Entrevista. Irene Balaguer (I). El amanecer de Infancia

Mercedes Blasi

Irene Balaguer estuvo en el grupo que impulsó esta revista. Durante muchos años fue su directora (cargo que compartía con Francesca Majó). Son innumerables las iniciativas que impulsó a favor de una educación de calidad para los más pequeños. Resultaba incansable en su afán por extender redes, más allá del país, por Europa, por el mundo. Falleció el pasado diciembre, pero queda su obra, que mantendremos viva, y también la memoria de su palabra en la que debe ser una de las últimas entrevistas que se le hicieron y que vamos a publicar en tres entregas.

Infancia: ¿Cómo surge Infancia?
Irene Balaguer: La revista Infància catalana aparece en un momento de cambio de la sociedad. Infància empieza a gestarse en el curso 1979-1980, y aparece en 1981, un momento democrático, en un ambiente estimulante. Esta realidad positiva afecta a Rosa Sensat, que se transforma. De ser una sociedad anónima clandestina que intentaba pasar desapercibida durante el franquismo, se convierte en una asociación de maestros. Esto tan simple genera una crisis interna: hay un gran debate y una división dentro de Rosa Sensat y, afortunadamente, al final prospera la idea de crear una asociación de maestros. Los que pierden la votación dicen: «Esto que os habéis inventado va a durar dos días», y esta visión negativa sirve de estímulo para que hagamos muchas más cosas de las que habitualmente hacíamos.

Se plantea la posibilidad de crear una revista de educación infantil. Ya la llamamos «educación infantil» porque en los últimos años de la dictadura en el inicio se habían hecho unos congresos que permitieron encontrarnos a gentes de todas las comunidades autónomas, romper con la idea de «guardería» y crear una institución educativa para los más pequeños y darle un nombre: este nombre fue «educación infantil».

En el ambiente general de la educación infantil había optimismo, interés en hacer cosas nuevas e interesantes. Se producen las primeras elecciones democráticas en los ayuntamientos y, prácticamente para todos los gobiernos municipales, no solo de Cataluña sino de todo el Estado, el compromiso más grande es crear escuelas infantiles. Este caldo de cultivo da ánimos para crear una revista que recoja este momento magnífico de hacer realidad la educación infantil a través del compromiso de los ayuntamientos y difundir las nuevas ideas y experimentaciones que se están realizando, en el ámbito pedagógico y en el político. Es un momento magnifico.

Los que, dentro de Rosa Sensat, estaban en contra de convertirnos en asociación encontraban grandes dificultades. Teníamos la revista de Rosa Sensat, Perspectiva Escolar, que de vez en cuando sacaba un artículo de educación infantil y daba a conocer algunas experiencias, pero a la gente de infantil nos parecía insuficiente, así que después de muchos debates se acordó tirar adelante con esta nueva actividad de la asociación, la revista Infancia. Nació en el mes de julio, que es un mes emblemático para Rosa Sensat porque coincide con la escuela de verano. En el número uno se buscaron aquellas experiencias y personas relevantes para que el proyecto triunfara, y creo que afortunadamente acertamos. Acertamos gentes que no sabíamos hacer una revista, y esto tenía sus inconvenientes y sus ventajas. Es decir, no sabíamos cómo hacer una revista y, por tanto, teníamos que compartir cómo hacerla. Esto era tanto una necesidad de la propia revista como una manera intrínseca de trabajar en Rosa Sensat: el equipo. Un equipo pequeño, que sistemáticamente cada semana se encontraba en Rosa Sensat: dos personas de 0-3 y dos de 3-6. Y un equipo grande en el que estaban representadas maestras y educadoras de educación infantil que, como la revista tenía una visión amplia de la infancia y de la educación, también participaban pediatras y familias.

Hemos de situarnos en aquella época, porque es necesario recordar que, al final de la década de los años setenta y principios de los ochenta, los niños y las niñas, en la escuela pública y en la concertada y la privada, se escolarizaban a partir de los seis años. Por lo tanto, hacer un planteamiento de 0-6 era revolucionario, pues pretendía dar identidad a este 0-6, que ya la escuela primaria había empezado a absorber, en un preescolar herencia de la Ley de Villar Palasí. Deseábamos que la planificación de la educación infantil no se hiciera como se había hecho hasta el momento.

Obviamente, no entendieron nada, porque la mayoría de los que gobernaban en los ministerios eran hombres y solo entendían de números, y fueron incapaces de entender la importancia de la cohesión y de la educación en su globalidad y siguieron uno a uno escolarizando a los niños… Una tragedia.
Aquel primer primer periodo, de diez años, fue magnífico. Había entusiasmo en este proceso de creación de escuelas, de aprender de los maestros. La sed de aprender hacía que se leyera mucho, se hicieran muchas formaciones, se discutió más, hasta altas horas de la madrugada. La mayoría éramos mujeres jóvenes… Y se elaboró un contenido importante sobre lo que era la educación en estas primeras edades.
En estos primeros años empezamos a conocer compañeras y compañeros del resto del Estado que organizan congresos de una manera regular, cada dos o tres años, y presionan para que se haga una revista como la revista Infància catalana, pero en castellano y para todo el Estado. Esto también suscita debates, porque en Rosa Sensat no todo el mundo tiene claro que, a la asociación, le corresponda hacer una revista en castellano. Esto genera un debate más lingüístico que de otro tipo. La discusión dura unos cinco años.

