Escuela 3-6. Nuestro pequeño bosque 25 años creciendo

Descubrir la riqueza de lo natural como medio para aprender y aprender que la riqueza de la vida está en la naturaleza son vectores que se encuentran en un mismo espacio que se llama Nuestro Pequeño Bosque. Un lugar creado para demostrar que existen formas de educar respetuosas con el crecimiento y con el aprendizaje. Un lugar que activa los intereses y que cambia con las necesidades.

Hace unos meses, nos invitaron a participar en una mesa redonda para compartir nuestra experiencia con el alumnado y el profesorado del Master de Innovación de la Universidad de Oviedo. Lo primero que nos vino a la cabeza fue si estaríamos innovando con un bosque. Menuda paradoja… ¿Qué puede haber más antiguo que un bosque? Pero si innovar es introducir cambios que provoquen una mejora, pues sí, estamos innovando, ya que el uso planificado de este espacio mejora la calidad del aprendizaje y lo hace más inclusivo y funcional. Y si innovar es dar respuesta a nuevas necesidades, pues sí, estamos innovando, ya que las niñas y los niños de hoy nos están pidiendo a gritos mayor contacto con la naturaleza y más posibilidades de acción y experimentación.

Integrar un bosque en un proyecto educativo es un proceso similar al que tendría que llevarse a cabo si quisiéramos integrar cualquier otra iniciativa didáctica. Lo necesario es construirlo sobre los cimientos que sostienen un centro, los cuales constituyen sus principios. Cada centro tiene unos principios propios que lo describen y le confieren una identidad única. Por esto no puede implantarse cualquier práctica educativa en cualquier centro, sino en aquellos centros cuyos principios vayan en esa misma línea.

Algunos de los principios educativos que perfilan nuestro proyecto nos dicen cuando llegamos a él que «No eres del Marcos…»:
• Si no ofreces oportunidades de exploración, manipulación y experimentación.
• Si no te preocupas por un espacio bello y cuidado que invite a la comunidad educativa a querer mantenerlo y conservarlo.
• Si no eres respetuoso con el medio ambiente y conocedor de las muchas oportunidades de aprendizaje que la naturaleza nos ofrece.

Nuestro proyecto se ubica bajo el paraguas constructivista y tiene como eje central la vida cotidiana. Damos un valor especial a lo que le ocurre cada día, convirtiendo estos momentos en grandes oportunidades de aprendizaje.

Desde esa necesidad de crear momentos y situaciones de aprendizaje en la vida cotidiana y desde el convencimiento de que cualquier espacio puede ser susceptible de convertirse en un espacio para aprender, las profesoras que en 1994 formaban el equipo de Educación Infantil en el Marcos del Torniello, un equipo educativo con muchas horas de formación en su trayectoria profesional, impulsaron el diseño de este proyecto al sentir la necesidad de aprovechar un espacio que había dentro del recinto escolar que no estaba en uso.

Es así como nace Nuestro Pequeño Bosque. La ilusión y el tesón de un equipo de profesoras se convierten en un legado importante para las maestras que hoy, veinticinco años después, formamos el actual equipo educativo del Marcos. Una gran responsabilidad por su alto valor educativo.

En aquel momento, el equipo se asesoró con una ingeniera forestal y decidieron que la mejor opción para ese terreno con desnivel sería plantar un bosque con especies autóctonas de las tres zonas en las que se divide el paisaje natural asturiano: litoral, valle y alta montaña.

Así fue como se pusieron manos a la obra: midieron las distancias que iban a necesitar los diferentes árboles al crecer y solicitaron ayuda a toda la comunidad educativa para sacar adelante esta iniciativa. El ayuntamiento trajo tierra, se pidieron las especies autóctonas más apropiadas a un vivero ecológico, la asociación de ganaderos del concejo de Avilés proporcionó el abono y las familias, las familias de las propias educadoras y los niños y niñas, fueron las encargadas de trasladar la tierra a la parte de atrás del cole, de cavar los hoyos y de plantar todos los árboles.

Durante años el bosque se cuidó como si fuera un tesoro, para que se convirtiera en este espacio pensado para el conocimiento, para el juego y para aprender a querer la naturaleza. Un espacio que iba a tener un crecimiento natural para aproximarse a la situación de un bosque diverso donde la participación del ser humano se limitaría a usarlo y protegerlo.

