Infancia y salud. Acompañar las comidas de los niños y las niñas. Consejos para comedores escolares y para las familias

El acto de comer, además de ser un proceso nutritivo, tiene connotaciones importantes, como satisfacción y placer, relaciones afectivas y espacio de comunicación familiar, identificación social, cultural y religiosa, etc. A la larga, configuran el comportamiento alimentario y pueden repercutir en el estado de salud de cada persona.

La influencia, principalmente de la familia, y de otras personas responsables de la alimentación de los niños y las niñas (como el momento de comer en la escuela), sobre sus hábitos alimentarios es trascendental y tiene múltiples ópticas: desde el tipo y la cantidad de alimentos que se ofrecen hasta la actitud y las relaciones en torno a la comida, pasando por los consejos o las recomendaciones que hacen los adultos y, sobre todo, a partir del modelo o ejemplo que se ofrece. También hay que tener presente la influencia que ejerce el grupo de iguales en las prácticas alimentarias de los niños y en la diversificación de sus gustos alimentarios. En este marco, los adultos pueden transmitir habilidades para que los más pequeños puedan gestionar estas influencias más críticamente.

La escuela infantil es un entorno idóneo para promover una alimentación saludable

La importancia del acompañamiento de la comida en la escuela

La educación de hábitos saludables, entre ellos la alimentación, ha de abordarse desde diferentes vertientes y desde diferentes sectores. Sin duda, la familia es lo más importante, pero el entorno comunitario, los servicios sanitarios y también la escuela tienen un papel trascendental.

La escuela infantil es un entorno idóneo para promover una alimentación saludable, en tanto que ofrece a los niños y las niñas alimentos adecuados desde el punto de vista nutricional y dietético, tanto en los menús de mediodía como en las posibles propuestas de desayunos y meriendas. También, e igualmente importante, conviene que el acompañamiento de los adultos –educadoras y monitoras– durante las comidas sea respetuoso, sin presiones ni coerciones y teniendo en consideración los gustos y la sensación de hambre de los niños.

El momento de la comida es una buena oportunidad para la transmisión de valores y hábitos

El comedor es también una gran oportunidad para conocer, respetar y amar la diversidad de costumbres y creencias que se manifiestan en la comida. La programación de menús del centro puede incorporar propuestas gastronómicas ligadas a las tradiciones culturales de la zona, así como algunas recetas típicas de otros contextos culturales y religiosos. Para tener en cuenta las prescripciones religiosas, se pueden encontrar soluciones respetuosas y operativas que permitan ejercer el derecho a la libertad religiosa y ética con pocas adaptaciones del menú estándar, con una propuesta vegetariana, por ejemplo (Guía para el respeto a la diversidad de creencias en los centros educativos de Cata­luña, que se puede consultar en: http://bit.ly/ 2AIPGwY).

El momento de comer en la escuela infantil ha de atender las funciones que apuntamos a continuación:

  • Proporcionar a los niños una comida de calidad, tanto desde el punto de vista nutricional como en relación con criterios higiénicos y sensoriales, en un espacio acogedor.
  • Desarrollar y reforzar la adquisición de hábitos higiénicos y alimentarios saludables –educación para la salud.
  • Fomentar el comportamiento y la utilización adecuada del material y de los enseres del comedor según la edad.
  • Promover los aspectos sociales y de convivencia de las comidas, en coordinación con la familia –educación para la convivencia y la responsabilidad).

¿En qué consiste una alimentación saludable?

Una alimentación saludable se define como aquella que es suficiente, equilibrada, variada, segura, adaptada al comensal y al entorno, y sensorialmente satisfactoria. Actualmente, la mayoría de entidades y organismos dedicados a la promoción de la salud a través de la alimentación coinciden en las características globales que deberían tener las pautas alimentarias para fomentar la salud y prevenir trastornos por excesos, déficits y desequilibrios en la dieta.

Así, en general, los modelos alimentarios más saludables se caracterizan por un consumo mayoritario de alimentos de origen vegetal –en nuestro entorno, frutas, hortalizas, legumbres, pan, arroz, pasta y aceite de oliva–, acompañados de pequeñas raciones de pescado, carnes magras, huevos y lácteos, y, para beber, agua.

No es adecuado, desde el punto de vista nutricional, forzar a los niños a comer por encima de su sensación de hambre

En este sentido, dar opción al hecho de que los niños y las niñas puedan consumir productos frescos, locales y mínimamente procesados, como frutas frescas, verduras y hortalizas, pan, pasta y arroz integrales, legumbres y aceite de oliva virgen, contribuye a aumentar la ingestión de hidratos de carbono, fibra, vitaminas y minerales, sin una excesiva aportación de grasas saturadas y grasas trans. Un consumo moderado de carnes y otros alimentos de origen animal, así como limitar los alimentos procesados, puede evitar un posible exceso de algunos nutrientes que son consumidos por encima de las recomendaciones –proteínas de origen animal, grasas saturadas, grasas trans, sal y azúcar–. De esta manera, en el entorno del comedor escolar –y también en casa– puede resultar una buena práctica permitir que los niños puedan repetir del primer plato y de las frutas y verduras frescas, y que se limite a una determinada cantidad, más moderada, el segundo plato –especialmente en el caso de las carnes.

