Escuela 0-3. Un puente entre el hogar y el mundo. Compartiendo una experiencia del 0-3

La conferencia del acto de graduación de los nuevos alumnos titulados en Educación Infantil y Educación Primaria de la Escuela de Magisterio de Vitoria-Gasteiz se aprovecha para dignificar los tres primeros años, un tiempo importante y sensible de la vida.

A partir del momento en que recibí la invitación a participar en este acto de graduación no he dejado de pensar, de sentir, de repensar, de convertir en discurso el mensaje que iba a aportar. Agradezco la invitación por la confianza depositada en mí. Aceptando esta invitación, pongo mi presencia y mis palabras para dignificar estos tres primeros años, un tiempo importante y sensible de la vida. Soy una voz que habla del ciclo 0-3 con la alegría de pertenecer a esta profesión.

A continuación trataré de compartir una experiencia, una trayectoria y un camino andado con mucha ilusión durante más de treinta años. De mostrar el alma de una práctica cotidiana en la que estamos muchos profesionales, educadores, cuidadores…, de este primer ciclo de educación infantil no obligatoria, aunque lo parezca a veces.

En estos tiempos en los que nos toca compartir la crianza de los pequeños, desde nuestro rol de maestros, de educadores, de profesionales de la infancia, tenemos el compromiso de tomar consciencia de la época en que viven, de observarla para comprenderla y buscar soluciones posibles y positivas para los niños de ahora. De conocer las verdaderas necesidades del niño pequeño, haciendo posible que construya unos cimientos adecuados para su futura vida de adulto. Por lo tanto, cuidemos cómo lo hacemos.

Al reflexionar y al dejar constancia y además compartir nuestro proceso personal de aprendizaje ofrecemos referencias y estilos de un hacer, de una manera de hacer elaborada y amasada con errores, con aciertos, con frustraciones, con transformaciones…

Otra razón para estar aquí es el compromiso que siento con esta profesión, con esta vocación. Cuando empiezas te rodean las dudas, las ilusiones: ¿será mi profesión?, ¿hacia dónde me dirijo?, ¿qué opciones voy tomando?, ¿cuáles voy dejando?

Siento que ahora comienza para vosotros una etapa apasionante, ilusionante y desconcertante a la vez. Con vuestra disposición aprenderéis día a día cómo seguimos creciendo nosotras cada día ante ellos, ante las familias y sus criaturas.

Buscando inspiración para este día, la he encontrado en ellos. En la calma de Claudia en sus 5 meses, en la inquietud de Aitana en sus 2 años, en la voluntad de Erik, en el ritmo de Jare, en la mirada y en la armonía de los movimientos de Iraitz, en los síntomas y señales de Bryan…. En el aita de Ane, en la ama de Hodei… A todas y cada una de las familias y niños con los que he compartido mi vida, les debo un poco de la maestra que soy. Por haberme permitido equivocarme y aprender a ser mejor persona y mejor profesional de la educación infantil.

Una se hace pequeña al estar ante profesionales tan destacados de la educación que, desde su lugar, están procurando que la infancia se viva, y sobre todo que se viva con dignidad. Ante todos vosotros me siento pequeña pero también me siento útil. Como dice el título de un programa de radio, «He venido aquí a hablar de lo mío».

Nuestra mirada
Enfocamos nuestra tarea como un continuo aprendizaje, que tiene exigencias, pero también grandes recompensas, y que va creando estilo.

En el proceso educativo, es necesario tomar consciencia, adquirir conocimiento y darnos cuenta. Los detalles de nuestra vida cotidiana necesitan ser repensados e impregnados con pensamientos con la adecuada actitud educativa: lo que digo tiene que estar acorde con lo que hago, con lo que expreso gestualmente, no puedo ser contradictorio ante ellos. Cuando tenemos a un niño delante, debemos reconocer nuestra responsabilidad.