Todos los árboles se rodearon con piedras para protegerlos. Esa es una labor que seguimos haciendo en la actualidad. En invierno, en los días en los que el frío nos impide salir al bosque, hacemos actividades de conservación como pintar las piedras que rodean los árboles –así diferenciamos estas de otras que nos sirven para jugar, crear y construir– o repintamos los carteles con los nombres de los diferentes árboles. Estos carteles nos permiten no solo diferenciar los distintos árboles, también nos ofrecen la oportunidad de trabajar la lectura y la escritura, haciendo búsqueda de palabras. Además, las piedras se convierten en piezas valiosas para crear arte y para la construcción de todo cuanto imaginemos.

Las familias, siempre cerca de la vida del colegio, nos construyeron las jardineras donde habitualmente tenemos fresas y, en invierno, jacintos y tulipanes. Además de cuidar las plantas, realizamos otras actividades, como observar su crecimiento, medir alturas y hacer comparaciones que después se registran.

Con motivo de la participación en un proyecto de salud, hace años que se suprimieron las bollerías en el centro, sustituyendo el aperitivo de la mañana por fruta fresca, que diariamente pelan y preparan las profesoras. Los residuos orgánicos producidos diariamente son trasladados por los niños y las niñas a un cubo, que es vertido en la compostera por el grupo que salga ese día al bosque. Después se tapa con hojas secas para poder elaborar compost y abonar las jardineras. Así convertimos nuestro bosque en un espacio sostenible.

El bosque es para el centro una fuente inagotable de recursos, aunque solo con las piedras, los palos, los frutos y las hojas ya tenemos material para todo el curso. Todos estos elementos que nos proporciona el bosque son recogidos, prensados en el caso de las hojas, clasificados y almacenados para el uso en los talleres trimestrales con familias y para otras actividades de clase. Esta es una labor que lleva tiempo. Las hojas se pueden clasificar por su forma, por color, por tamaño; los frutos del madroño, la cáscara de la bellota, las bayas del laurel o del enebro…, todo ello es recogido y convenientemente almacenado, y son tareas, labores cotidianas, que, desde el bosque, nos permiten acceder al currículum.

Si hay un aspecto que marca el transcurso de la vida cotidiana en un bosque es el paso de las estaciones y la influencia de las mismas en su aspecto; por ello, la programación de ta-reas está organizada en torno a las mismas.

Durante los primeros días de septiembre, centramos nuestro trabajo en poner a punto el bosque tras las vacaciones de verano, así que miramos el estado de la compostadora y sacamos el abono que ya esté listo. También limpiamos las malas hierbas de las jardineras, sacamos los bulbos de los tulipanes y recogemos la producción que haya (normalmente tenemos fresas). También recolocamos las piedras que rodean los árboles y retiramos las que estén deterioradas para volver a pintarlas en los días de lluvia o frío que no salimos al bosque.

En otoño, además de seguir haciendo tareas de mantenimiento como retirar hojas secas y reservarlas para tapar el compost, dedicamos las salidas al bosque a conocerlo más detenidamente, comprobamos el estado de los frutos del acebo, laurel, peral, manzano, grosellero, arándano, avellano, madroño, e iniciamos el estudio de algún árbol o arbusto. Normal­men­te solemos empezar por el manzano o el castaño con la intención de contextualizar el Amagüestu (fiesta con la castaña y la sidra de protagonistas), ya que es una de las primeras actividades complementarias generales del centro, que busca fomentar el arraigo a las tradiciones culturales asturianas.

Pero el estudio de los diferentes árboles va más allá, porque investigamos los diferentes tipos de hojas, sus partes, formas, color y tamaño. El prensarlas permite observar todos sus atributos, compararlos y registrarlos en el herbario.

Los pequeños animales que viven en nuestro bosque también desempeñan una labor fundamental en el mismo. Los bichos bola o los caracoles son necesarios para la descomposición de los residuos orgánicos del compost.

Con la llegada del invierno, nuestro bosque se prepara para un descanso vital, así que nuestras tareas se centran en la limpieza y abonado de las jardineras para la siembra de los bulbos, que vemos crecer semanalmente, registrando la medida del tallo o haciendo seriaciones con las fotografías tomadas en diferentes momentos de su crecimiento. Observamos diferencias entre árboles que han perdido todas sus hojas y los que las siguen manteniendo durante el invierno. También estudiamos los arbustos que florecen por el invierno, como el rusco y el brezo, o las plantas trepadoras, como la hiedra, la madreselva o el arándano.

En esta época del año, debido a las lluvias, en la parte baja del Pequeño Bosque se forman charcos que nos invitan a experimentar con la flotación de diferentes elementos como hojas o palos, pero también hacemos barquitos de papel para la ocasión. Los ponemos a navegar y soplamos para que lleguen lejos. Nos ponemos nuestras botas y salimos a disfrutar de una jornada distinta en este espacio.

