¿A qué jugamos? Dando en la tecla

«Teacher, ¿hoy toca computers

Con una pregunta llena de curiosidad y alegría contenida me reciben al llegar a clase. Es el momento de pasar un ratito saciando la intriga que despertará en ellos ver proyectada en la pared la imagen de un nuevo reto que superar, utilizando para ello las habilidades que han adquirido previamente para lograr finalizar lo que, a sus ojos, es solo un juego.

Es innegable, y en demasiadas ocasiones preocupante, que la tecnología ha llegado para quedarse y que las nuevas generaciones vienen al mundo para convertirse no solo en nativos digitales, sino también en dependientes de lo electrónico. Resulta inútil luchar contra su omnipresencia, hecho que inevitablemente también ha cambiado nuestro día a día como adultos y profesionales, y es hora de que las clases se abran a introducir estas ya no tan nuevas tecnologías en sus procesos de aprendizaje.

Son muchas las reseñas, los artícu­los y los estudios que se centran en las ventajas y desventajas de su uso, pero esto es solo un breve acercamiento al potencial didáctico que esconden. No solo suponen una herramienta visual de peso para la interiorización de conceptos espaciales tan complejos como abstractos y el desarrollo de herramientas lógico-matemáticas, sino que permiten implementar el reconocimiento del código escrito de forma inconsciente.

En la mesa, un teclado, un ratón y una pantalla, y en el suelo, con cinta y alguna que otra alfombra reutilizada, laberintos que llevar a la vida real, analizando los conceptos de izquierda, derecha, adelante y atrás o left and right, forward and backwards, formas de mover coches y algún que otro animal de plástico. Además, dentro de clase todo se transforma y, de repente, surge una forma útil de trasladar a la lengua extranjera palabras que comienzan a cobrar significado por primera vez de forma útil en su realidad.

Y todo eso a través del juego, no porque los enlaces web lo digan, sino porque cada objetivo está pensado para ser abordado desde un enfoque divertido, atendiendo a los intereses de los más pequeños y utilizando muchas veces recursos que, a pesar de lo que creemos, comienzan a desfasarse.

Los ordenadores de sobremesa ya no son tan comunes y se abre la puerta al uso de otros dispositivos. Las tabletas comienzan a dominar el mercado y hacerse hueco incluso como recurso en los centros escolares, y con razón. Pero no desaprovechemos el potencial de un ratón, que obliga al más pequeño a trabajar la psicomotricidad fina y gruesa, y la coordinación óculo-manual.

Te sorprenderán cuando levanten el ratón de la mesa para que el puntero deje de moverse. Te dejarán boquiabierto cuando pidan a algún compañero que apriete el botón derecho mientras él o ella hace clic en la barra espaciadora. Te emocionarán cuando te pidan escribir su nombre, a su peculiar manera, despertando su interés por la palabra escrita. Y, sobre todo, te agradecerán haber pasado una sesión en la que te empaparás de sus ganas de jugar y olvidarás que el objetivo era enseñar, porque estarán aprendiendo de la forma más independiente posible.

Porque sí, es día de computers. Y ese también es mi día favorito de la semana.

Tanausú J. Díaz Vega, Consejo de redacción de
Infancia de Canarias

 

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