Hemos de ser tolerantes con uno mismo, vernos en el escenario, objetivar nuestras acciones. Revisarnos permanentemente. Mirarnos en la clase como espectadores nos dará claves para corregirnos y transformarnos, para ubicarnos en qué lugar queremos estar.

Hemos de sentir una necesidad profunda que explique por qué y para qué hacemos las cosas, ser un adulto que respeta, acoge y acompaña, y que para el niño sea digno de imitación.

La presencia del adulto sirve de referencia, de sostén y de modelo.

El adulto está presente pero no pone en marcha la acción. Es la libertad lo que pone en marcha la acción del niño, que aprende en el ambiente.

En nuestro estar con los niños y las niñas, procuramos que su vida cotidiana en la escuela sea tranquila, rítmica, estable y predecible, lo que les da un profundo sentido de la seguridad y el bienestar de la alegría por la vida.

Nos encontramos entre el hogar familiar y la escuela: estos años son un tramo, un periodo de tránsito entre dos entornos. Los niños y las niñas llegan de la casa, de la familia, con 4 meses, 18 meses, 2 años…, y al salir de nuestros centros irán a la escuela, al marco escolar. Permitámosles hacer esta transición.

Este tiempo «intermedio» es para vivir en un ambiente de útero, que da calor al alma, calidez física y anímica. Es la prolongación del hogar, donde yo, adulto, llego con buena voluntad, con cariño, con claridad, sin emociones fuertes, sin juzgar. Hay que ser, ante las familias y el niño, auténtico y verdadero.

Diferentes autores destacan la importancia de la primera maestra o maestro que nos acogió en la escuela. De esa primera persona que recordaremos, que dejó huella: una huella de bondad, de que soy tratado bien, adecuadamente, con respeto. De que los adultos se interesan por mí, los de mi entorno familiar y los del escolar, nuevo para mí. Como consecuencia, el mundo me trata bien, el mundo es bueno.

Seguramente cada uno de los que estamos aquí tendremos esos primeros recuerdos de la escuela: en una escuelita rural, en una escuela del barrio de nuestra ciudad… Os invito a hacer un momento de parada para recordar, visualizar a nuestro primer maestro: físicamente, era amable, su voz, sus manos…, sus movimientos, su carácter… ¿Qué imágenes tenemos de ellos?

Para un niño pequeño no hay cosas de poca importancia. Lo que hace en cada instante es lo principal, lo importante. Nosotros tenemos la tendencia de enseñarles cómo se puede hacer mejor, pero haciéndolo les quitamos la alegría de poder descubrirlo solos.

Nuestro trabajo está basado en tres pilares:

  1. La libertad de movimiento. Donde mejor se revela la individualidad y la personalidad del niño es en el juego libre. En cada estadio, el niño es autónomo, es capaz de tomar iniciativas, es ágil en cada postura, es capaz de abandonarla y regresar a ella. El adulto brinda el ambiente para que él se crea sujeto, se despliegue. Que pueda decidir, comparar y a partir de ahí tomar decisiones.
  2. Un entorno de buena calidad. El niño requiere un ritmo fiable en su vida que le ofrezca seguridad y le permita actuar libremente. Hay que preparar entornos óptimos, entornos profesionales que les den la oportunidad de ser competentes, crear espacios acordes con lo que la infancia necesita y ayudar a las familias a pensar qué cosas necesitan los niños y las niñas en casa. Sencillez y seriedad. Dar a los niños lo que nos piden no es darles lo que necesitan. «Yo te ofrezco aquello que tú necesitas, puedes hacer con ello lo que quieras.»
  3. Unas relaciones estables. El niño se relaciona íntimamente con los adultos vinculados con él. Modelo e imitación son las palabras mágicas que mejor designan esa relación. Es el adulto el que garantiza, a través de una relación cálida y reaseguradora, la capacidad del niño de vivir plenamente todo el placer y la alegría que tiene de moverse, de cultivar los vínculos humanos que dan confianza y seguridad al niño.