Iniciando la primavera, y a la vuelta de las vacaciones del segundo trimestre, nuestro bosque va despertando de su largo letargo: comenzamos a ver en los árboles sus primeras yemas, que a medida que vayan creciendo darán nuevas hojas. Es el momento de reponer las piedras alrededor de los troncos y plantar los carteles con los nombres de los árboles.

Se escucha vida en el bosque: sentimos pájaros que regresan a anidar, por lo que sacamos las casitas y las colgamos por algunos árboles para dar cobijo a los polluelos, y también ponemos comederos hechos con tubos de cartón, miel y alpiste. Comprobamos cómo en una semana desaparece el alpiste y lo reponemos.

Empezamos a ver pequeños insectos, hormigas, mariquitas, arañas, así que instalamos el hotel de insectos que nos hizo el abuelo de uno de los niños de 5 años e intentamos verlos con una lupa una vez estén instalados.

La primavera es época de polinización, de forma que investigamos cómo algunos insectos desempeñan una función primordial en este proceso. Para ello diferenciamos las partes de la flor y distinguimos entre flores femeninas y masculinas, y observamos aquellos árboles que tienen de los dos tipos.

En esta época del año, el bosque es un lugar donde se está muy bien; los árboles comienzan a dar la sombra necesaria para no tener frío ni tampoco exceso de calor, así que también se convierte en un espacio de juego y de arte.

Ya finalizando el curso, con la llegada del verano nuestro bosque se convierte en el refugio contra el sol. Son muchos los días que disfrutamos jugando al lobo entre árboles, a buscar el tesoro, o a investigar libremente con las lupas… Es tiempo de recogida. Algunos frutos, como los miruéndanos, ya estarán listos, y si no, los recogemos a la vuelta de las vacaciones de verano.

Quitamos los carteles de los árboles para que no se deterioren, limpiamos las herramientas de trabajo para que estén en perfecto estado para la vuelta en septiembre y nos despedimos de él invitando a las familias a compartir unas brochetas de fruta tras la maratón de fin de curso.
El tiempo pasa y las necesidades cambian. Desde hace tres años, a raíz de la formación recibida en nuestro cpr de referencia, el cpr Avilés-Occidente, sobre «Fundamentos de la metodología Montessori», hemos incorporado a nuestro proyecto un nuevo espacio de aprendizaje: un laboratorio Montessori al que, en un principio, acudían los niños y niñas agrupados por niveles. Desde el primer momento, hemos tenido nuestro pensamiento puesto en encontrar la manera de acudir al laboratorio en grupos heterogéneos, ya que así se promueve, de forma natural, la socialización y el aprendizaje por observación.

Acudir en grupos heterogéneos requiere de una reorganización de los recursos personales y de la organización de las tareas de participación de los niños que transcurran simultáneas en el tiempo.

Esto nos llevó a pensar en la programación de talleres, donde, diariamente, sean los propios niños y niñas quienes se apunten de forma autónoma, eligiendo libremente el taller al que quieren acudir, bajo la consigna de no repetir taller durante la semana. Esos talleres serán: la Biblioteca, el Laboratorio Montessori y, por supuesto, Nuestro Pequeño Bosque. Esta fue nuestra apuesta por la socialización y por la convivencia. Buscar grupos formados por niñas y niños de 3, 4 y 5 años para el Espacio Montessori fue una necesidad, y también un pretexto, que dio lugar a los talleres multinivel que hoy forman parte de nuestro horario y que pusimos en marcha este curso.

Por cierto, seguramente os podéis hacer una idea de cuál de los tres es el más concurrido y más querido… Nuestro Pequeño Bosque.
Ahora, acuden siempre que quieren y siempre lo hacen con niños y niñas distintos a los que acudieron en ocasiones anteriores, lo que lo convierte en una experiencia más enriquecedora, si cabe. Los niños y las niñas de menor edad aprenden a trabajar en el bosque por observación de los niños mayores, que ya son expertos en esto de cuidar y querer el bosque.

Nuestro bosque es un lugar mágico, y por eso lo cuidamos como si fuera un tesoro. En él aprendemos a querer la naturaleza y a valorar todo cuanto nos ofrece. Aprender a querer nuestro bosque es aprender a querer la vida.

En agradecimiento a todos los equipos de Educación Infantil que formaron parte del Marcos en estos 25 años.
Equipo de Educación Infantil del CP Marcos del Torniello, Avilés, Asturias.

 

 

 

 

 

 

Et necessitem: associa't!

Suma't a la comunitat educativa de Rosa Sensat, aprofita els teus descomptes en formació i llibres i ajuda'ns a seguir treballant per transformar i millorar l'educació!
Fes-te'n ara!