirarnos a nosotras mismas ya que también traemos nuestras propias matrices, pertenencias de clase, improntas.

Nuestro Jardín…
Nuestro Jardín lleva el nombre: “Los chicos y las chicas del Barrio”. Es una institución pública dependiente del Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro y se encuentra en el barrio “El Frutillar” ubicado en la zona periférica de la ciudad de San Carlos de Bariloche, rodeado de bosques y montañas.

En la misma manzana del jardín se encuentran la Escuela Primaria, el Centro de Salud, la plaza, la Junta Vecinal y un Colegio Secundario Industrial entre otros. Hay una distribución interesante de los espacios, ya que ellos mismos nos convocan, nos encuentran con las familias. Así, con ellos y otros más distantes, como el Maternal Comunitario Nº 33 y Centro de abuelos participamos de reuniones institucionales, compartiendo con muchas de ellas la idea de un abordaje integral de y con las familias. Los encuentros “interinstitucionales” son espacios de comunicación para poder trabajar de manera conjunta, y tener estas diversas miradas que nos enriquecen y nos ayudan a pensar juntos estrategias de trabajo teniendo en cuenta que son las mismas familias que recorren las diversas Instituciones.

Cada día asisten 200 niños/as que son parte de familias con diferentes organizaciones, formas de trabajo, escolarización. A través de nuestros registros de datos habitacionales es posible observar gran diversidad de situaciones sociales, económicas y culturales. Es en esta singularidad que otorga la diversidad en dónde elegimos poner la mirada y trazar el punto de partida para la construcción de nuestra idea de lo común, del compartir, del coexistir en comunidad. Esta tensión entre lo singular / lo diferente y lo igual/ lo que es común a todos/as es una de las nociones a las que volvemos una y otra vez en nuestras charlas docentes: ser diferentes y parte del mismo proyecto.

Caminar el barrio, sus calles hacia el encuentro en los hogares
Un dispositivo que sostenemos hace años en nuestra Institución para conocer a las familias es el de las entrevistas domiciliarias; a partir de ellas indagamos acerca de las historias, las identidades, las formas de organización familiar, comunicación entre los miembros. Esta modalidad se vuelve un verdadero espacio de relación dialógica, de encuentro. Como en un partido amistoso, los locales se vuelven visitantes y son las familias las que nos abren las puertas dándonos la bienvenida y tornando todo menos burocrático y más distendido. Entre mates y tortas fritas se dan los diálogos y surgen los deseos, los miedos, las certezas, los dolores, las alegrías, los saberes de las familias.

 

Salir a hacer las entrevistas nos implica salir a caminar el barrio. Somos las docentes las que salimos de las paredes del jardín y nos encontramos con paisajes, información, vivencias que se convierten luego en oportunidades de experiencias pedagógicas situadas y contextualizadas. Enseñar y aprender se resignifica. Vivenciar nosotras estas experiencias nos ha permitido salir de impresiones o lecturas sociales estereotipadas dando lugar a la empatía, logrando así ponernos en el lugar del otro/a.

Y esto es maravilloso!! Se abren puertas que nos permiten ampliar nuestro lazo con las familias. Allí, encontramos tanta riqueza por sus formas de ser, al y recibirnos y contarnos sus historias de vida familiar. Con el paso de los años hemos observado que ellas también comienzan a acercarse al jardín con otra mirada. Se empieza a construir un puente de confianza y comunicación. Ésta es parte de la clave: la comunicación que va más allá del cuaderno del jardín nada más, sino en sentido amplio. A modo de ejemplo, si un niño/a se ausenta dos días al jardín lo llamamos pero no desde el reclamo sino desde el interesarnos por “qué le pasará”. Las razones pueden ser las clásicas de lo que le sucede a las infancias por ej., “está resfriado” pero a veces aparece el “no tenia zapatillas” o aconteció un emergente familiar y entonces la escucha y comprensión tiene que estar para acompañar, ayudar.

Todo esto que contamos es insumo que se va completando con datos que tratamos de organizar, sistematizar (concretamente en planillas) para luego poder pensar juntas. Los números cuentan cosas también. Registramos sus trabajos, alcances educativos, sus costumbres o culturas que nos resultan sumamente importantes. Por ejemplo, desde lo socio-económico, algunas familias trabajan en relación de dependencia vinculadas al turismo de Bariloche, hay trabajadores de la construcción, un gran número de mujeres son amas de casa o empleadas domésticas.

Desde acá tenemos muchísimo para transformar en contenidos de enseñanza, para pensar con los chicos y chicas si es que realmente nos proponemos una educación con sujetos críticos. Nos posicionamos ubicando en el trabajo como central y más aún, en estos tiempos de crisis cuando algunas familias vieron muy deteriorado su salario e inclusive lo han perdido teniendo que buscar opciones de venta en la calle. O recurren a comedores o alguna ayuda que nosotras podemos proporcionar. El jardín tiene que caminar al lado de estas vivencias y, no de otras imaginadas o ideales.

Las infancias son sensibles a las situaciones de crisis. El ánimo de las familias no es el mismo y no podemos mirar para otro lado: es, ocurre y debemos abordarlo escuchando a los chicos/as, conteniendo transformándolo en palabra dicha y abriendo también una red que cobije. Acá volvemos a la idea de comunidad del principio. En estas acciones / intervenciones son las que nos hacen ser parte de un “común” e intentamos que nuestras prácticas generen en los chicos y chicas y sus familias este deseo de serlo con nosotras.