Son ejes, son pilares que proporcionan orden, seguridad, sistematización, sentido y coherencia en la vida cotidiana que el niño hace en la escuela.

Cuanto más «llena» y más «normal» sea la vida en la escuela infantil, tanto más estimulante es el entorno como campo de aprendizaje para el niño.

El aprender no es un proceso central, sino periférico. El niño no aprende alejado, en la distancia de su yo respecto a los acontecimientos, sino estando ligado a ellos.

La escuela le permite encontrarse a sí mismo y ser competente, recibiendo abrigo, calor, protección y cuidado.

Respecto a las familias, destacar que, para que niños y niñas se desarrollen adecuadamente, necesitan el contacto y la comunicación afectuosa con las personas importantes para ellos.

Son los padres y las madres los que traen a los niños y las niñas a la escuela, y lo hacen por diferentes motivos. Nuestra tarea no solo consiste en acoger a sus hijos, sino también en darles a ellos un espacio de relación diaria y de acompañamiento a propósito del crecimiento de sus hijos.

Cuidaremos con mimo el contacto diario en entradas y salidas, pues consideramos que son momentos en los que se intercambian aspectos importantes de la vida cotidiana de los niños y las niñas y de la familia.

Hay que respetar a las familias, acogerlas tal y como son. Que no se sientan juzgadas por sus prácticas educativas. Acogerlas y comprenderlas es lo que nos permitirá ayudarlas. Debe­mos cultivar la sensibilidad ante los niños y ante las familias.

También se favorecerá su participación, recogiendo los intereses y las necesidades que, en un momento dado, nos puedan expresar y que estén en consonancia con las propuestas educativas de la escuela. Estamos al servicio de las familias y trabajamos para ellas.

Pasar el testigo… a los recién graduados
Estar hoy aquí supone un acto de retrospectiva de mi vida profesional, de ver lo esencial que os podía traer para compartir. Y de alguna manera pasaros el testigo a los recién graduados.

Esto me trae al presente a mis maestros, de los que he aprendido lo que quería hacer y lo que no quería repetir. A los expertos, que han elaborado teorías y prácticas de las que nos nutrimos. Gracias a ellos he creado un estilo propio, con el que me reconozco y que cada día llevo conmigo. He aprendido que no lo hacemos mal, sino que lo podemos hacer mejor.

Quiero dar las gracias a mis maestros y a mis compañeras de trabajo por dejarme ser y hacerme un hueco para encontrar mi lugar, por escuchar mis explicaciones y reflexiones y por respetar mis silencios.

Por otro lado, quiero dar las gracias a los alumnos en prácticas que he tenido a mi lado. El abrir la puerta de la clase a los alumnos de esta escuela de magisterio y de otros centros permite conocer a los nuevos profesionales con los que compartiremos nuestra tarea, que son quienes continuarán en los centros y en la educación, y que serán nuestro relevo. Es nuestra responsabilidad dedicarles tiempo para que descubran lo peculiar de cada etapa de la educación y puedan apasionarse en la profesión.

Por cierto, la última alumna, hoy graduada, está entre vosotras. Gracias, Ane, por tus preguntas, por tus silencios atentos, por tu presencia y tu mirada, que nos creó interrogantes para buscar respuestas. Por compartir tu ilusión y la nuestra por esta profesión y por este primer ciclo de Educación Infantil.

Comienza para vosotros una nueva etapa, un trabajo que exige compromiso y dedicación. Eso los niños y niñas lo sienten, y esperamos que les transmita una imagen de adultos comprometidos.

Nuestra excelencia profesional es aprender con humildad para poder hacer un trabajo exquisito. Lo más importante es que te guste tu trabajo, que seas autocrítico y que sepas que puedes mejorar.

