Escuela 0-3. Una nueva mirada al taller de arcilla

El objetivo inicial para todos los niños y niñas en el momento de hacer esta propuesta de taller –adecuándola a cada grupo de edad en cuanto a la presentación, a la agrupación de los niños y en relación con el espacio– era darles la posibilidad de disfrutar del contacto con este material para explorar las calidades sensoriales que favorece.

No os pasa a veces que, paseando o viendo alguna exposición o espectáculo, pensáis: ¿cómo sería esto en la escuela, cómo sería en manos de los niños y niñas? Un día me pasó de una manera especial.

Fue hace muchos años, durante unas vacaciones en París, cuando visité el Centro George Pompidou. Como es sabido, este centro cultural, entre otras propuestas, promueve iniciativas de arte contemporáneo dirigidas a los niños a través de la creación y la experimentación. Pues aquel día tuve la suerte de poder conocer una, asistiendo a un taller que estaban haciendo niños y niñas de 6 a 8 años en un espacio supergrande.

En este taller los niños experimentaban con bloques de arcilla y combinaban, apilaban, encajaban y disponían los diferentes bloques a modo de construcción arquitectónica, a modo de escultura y a modo de habitáculo por donde se podía transitar. Aquellos niños y niñas compartían entre ellos sus probaturas, sus interrogantes, sus ideas, sus propuestas e hipótesis, y sobre todo expresaban el entusiasmo del proceso. Mientras, el adulto que los atendía estaba disponible, cercano, los escuchaba, hacía alguna sugerencia pero casi no hablaba. Esto me gustó y me hizo pensar sobre el papel del adulto durante el tiempo del taller.

Rodeada de esta atmósfera tan especial, me hice la pregunta: ¿cómo sería esto en manos de los niños?, ¿cómo se podría repensar esta propuesta para ofrecerla a los niños y las niñas en la escuela infantil?
Este artículo es, por lo tanto, un pequeño relato que quiere intentar mostrar algunas de las respuestas que fui encontrando, pero también los nuevos y antiguos interrogantes que fui descubriendo a raíz de la inspiración y el bello contagio que me hizo poder vivir en vivo y directo aquel taller de arcilla en el Centro George Pompidou para así probar de elaborar el proyecto, que llamé El Taller de Arcilla.

Hay que decir también que, si bien lo que aquí explico es fruto de las experiencias vividas durante los muchos años que he trabajado en escuela infantil, también lo es del hecho de ir compartiendo esta propuesta en espacios de formación y haciendo algunos talleres en escuelas amigas.

Antes de empezar, querría hacer una aportación por si resulta conveniente: muchas veces al material se le denomina barro, pero creo que es mejor llamarlo arcilla porque, de hecho, hay una diferencia grande entre ambos conceptos. Desde mi punto de vista –y entre otras causas–, el barro es la mezcla de agua y tierra que se produce debido a la lluvia, y lo podemos encontrar por los caminos o bien en los márgenes de los ríos, y también por la acumulación de tierra en un charco de agua estancada. En cambio a la arcilla tenemos que darle una categoría más noble –como pasta cerámica que es–, porque tradicionalmente permite la creación de objetos cerámicos que forman parte de la cultura popular en todo el mundo. Y todavía una sugerencia más para ofrecer a los niños y niñas: además de la arcilla roja –que quizá es la más habitual en las escuelas–, hay otras pastas cerámicas, como la arcilla refractaria y el gres.

Punto de partida
Para poder encontrar respuestas a las genuinas preguntas que me surgieron a partir del bonito contagio con el taller que viví en París, para empezar se me hizo necesario repensar:

• El número de niños y niñas que participarían, y en este sentido encontré oportuno hacer agrupaciones pequeñas.
• Cómo habría que presentar la arcilla: ¿encima de las mesas, en el suelo con un apoyo?
• Qué otros materiales podíamos ofrecer para enriquecer la expresión compositiva de niños y niñas en diálogo con la arcilla.
• Si haría falta hacer alguna adecuación del espacio donde se realizarían los talleres.
• Cómo y cuál tenía que ser el papel del adulto durante las sesiones. En este sentido enseguida lo tuve claro: debía estar disponible, cercano y desde una actitud de escucha, lo cual siempre tiene que ser posible en cualquier momento en la escuela.
• Hacer un proceso de seguimiento a fin de observar:

• Qué acciones, relaciones y descubrimientos hacen preferentemente los niños con la arcilla.
• Qué lenguaje interviene por parte de los niños, y qué respuestas emocionales expresan los niños durante los talleres.

El objetivo inicial para todos los niños y niñas en el momento de hacer esta propuesta de taller –adecuándola a cada grupo de edad en cuanto a la presentación, a la agrupación de los niños y en relación con el espacio– era darles la posibilidad de disfrutar del contacto con este material para explorar las calidades sensoriales que favorece.

