Editorial. La escuela en América Latina: desafíos en tiempos de pandemia

Representantes del Consejo Chile (Izq-der. Eugenia Aránguiz, Eliana Corsi,
Ma. Victoria Peralta, Pamela Díaz, Alicia Lobose Irma Branttes)

Durante la pandemia los derechos de las niñeces se han visto vulnerados en varios sentidos, particularmente en su derecho a educarse en interacción presencial con sus pares y docentes en la escuela, su derecho a educarse a través del juego social y a disfrutar del bienestar que ello conlleva; todas ellas condiciones esenciales para la formación de la primera infancia.

Lo que hemos vivido, es un intento por hacer educación a través de plataformas digitales, el proceso educativo se ha transformado así en una experiencia instruccional y escolarizada en donde ha habido poca cabida para la socialización, la participación y la convivencia entre niños y niñas, aspecto fundamental para el aprendizaje entre pares, entendiendo que no hay proceso educativo sin relación humana. Todo lo anterior, se distancia de lo que entendemos por educación, concebida como un hecho social en interacción con otros/as.

La estrategia de utilizar plataformas digitales para la continuidad educativa, ha puesto de manifiesto la inequidad territorial de Latinoamérica, dado que, en algunos sectores no existe el acceso a la tecnología ni a redes comunicacionales; hemos sido testigos de las dificultades de los equipos educativos, estudiantes y familias para continuar y apoyar los procesos educativos. Todos estos actores han debido sortear obstáculos, tales como el acceso a la tecnología, el uso y comprensión de su funcionamiento y el alto costo que implica acceder a esta modalidad virtual de educación.

“No hay proceso educativo sin relación humana”

Por su parte, la presencialidad permite que las y los educadores puedan ir leyendo en los niños y niñas los códigos no lingüísticos de manera inmediata; la interacción cara a cara, el lenguaje en sucesivas interacciones verbales y no verbales, sin duda van construyendo los relatos educativos que aseguran que las experiencias presentadas puedan ser comprendidas por todos y todas, en una diversidad didáctica de recursos visuales, auditivos y kinestésicos; condición que cautela los principios de igualdad y equidad educativa.

Las medidas sanitarias adoptadas en países de Latinoamérica han afectado de manera importante a sus niñeces. En Chile a modo de ejemplo, se privilegió la salida de personas de la tercera edad e incluso el paseo de mascotas; sin embargo, niños y niñas estuvieron confinados en sus hogares, en la mayoría de los casos en espacios pequeños, que no les posibilitaron jugar, correr y moverse libremente. Esta situación pone de manifiesto que las necesidades de la niñez han sido invisibilizadas durante el desarrollo de esta crisis.

Lo anterior, ha tenido efectos en la salud mental de la población infantil, ello descrito por especialistas en psiquiatría infantil, quienes señalan que es posible observar en niños y niñas, irritabilidad, falta de deseo por realizar juegos sociales, reducción de las interacciones entre pares; lo que ha afectado su esfera social y el establecimiento de vínculos estables y saludables.

En estos tiempos de pandemia, ha quedado en evidencia la desmedrada valoración de la educación inicial respecto de los otros niveles educativos, posiblemente, por no estar sujeto a calificación ni promoción. Queda de manifiesto que aún la ciudadanía no le otorga a la educación inicial, y por ende, a los primeros años vida del ser humano, la importancia que corresponde. Según los datos de la Encuesta CASEN en pandemia 2020 (Encuesta que mide la pobreza en Chile), los índices de asistencia en educación parvularia disminuyeron en nueve puntos porcentuales. Al desglosar las cifras, los números evidencian que la tasa neta de asistencia en la educación parvularia, pasó de un 51,7% en el 2017, al 42,3% en el 2020, teniendo como referente la asistencia a experiencias educativas presenciales o virtuales.

Representantes del Consejo Chile (Izq-der. Loreto Salinas, Alicia Lobos, Ma. Victoria Peralta, Nadra Fajardín, Fernanda Mira, Eliana Corsi, Nuri Gárate, Eugenia Aránguiz, Irma Branttes y Pamela Díaz)

“La ciudadanía no le otorga a la educación inicial, y por ende, a los primeros años vida del ser humano, la importancia que corresponde”

Entre las razones que explicarían estos resultados, según el Centro de Estudios Públicos (CEP), es que “muchas familias o no tenían las conexiones a internet, o no tenían los dispositivos computacionales para que los niños pudieran conectarse, o no tenían tal vez la disponibilidad de tiempo para poder hacerse cargo de las tareas de los niños y poder asistirlos en sus clases on line”.

