Experiencias. Un diálogo entre familias y escuela. Una mirada compartida

Meritxell Sabater

El equipo de la Escuela Infantil Cavall Fort de S. Cugat, Barcelona, destaca aspectos claves organizativos com el uso del tiempo y el espacio. Sigue sumando con aspectos como la Documentación.

El valor del trayecto en el proyecto.

Las familias sois lo más importante que tienen vuestros hijos e hijas, sois los primeros educadores. Por esta razón, desde la escuela queremos facilitaros vuestra presencia y compartir vuestra experiencia con la confianza de que os sintáis acogidas, escuchadas, reconocidas y apreciadas.

 

(Fragmento de la documentación de la escuela).

Las escuelas son lugares de cuidado, de acompañamiento, de crecimiento personal, de convivencia, de aprendizaje. Són lugares llenos de vida y de gran contenido emocional. Son lugares donde la gestión del tiempo es determinante.

Tiempo para estar, para ser, para compartir, para emocionarnos, para ayudarnos, para aprender. El tiempo debería ser nuestro aliado en la escuela. Con él y no contra él.

Vivimos en una sociedad donde la inmediatez y las prisas condicionan nuestro día a día. Los inicios son importantes y las mañanas aceleradas, y prestar atención a cómo nos sentimos, a cómo nos acompañamos, a cómo nos cuidamos, debería ser el inicio de todos los días.

La escuela infantil es un entorno educativo que construimos en equipo y que debemos cuidar y mantener. El cómo lo hacemos es nuestro aprendizaje contínuo y nuestro pilar de reflexión. ¿Cómo acompañamos a los niños? ¿Cómo acompañamos a las familias? ¿Cómo nos acompañamos como equipo? ¿Cómo construimos vínculos?

Construir escuela desde una mirada colaborativa y de respeto con las familias es imprescindible, y también lo es construir escuela desde la reflexión, desde la cooperación y desde el conocimiento pedagógico de todos los que formamos el equipo de la escuela. ¿Nos escuchamos lo suficiente?

Acogemos y cuidamos personas, personas de 0 a 3 años que necesitan de un adulto competente, sensible, disponible,

que escuche con todos sus sentidos, capaz de comunicarse con respeto y de dar y transmitir valores.

Acogemos las emociones de cada niño/a y las de sus familias. Y cuando lo hacemos debemos tener en cuenta que no todas están viviendo un mismo momento vital. ¿Somos capaces de comprender, aceptar y actuar con profesionalidad? ¿Cómo actuamos?

En la escuela tenemos claro que ofrecer un tiempo y un espacio para estar presente y para poder observar y compartir, es necesario.

Todos necesitamos formar parte de un lugar de una comunidad para sentirnos seguros, necesitamos entablar confianza y encontrar nuestro sitio, tanto físico como emocional. Entonces ¿por qué no diseñar espacios que acojan?

Un espacio acogedor y familiar es lo que define nuestra escuela. Un lugar donde al entrar hace sentir a gusto y con ganas de quedarse, a aquella persona que entra. Y es que no podemos concebir un espacio educativo sin tener en cuenta una estética de bienestar.

Un espacio acogedor y amable ligado a un saber ser y estar de cada uno de los que formamos parte de la comunidad educativa. Y es que educamos con nuestra mirada, con nuestra entonación, con nuestros movimientos, con nuestras palabras, con nuestros gestos. Continuamente transmitimos mensajes con todo nuestro cuerpo y muchas veces de manera inconsciente.

La escuela la formamos familias y equipo, docente y no docente, y sin uno de estos dos colectivos, no se hace escuela. Nos necesitamos porque queremos lo mismo, el bienestar de los niños y niñas que viven durante gran parte del día, en el aquí y en el ahora, en el presente, en la escuela.

 

Todos vemos, sentimos, necesitamos y pedimos. Y para ello es importante escucharnos y partir de la realidad que tenemos. Para conseguirlo es básico el trabajo en equipo. Este es una fuente de motivación y su diversidad es lo que lo hace valioso. Los maestros somos creadores de contextos de aprendizaje para los niños y niñas, y para nosotros mismos.

Si nos lo creemos, creamos un ecosistema educativo donde todas las personas que vivimos en la escuela nos retroalimentamos de saber estar, de conocimiento y de experiencias que seguro nos enriquecen.

Una escuela donde las familias participan, con tiempo y espacios, con aportaciones, con escucha, con colaboración, con sensibilidad.