La Organización Mundial de la Salud recomienda:

  • Priorizar los alimentos de origen vegetal.
  • Tomar fruta y hortalizas dos o tres veces al día y en cada comida principal.
  • Tomar varias veces al día pan, pasta, arroz u otros cereales, preferentemente integrales.
  • Sustituir la carne grasa y los derivados cárnicos por legumbres, pescado, huevos y carnes magras.
  • Utilizar aceite de oliva virgen para cocinar y para aliñar.
  • Escoger lácteos, preferentemente yogur natural, no azucarados.
  • Tomar poca sal y alimentos salados, y escoger sal yodada.
  • Minimizar el consumo de azúcar, alimentos y bebidas azucaradas.

La actitud de los adultos en torno a las comidas

¿Los niños y niñas tienen que terminarse la comida del plato?

Muchos estudios señalan que los adultos inducen a menudo a los niños y las niñas a comer más de lo que marcan las «señales de autorregulación innatas», es decir, más de lo que indica su mecanismo de hambre-saciedad.

No es adecuado, desde el punto de vista nutricional, forzar a los niños a comer por encima de su sensación de hambre, sobre todo teniendo en cuenta que, en la sociedad de la abundancia en que vivimos, uno de los principales problemas de salud pública es la obesidad, que también afecta a la infancia. En España, el porcentaje de niños con sobrepeso es del 24,6%, y con obesidad, del 18,4% (2015). Partiendo de la base de que los menús que se ofrecen en el comedor escolar son equilibrados y saludables, lo más aconsejable es permitir que el niño coma siguiendo su sensación de hambre y saciedad, evitando tener que insistirle o forzarle para que se acabe el plato. Este es uno de los principales consejos que se tienen en consideración en las estrategias de prevención del sobrepeso y la obesidad desde la primera infancia.

Instituciones de prestigio como la Academia de Nutrición y Dietética de los Estados Unidos y la Academia Americana de Pediatría también indican que hay que respetar la sensación de hambre y saciedad de niños y niñas, sin forzarlos a acabarse los platos si no tienen hambre, dado que son capaces de regular su ingesta calórica, y que esta varía de una comida a otra. Así, los adultos tienen la responsabilidad sobre el qué, el dónde y el cuándo, y los niños y las niñas son los que decidirán sobre la cantidad.

La sensación de hambre y la variabilidad en la ingesta pueden estar influenciadas, también, por la cantidad y tipología de alimentos consumidos a media mañana, así como por el intervalo de tiempo que separa esta ingesta de la comida del mediodía.

Según algunos autores, la actitud de insistir o forzarlos para que coman puede alterar los procesos innatos de hambre-saciedad, y esto puede traducirse, a la larga, en un consumo habitualmente superior a sus necesidades calóricas.

¿Lo tienen que probar?

La insistencia también puede dirigirse no tanto al hecho de que se acaben la comida, sino al hecho de que, al menos, la prueben o coman una determinada cantidad, con la voluntad de fomentar la diversificación y educación alimentarias y la inclusión de alimentos saludables –por ejemplo, la verdura– en la dieta del niño. En este sentido, se han hecho estudios para analizar cuál es la mejor manera para que los niños y las niñas aumenten el consumo de verdura, probando tácticas diferentes como por ejemplo recompensarlos, darles ejemplo, insistir para que hagan solo un mordisco, simplemente ofrecerla y ponérsela delante, y no hacer nada. Los resultados mostraron que ninguna técnica funcionó mejor que otra.

Múltiples estudios también indican que insistir a los niños u obligarlos –de maneras más o menos directas– para que coman un determinado alimento –y a comer por encima de su sensación de hambre, como ya se ha comentado– es contraproducente, y no conduce a una buena aceptación de aquel alimento.

En la misma línea, se han hecho investigaciones que demuestran que cuando se utilizan frases en que se destacan los beneficios para la salud de determinado alimento para que el niño lo consuma (por ejemplo, «te hará fuerte», «te hará crecer», «así serás más alto», «si te lo comes no te pondrás enfermo», etc.) se consigue el efecto contrario, es decir, los niños y las niñas lo asocian con un alimento menos agradable al gusto ycomen menos cantidad. Otros autores también sugieren que los niños tienden a ver las calidades «saludable» y «sabroso» como características incompatibles en un mismo alimento.