Cultivaremos y mejoraremos aspectos interiores como la escucha o la disponibilidad, con un trabajo de espera, de no anticiparnos ni precipitarnos. De ser autoridad estructurante, ser ejemplo digno de imitación. De ser coherente. De cultivar una verdadera presencia. De ampararles y tener confianza en su potencial y en el nuestro. De practicar un lenguaje significativo. Una consciencia gestual, corporal y verbal ante ellos.

Y además cultivaremos aspectos exteriores para crear envolturas con calidez física y anímica. Procuremos que los ambientes sean aptos para los sentidos y ricos en imaginación, que den calor al alma.

Daremos tiempo para el juego libre espontáneo. Posibilitaremos la vida en el exterior, al aire libre y en contacto con la naturaleza. Cuidemos y ofrezcamos materiales nobles que estimulen la actividad sensorial, objetos que permitan actuar, no pongamos cosas absurdas ante ellos.

Hemos de proveer al niño de la libertad y de la quietud para el juego espontáneo dentro de un grupo. La clase irradia un aire hogareño para jugar libre y creativamente estimulando su sociabilidad.

Y para ir terminando me gustaría compartir algunas palabras que nos dejan las familias como despedida y agradecimiento al salir del centro:

 

Eskerrik asko,
Nire gurasoak ez daudenean zaintzeagatik
Maitatzeagatik
Nirekin jolasteagatik
Patiora egiten ditugun txangoengatik
Abestiengatik
Gelan bazkaltzen uzteagatik
Mimoengatik
Txoriak zaintzen eta maitatzen erakusteagatik…eta horrekin batera, bizitza beramaitatzen erakusteagatik.
Triste nagoenean maitasunez laguntzeagatik.
Eskerrik asko ematen didazuen guztiagatik.

Jare, 2013

….poco a poco con vuestra paciencia y dedicación conseguisteis que fuéramos dejando ir a Izan de nuestro lado, a nuestro pequeñín… Yo muchos días me he ido triste pero a la vez tranquila viendo que se quedaba contenido y consolado en vuestros brazos.

A él creo que le habéis aportado mucha calma y serenidad, que es lo que más ha podido necesitar, entre otras muchas cosas.
Izan, 2015

Ikasturte bakarra izan bada ere, itzela izan da.
Iraitz, 2015

Gracias por cada cucharada que lo ha alimentado, por cada pañal que le habéis cambiado, por cada cuento contado, gracias por cada canción, gracias por los colores y la magia…
Garaitza, 2015

Despedida
Antes de concluir, quiero destacar el papel de la escuela infantil como un espacio y un sistema preventivo y compensatorio, que puede ser de detección y de ayuda en casos de dificultades diversas en las que es preciso intervenir.

Disponer de recursos de atención temprana es imprescindible. Una intervención a tiempo y un apoyo a las familias es parte de nuestra responsabilidad.

Hemos de admitir nuestras limitaciones y valorar nuestros recursos, contemos con lo que contemos. Podemos hacer mucho por ellos, pero no todo. Quizás necesiten otra ayuda, que encontraremos y derivaremos a otros profesionales especializados.

Espero haber contribuido a resaltar el valor de nuestra tarea educativa. A hacer que sea más reconocida nuestra etapa y nuestro ciclo de 0 a 3 años. A comprender sus peculiaridades.

Podemos elegir cómo hacemos nuestra tarea. Necesitamos técnica y entrenamiento, formación y práctica.

Ojalá disfrutéis de la profesión tanto como yo.

Mi agradecimiento especial a todos los que me habéis ayudado a estar hoy aquí.

Conferencia del acto de graduación de los nuevos alumnos titulados en Educación Infantil y Educación Primaria de la Escuela de Magisterio de Vitoria-Gasteiz, 10 de noviembre de 2016.

Montse Meana, Escuela Infantil Municipal Sansomendi de Vitoria-Gasteiz

Associa't!

Encara no ets sòcia de Rosa Sensat? Ara i fins a l'Escola d'Estiu ampliem la quota jove fins els 30 anys. Associa't i matricula't a qualsevol formació per només 70€!
Fes-te'n ara!