Con la revista Infancia he aprendido que los procesos son lentos. Pero llega un momento en el que va a aparecer, después de un debate de siete u ocho años, la logse, la primera ley que contempla la educación de 0 a 18 años, y es otro momento álgido sociopolíticamente. Por lo tanto, aunque aquello había sido discutido y rechazado diversas veces, finalmente en el Congreso de Educación Infantil en Murcia se acuerda intentar crear la Infancia en castellano. La revista nace en mayo de 1990 en Granada, al pie de la Alhambra, en una tarde maravillosa, con unos colores naranjas y ocres inolvidables.

I.:
¿Cómo se gestiona esa creación?
Irene: Podría haber sido muy fácil, podríamos haber hecho lo siguiente: tenemos una revista en catalán, la traducimos y ya tenemos dos revistas. Pero no, este no es nuestro estilo, esta no es nuestra manera de trabajar, porque sabemos que la realidad del Estado es diversa en organización, en pedagogías, en oferta, culturalmente… No se puede traducir del catalán al castellano y que sea útil. Por tanto, articulamos la revista con una dirección bicéfala, con una persona que representa al conjunto de comunidades autónomas de habla no catalana, y otra que representa a Rosa Sensat, quien tendrá el compromiso de impulsar, crear y coordinar el trabajo de hacer una revista, que con estos años ya habíamos aprendido a hacerla.

Pero seguíamos encontrándonos cada semana para discutir, porque cuando nos encontrábamos la tarde de los miércoles hablábamos de todo, y nos poníamos al corriente de todo. Éramos un núcleo de cuatro personas que estábamos permanentemente con las antenas puestas en lo que sucedía en educación infantil. Esto era de una riqueza extraordinaria, al igual que era una riqueza extraordinaria tener un consejo de redacción amplio, con representación muy diversa y tocando la realidad siempre.
Pues en el Estado ocurrió lo mismo.

I.: ¿Qué ventaja teníamos en el Estado?
Irene: Ya se había realizado por parte del Ministerio de Educación, en todo lo que era territorio mec y en alguna autonomía que no era territorio mec, el plan experimental de educación infantil. Esto comportó que, en cada comunidad autónoma, había un núcleo de personas que habían estado trabajando intensamente en el plan experimental del Ministerio, que se habían conocido, compartido proyectos de formación, ideas sobre educación infantil… y sobre esta base de maestros de infantil que habían estado en el plan experimental de educación infantil (los «fofos», los llamaban, porque eran los que formaban a los formadores) nos pusimos en contacto con estas personas para que pudieran constituir el consejo de redacción de su zona. Una persona de cada comunidad tenía toda la libertad para constituir el consejo de su comunidad autónoma. Entre ellos se encontraban para proponer temas, portadas, proponer artículos, revisar artículos y decidir si eran aprobados o no. En cada comunidad autónoma, con más o menos facilidad, se articulaba un grupo de educación infantil que de manera sistemática se encontraba cada mes y medio, para hacer Infancia. Entre las comunidades autónomas había, al principio, dos reuniones al año para coordinación general.

Al principio todo era muy costoso, en tiempo y en dinero. Trabajábamos con meses vista para poder hacer un proceso participativo. ¡Cuando pienso los paquetes de artículos que mandábamos por correo o mensajero… Un milagro, que saliera la revista! Ahora todo va rápido y fantástico.

I.:
¿Cuál es el papel de los consejos en la revista?
Irene: Cuando empezamos a trabajar la revista catalana se estableció cómo hacer rotar la gente del consejo. Porque la gente cambia su vida, cambia de sitio, tiene necesidades familiares, necesita hacer paréntesis, y los consejos, de manera natural, se van renovando. Ahora el problema que tenemos es que los que empezamos, ya no digamos la Infancia catalana, sino también la castellana, nos hemos hecho mayores, y por tanto nos planteamos como objetivo que al menos un tercio del consejo lo ocupe gente más joven que nuestros hijos. Esto se ha cumplido, en algunas comunidades en mayor o menor grado.

En la revista castellana hay una participación de unas ochenta personas que constituyen los consejos de redacción en el Estado. En la catalana son unas treinta y cinco o cuarenta personas que programan las líneas de trabajo, de las que nacen las revistas.

Los consejos de las revistas son libres en su actuación, pero de un rigor y una ética estrictos para todos.

Mercedes Blasi

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