Una escuela donde tenemos claro que tratamos con personas, con unas necesidades concretas y que estas van cambiando con el tiempo. El equipo lo formamos personas que trabajamos y compartimos, tiempo y espacio, con toda la comunidad.

 

¡Qué tengáis un buen día!
Un espacio y unas palabras amables.

La escuela empieza a llenarse de vida. Niños y niñas, madres, padres, abuelos, abuelas, tíos, amigos, cuidadoras…

Cada uno al ritmo que necesita y/o puede. El espacio invita a adaptarse y a vincularse.

Suena una música y una frase escrita en la pizarra de la entrada saluda a quien entra.


Un lugar donde dejar los zapatos y poder andar descalzo, unos colgadores donde dejar los abrigos y los bolsos, un sofá que invita a sentarse y a compartir. Una cafetera que invita a tomar un café. Se ofrece tiempo y espacio para estar.

Una entrada relajada, sin prisa, entre las 8 y las 10h aproximadamente. Cada uno va encontrando su lugar y el juego va desarrollándose de manera libre y autónoma.

Los adultos observamos, escuchamos, nos acercamos y nos alejamos, intervenimos sin interferir, estamos disponibles por si nos necesitan, y con nuestra actitud intentamos crear un clima de bienestar y de respeto, sabiendo que el clima seguramente puede cambiar en algún momento. Acogemos emociones e intentamos sostenerlas como sabemos y podemos.

Todos educamos, todos los espacios educan. Los niños y niñas no entienden de roles. El entorno influye en ellos. Nuestro compromiso y responsabilidad es enorme.

Provocar momentos de encuentro entre equipo y familias ayuda a fortalecer los vínculos y a reforzar la complicidad y la confianza. Reuniones colectivas, situaciones de festejo, encuentros improvisados y otros más planificados. Dinámicas, aportaciones, creaciones, vivencias compartidas.

Las familias acompañan y recogen a sus hijos e hijas en su estancia donde pueden quedarse el tiempo que necesitan, pueden o quieren. Estos momentos compartidos en la escuela son momentos especialmente felices para los niños y niñas. Es un tiempo donde la relación y la convivencia van fortaleciendo la confianza mutua y hacen posible la vinculación del niño y su familia con la escuela.

Es un tiempo que invita al diálogo y a la cordialidad donde todos tenemos la posibilidad de implicarnos y expresarnos libremente y con respeto.

De esta manera los niños pueden gozar de relaciones estables que les aporta la seguridad necesaria para crecer como personas competentes e interactuar con su entorno.

Lo hacemos visible
La cotidianidad se transmite en cada rincón de la escuela. Una escuela con vida, una vida con momentos más planificados y otros más inesperados, más imprevisibles. De eso se trata. De dar valor a este fluir del día a día poniendo como protagonista al niño, a su juego, a su espontaneidad, a su curiosidad, a su creatividad, a sus necesidades como persona. Una persona que necesita de esta relación cooperativa entre su familia y la escuela.

Así lo vivimos nosotros, el equipo, así intentamos que lo vivan las familias. Lo explicamos y lo documentamos.

Los espacios hablan de lo que se vive en la escuela. Las paredes transmiten también mensajes y el equipo es el responsable y protagonista de su organización. ¿Por qué queremos hacer visible la vida en la escuela? ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué recursos tenemos?
Incluir la familia en la documentación de escuela es una manera de hacerla partícipe y se le da el valor que tiene, una pieza indispensable, necesaria para la escuela y para que esta funcione como un lugar amable, un lugar donde niños, niñas y adultos conviven, se relacionan, comparten momentos y emociones, un lugar donde nos cuidamos y donde crecemos juntos.

Un proyecto de escuela es un trayecto. Si nos lo creemos, creamos. Un proyecto donde el niño es el protagonista y donde también lo es el adulto. Nosotros somos también protagonistas y a la vez somos responsables de este doble protagonismo.

Referencias
Philippe Meirieu. El maestro y los derechos del niño.
Colección Temas de Infancia Nº 12. 2004

Judit Falk. Lóczy, educación infantil. Colección
Temas de Infancia Nº23. 2008

Red Territorials de Educación Infantil de Catalunya.
Documentar en la escuela.
Colección Temas de Infancia Nº 28. 2011

Red Territorial de Educación Infantil de Catalunya.
Documentar, una mirada nueva.
Colección Temas de Infancia Nº 29. 2012

Penny Ritscher. La escuela slow.
Colección Temas de Infancia Nº 38 2017

Anna Lia Galardini. Participación.
Colección Temas de Infancia Nº 39 2017

Meritxell Sabater 
EBM Cavall Fort

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