El gran descubrimiento lo tenía delante y no lo veía; tuve que parar, observar, estar atenta a lo único importante en nuestro trabajo como educadoras: me refiero a los niños y las niñas. Poner ganas, ilusión, alegría y tener la capacidad para poder crecerme en las dificultades, poder entusiasmarme y maravillarme con las acciones y descubrimientos de las criaturas como si fuera la primera vez…, porque para ellas es verdaderamente su primera vez -la primera vez que se esconden, que descubren-, y fui yo quien necesité tiempo para mejorar mi capacidad de escucha, de respeto y confianza.