De la misma manera abordamos el tema de las viviendas y una vez más la variedad desde la vivienda propia, terrenos compartidos u “ocupaciones”, algunas con gas natural y otras se calefaccionan con leña. Es importante conocer y preguntarnos cómo son sus lugares de juego?, a qué juegan los chicos / as en las familias?; y hasta a veces preguntamos con dolor si el juego estará presente.

El jardín como toda etapa escolar tiene que tener vinculación con la vida misma, tener sentidos. ofrecer otras miradas sobre el estar, el compartir siempre poniendo valor a sus historias y decisiones de cuidados y crianza.

Derechos e identidad colectiva… hacia la carrera de Miguel
Desde la educación Inicial tenemos la posibilidad, quizás más que en otros niveles educativos, de poder reunirnos y compartir con las familias costumbres, celebraciones y talleres. Por lo tanto, resignificar la calles del barrio ha sido y es importante para nosotras. Por ello, desde hace ya unos años hemos amasado y desarrollado un proyecto que hoy nos identifica: La Carrera de Miguel.

Miguel Sánchez era un joven atleta y militante que se encuentra desaparecido. Desde nuestro jardín hemos podido anclar nuestro trabajo educativo en su historia con mas fuerza por la búsqueda de nuestras identidades, el saber quiénes somos, el reconocimiento a partir de los derechos, con los chicos /as y junto a las familias. Hay una construcción cíclica desde lo personal a lo colectivo.

En el diálogo cotidiano, en la construcción de vínculos, en la relación Jardin-Familias hemos ido construyendo comunidad abordando problemáticas duras, tristes, incomprensibles como la violencia, los feminicidios, la falta de trabajo y, en contrapunto, otras, alegres, emotivas, esperanzadoras, como reunirnos para mejorar los espacios del jardín (pintura, limpieza de juegos, talleres con mujeres, etc). De todas estas realidades vividas y compartidas surgen nuestros sentires, nuestras emociones, nuestro posicionamiento. Hemos pensado colectivamente las formas e ideas que creemos son indispensables, justas y necesarias para afirmarnos desde el Derecho a la Educación asumiendo una perspectiva amplia, donde chicas y chicos, piensen y decidan cuáles son sus deseos, sus sueños y sus esperanzas.

Dos ejes en particular atraviesan el trabajo del año y nos los planteamos como Principios Educativos en nuestro PEI (Proyecto Educativo Institucional): la Perspectiva de Género y la Interculturalidad. Ambos los traccionamos cotidianamente, de no ser así no podríamos pretender reconocernos como un jardín que educa en clave de derechos. Lo hacemos a cada paso, en cada juego y propuesta. Sabemos que es una problemática que interpela a las familias pero por supuesto a nosotras.

En relación a las cuestiones de género nos pasa que una vez que visualizamos una situación de violencia ponemos todo nuestro empeño en accionar. Por ejemplo, tener la sensibilidad y habilitar la palabra a una mujer que finalmente se anima a narrarle a la maestra que sufre violencias habla de un dolor enorme de esa persona y también explica a un hijo/a que está desganado o muy activo. Hace apenas tres años una mamá de nuestro jardín fue víctima de un femicidio. Fue fuertisimo y demasiado triste. Son huellas muy dolorosas que elegimos transformar en vida: en cuidados, abrazos, en desarrollo de autonomía, en el saber decir No.

En Bariloche, respecto a la interculturalidad vivimos en tierras que fueron que habitadas por el pueblo Mapuche. Y, si registramos cuántas familias han migrado desde otros lugares u otros países como Chile, Bolivia, Paraguay es imposible no pensarnos como interculturales. En particular, queremos señalar que un alto porcentaje de la población de nuestra comunidad educativa tiene apellido mapuche. Sin embargo, sabemos que una gran parte de este porcentaje desconoce sus raíces o las niega. Indudablemente tantos años de persecución han cosechado su siembra. Es nuestro objetivo revisar estas historias, repensar y ser capaces de transitar procesos reivindicatorios. Como maestras, no-mapuches, nos hemos sentido más de una vez rebalsadas de emoción frente a una abuela que se acerca a compartir un kültrum (instrumento musical mapuche dotado de cuantiosa simbología) llenando de historia las salas, y cada año retomamos y tenemos presente eñ Wiñoy Tripantu (comienzo del nuevo ciclo de la naturaleza). La cultura mapuche nos mantiene aprendiendo todo el tiempo para poder enseñar; son las familias las que nos enseñan y todo se convierte en algo circular, como la cosmovisión que el Wallmapu plantea.

Después de todo esto que contamos pensamos que retomar ese camino hacia nosotros/as, hacia lo que somos y nos nombra en todos los sentidos, es lo valioso: estas infancias, el trabajo, nuestras formas de vivir y de ser. Son puntos de partida más hermosos y significativos para los chicos / chicas y sus familias porque en toda esta diversidad justamente encontramos lo que nos hace buscarnos: saber quiénes somos y en qué soñamos. Así, vamos tejiendo un proyecto real, común, el del jardín. No es para nada fácil. Es una decisión de trabajo que si o si tiene que ser colectivo y es más complejo e intenso. Nos gusta las palabras de Julio Cortázar “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos” algo de esto debe ser…

Laura Escalada
Alicia White
Abigail Jara
Mercedes Rayces
Mariana Lorenzo
Silvina Caballero
Liliana Molina
Adriana García
Pamila Farias
Gabriela Olsiewicz

 

 

 

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