En este punto se tiene que considerar, también, la cuestión de la neofobia alimentaria, una característica importante del comportamiento alimentario de los omnívoros que en los seres humanos se manifiesta durante la niñez a través de una fuerte resistencia a probar alimentos nuevos, desconocidos o poco familiares. La neofobia tiende a disminuir con el tiempo, a partir de la exposición repetida a los alimentos y a medida que se van familiarizando con ellos.

El cuadro de la izquierda,, elaborado a partir de la información que proporciona la Academia de Nutrición y Dietética de los Estados Unidos, divide las responsabilidades de adultos y niños a la hora de comer.

Orientaciones sobre las cantidades de las raciones en el comedor escolar

Según lo que se ha descrito anteriormente, es importante tener presente que hay que adaptar la cantidad de las raciones a la edad y a la apetencia de niños y niñas, para que se adecue a sus necesidades, y también al entorno del comedor escolar.

La tabla 1 proporciona una relación de cantidades orientativas de diferentes alimentos en función del grupo de edad.

Aún así, y para que la cantidad servida realmente se adecue a las necesidades del niño, hay que permitir que este participe en la decisión sobre la cantidad que quiere comer, por ejemplo, dejando que pueda escoger si quiere una o más cucharadas, uno o dos trozos, etc. Hacer partícipe al niño sobre la cantidad que quiere comer, además de promover la responsabilidad sobre su alimentación, puede contribuir a evitar o reducir el derroche alimentario, porque se pueden ajustar las cantidades de manera más real que a partir de unos valores fijos y estándares.

Conociendo la aceptación de los diferentes alimentos y platos, se pueden prever las cantidades que hay que comprar y cocinar, después de que la programación de menús haya rotado una o dos veces. Para facilitar estos ajustes es necesario promover una comunicación fluida entre quien acompaña las comidas y la provisión de la cocina.

Actitudes hacia el niño con exceso de peso

La prevalencia de exceso de peso en la infancia en nuestro entorno se sitúa en el 43 %. También ante los niños y las niñas con obesidad o sobrepeso, la recomendación, firmada el 2007 por doce sociedades científicas de referencia en el campo de la nutrición y la pediatría, es que sean ellos mismos los que decidan cuánto y qué comen (siempre que se encuentren en un contexto en el cual los alimentos que estén a su disposición sean saludables) y se exhorta a la familia o a las personas que se encargan en la escuela para que eviten la imposición de restricciones u obligaciones, y que permitan que «el niño autorregule sus comidas y evite las conductas alimentarias restrictivas». En el comedor escolar, por lo tanto, no se recomiendan las propuestas hipocalóricas o «de régimen».

Diez consejos prácticos durante las comidas

  1. Escuchar al niño sobre la cantidad de comida que pide que se le sirva.
  2. Es preferible servir poca cantidad de comida y dar la opción de repetir. Esta es también una buena estrategia para reducir el derroche alimentario.
  3. Permitir que niños y niñas repitan del primer plato y de las frutas frescas, y limitar a una determinada cantidad el segundo plato –especialmente en el caso de las carnes.
  4. Asegurar que el agua sea fácilmente accesible y que no se limite su consumo. Es conveniente que el pan acompañe sistemáticamente las comidas y se evite utilizarlo como elemento de recompensa o imposición.
  5. Es habitual que la oferta alimentaria variada suponga el rechazo hacia determinados alimentos. Si bien hay que evitar coaccionar o forzar al niño para que los coma, es conveniente que los pruebe.
  6. Si un niño no quiere comer de forma habitual uno o más alimentos, se informará a la familia para que se pueda actuar de manera coordinada teniendo en cuenta su opinión.
  7. Facilitar un tiempo adecuado para comer con tranquilidad, que no sea inferior a treinta minutos ni supere el tiempo razonable para disfrutar de la comida.
  8. Prever un intervalo de tiempo bastante amplio entre el desayuno de media mañana y la comida –como mínimo dos horas.
  9. El momento de la comida es una buena oportunidad para la transmisión de valores y hábitos. También es un espacio idóneo para, valorando la edad y capacidad de los niños y las niñas, darles pequeñas responsabilidades en la medida de sus posibilidades.
  10. Mostrar una actitud respetuosa y amorosa hacia los niños y entre los adultos es trascendental para hacer del rato de la comida un momento relajado y agradable, a la vez que facilita la ingesta y la aceptación de los alimentos.

Gemma Salvador y Maria Manera, Agència de Salut Pública de Catalunya,
Departament de Salut, Generalitat de Catalunya.

Nota

Este artículo se ha extraído del informe técnico de la Agència de Salut Pública de Catalunya (Depar­ta­ment de Salut) Acompañar las comidas de los niños. Consejos para comedores escolares y para las familias.

Se puede descargar en http://salutweb.gencat.cat/web/.content/home/ ambits_tematics/per_perfils/centres_educatius/menus_escolars/programa_revisio_programacions_menus_escolars_catalunya_preme/documents/arxius/apats_escolars_castella.pdf

 

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