Algunas maneras de presentar la arcilla
En esta propuesta, y desde la inspiración inicial que me permitió el taller de París, además de las presentaciones que hacemos habitualmente, repensé la tradición de estas presentaciones para ofrecer la arcilla de otras maneras, como partir de formas y medidas diferentes: esferas, espirales, círculos, churros, cubos, pequeños pedazos, cilindros…, así como también en placas planas, circulares, cuadradas e irregulares.

Algunas respuestas a las preguntas iniciales
Se observa que la arcilla en manos de los niños –a partir de esta nueva manera de presentarla– invita a nuevas acciones, relaciones y descubrimientos: la capacidad perceptiva y persistente de los niños y niñas implica así la atención, la concentración y la observación atenta, así como la adecuación del cuerpo en cuanto a la postura, al tono muscular, al gesto y la mirada para ir probando, combinando, repitiendo, corrigiendo…

También se observa que la arcilla permite percibir sensaciones diferentes por lo que se refiere a la textura y a las calidades táctiles –plasticidad, suavidad, ductilidad…, tactos pegajosos, blandos, duros…–, así como a las sensaciones térmicas –como por ejemplo frío, calor, humedad, sequedad…–, y también al peso en función de la medida de los volúmenes que ofrecemos.

Con relación a las acciones que los niños y niñas desarrollan preferentemente, si bien la arcilla asume diferentes formas cuando la presentamos, estas crean cambios en función de lo que los niños hagan con las manos o los dedos. Así, van descubriendo y experimentando acciones como por ejemplo tocar, pellizcar, palpar, hacer rodar, agujerear, estirar, amontonar, aplastar, retorcer, pulsar, golpear, alisar, allanar, enganchar, hacer pequeños pedazos, seriaciones y repeticiones, hacer relieves, incisiones y construir volúmenes a modo de esculturas combinando las diferentes formas.

Otras acciones interesantes que los niños y niñas hacen frecuentemente son: reseguir con la puntita de los dedos, o con un dedo solamente, el contorno de las formas de los volúmenes, dejar rastros –ex profeso– en las superficies donde se explora con la arcilla, experimentar la posición de los volúmenes en vertical y horizontal, hacer gestos delicados y suaves o más bruscos o impulsivos en función de lo que quieren hacer. A la vez, van descubriendo y probando las acomodaciones y coordinaciones que conviene hacer con el cuerpo, mientras componen volúmenes creativos intencionadamente o bien a partir de los que por azar acontecen.

Además del «lenguaje silencioso» con el que algunos niños hacen visible –a través de la expresión facial y el gesto corporal– la emoción de sus descubrimientos, la comunicación y el lenguaje verbal y la comunicación entre las personas que participan en los talleres son también importantes, por una parte para expresar y dar a conocer los descubrimientos, las sorpresas, las dificultades…, y también para imitar, cooperar, compartir, participar o para dar categoría simbólica a las producciones creativas que van haciendo los niños, a menudo desde las palabras pero también desde los silencios.

Así pues, podemos decir que el lenguaje verbal en esta propuesta de taller es importante en cuanto al enriquecimiento del vocabulario referido a las percepciones sensoriales, a los materiales y a las formas que resultan. Igual de importante ha sido el lenguaje simbólico –como se decía anteriormente–, en cuanto a dar categoría a los volúmenes creativos a través de los sonidos y las onomatopeyas que los niños y niñas expresaban. También hay que destacar las respuestas emocionales de los niños al expresar curiosidad, alegría, placer, diversión, entusiasmo y también, en algunas ocasiones, decepción y desencanto.

Y además…, que no es poca cosa…
Para que los niños y las niñas descubran otras oportunidades compositivas, también se pueden ofrecer varios materiales y elementos naturales, como por ejemplo guijarros, piedras, conchas, ramitas, trozos de caña de bambú, hojas secas… Así favoreceremos la combinación y el diálogo entre sus materiales y la arcilla.

Hay que destacar también, para favorecer en los niños el valor del cuidado y el reciclaje de este material –la durabilidad y la plasticidad de la arcilla para poder utilizarla de manera óptima en los sucesivos talleres–, la conveniencia de guardarla haciendo pequeños pedazos que se van dejando dentro de unas bandejas, hacer lo cual –justo es decirlo– les encanta a niños y niñas. A medida que la base de la bandeja se va llenando, se le echan unos toques de agua con una botellita vaporizadora. Cuando ya tenemos toda la arcilla a pedazos dentro de la bandeja, la cubrimos con unos trapos y ponemos las bandejas dentro de bolsas de plástico. Conviene que cada dos o tres días vayamos revisando la arcilla, dándole unos toques de agua y amasándola un ratito.

Después de recoger la arcilla, nos disponemos a limpiar las mesas con bayetas, e invitamos a los niños a participar de este momento.
Animo a todo el mundo a que probéis esta propuesta, y veréis –como siempre me pasa a mí– la espontaneidad, la libertad, las acciones llenas de frescura y la curiosidad que despliegan los niños y las niñas ante este material, la arcilla, porque más allá del resultado final está el proceso en libertad de hacer, en una actividad que se mueve entre el juego, la imaginación y el aprendizaje.

Montserrat Nicolás, maestra de escuela infantil.

 

 

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