La educación inicial tiene como propósito transformar las sociedades, en la medida en que se deposita en ella, la responsabilidad de aportar de manera crucial en la formación de las nuevas generaciones aquellos aprendizajes fundantes del ser humano; un ejemplo de ello es que en los primeros años se aprende cómo se aprenderá en el futuro, se aprenden los valores, la ética de la actuación individual, entre otros. La educación inicial tiene también un rol social, especialmente en comunidades en que la desigualdad es evidente y en las que por tanto se requieren acciones de mitigación. La educación inicial es garante de derechos humanos, sin embargo, en la actualidad se encuentra en crisis dado la imposibilidad de concretar sus fines.

En estos tiempos inéditos, la ausencia de los niños y niñas en la escuela ha profundizado las brechas ya existentes que afectan, principalmente, a la infancia más vulnerada y que se proyecta tendrán consecuencias en su desarrollo integral, manifestándose en sus procesos de aprendizaje, permanencia escolar, salud física y mental y otras que quizás no descubrimos aún. Cada niño y niña ha vivido su experiencia educativa desde la soledad y, en muchos casos, desde una profunda desigualdad. (Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional, CASEN, Chile, 2020). En este escenario, la responsabilidad de la escuela es fundamental, para superar los rezagos y aminorar el temor que produce la amenaza de la pandemia.

Paulatinamente, las escuelas han comenzado a abrir sus puertas, y la tendencia es a habitarlas casi exactamente como se hacía antes, sin hacernos cargo de lo vivido: una brutal crisis sanitaria, social, económica y humanitaria en donde muchas de nuestras certidumbres han quedado al menos en entredicho y en su lugar se ha instalado la inseguridad, la desesperanza, el miedo y la desazón; porque todo ha cambiado.

En estos momentos es central hacerse la pregunta sobre la escuela que necesitamos, ¿cómo enfrentará su misión de educar bajo estas nuevas circunstancias?, ¿de qué forma los equipos resignificarán la experiencia vivida?, ¿cómo se producirá el reencuentro?, ¿cómo enfrentaremos nuestros propios miedos y temores para retomar la misión educativa?, por mencionar algunas.

“En estos momentos es central hacerse la pregunta sobre la escuela que necesitamos”

Asumiendo que las medidas sanitarias, como aforos y distanciamiento físico tensionan la esencia de la educación inicial que está caracterizada por la cercanía, los vínculos y las interacciones humanas, se hace imprescindible que cada comunidad con sus particularidades y sus distintos contextos geográficos entre otros, decida cómo habitarán su espacio educativo, cómo construirán su nuevo presente y proyección de futuro, qué priorizar, cómo privilegiar el derecho de los niños y niñas al juego, qué estrategias utilizar para lograr un reencuentro entre el equipo de docentes y toda la comunidad educativa, reconociendo que todos y todas fueron afectados/as por la crisis sanitaria, qué cambios son necesarios en el proceso de gestión, cómo generar confianza y mantener espacios de reflexión para continuar el proceso de elaboración de esta experiencia, cumpliendo con los protocolos, sin distanciarse de su misión de educar.

Representantes del Consejo Chile (Izq-der. Alicia Lobos, Pamela Díaz, Ma. Victoria Peralta, Eugenia Aránguiz y Eliana Corsi)

Las comunidades educativas tienen ante sí, un escenario complejo y desafiante, donde la reflexión conjunta, parece ser el camino y donde hacerse preguntas, adquiere una importancia trascendente, por las decisiones que seguirán a ellas. Este renovado encuentro, debiera invitar a las comunidades a ser más flexibles, abiertas, observadoras, creativas, innovadoras y atentas a las necesidades de los niños y niñas, en definitiva, las escuelas debieran constituirse en ese espacio donde “realmente escuchen” a sus variadas niñeces, con sus dolores, esperanzas y experiencias particulares de vida.

Consejo de redacción de Chile

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